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Enfermedades

Asocian la falta de sueño en la adolescencia con un mayor riesgo de esclerosis múltiple

Un estudio del Instituto Karolinska de Suecia cifra el aumento de la probabilidad relativa de la aparición de la enfermedad en un 40 por ciento si se duermen menos de 7 horas

Asocian la falta de sueño en la adolescencia con un mayor riesgo de esclerosis múltiple.

Un estudio realizado por científicos del prestigioso Instituto Karolinska de Suecia –la institución que designa los premios Nobel de Medicina– ha hallado una asociación entre la falta de horas de sueño o el sueño de mala calidad durante la adolescencia y un mayor riesgo de desarrollar esclerosis múltiple con posterioridad. El trabajo concluye que el sueño insuficiente de menos de siete horas y de mala calidad durante la adolescencia incrementa el riesgo de aparición de esta enfermedad incapacitante y progresiva, que afecta a unas 50.000 personas en España (según datos de la Sociedad Gallega de Neurología) y se presenta principalmente en mujeres y a edades jóvenes.

El trabajo, cuyo primer autor es Torbjörn Åkerstedt, profesor titular del departamento de Neurociencia Clínica del Instituto Karolinska de Estocolmo, ha sido publicado en la revista 'Journal of Neurology, Neurosurgery and Psychiatry', del grupo 'British Medical Journal' (BMJ).

Aunque se da por sentado su carácter autoinmune, no se conoce el desencadenante concreto de la esclerosis múltiple (EM). Se han barajado varios factores de riesgo, como la infección por el virus de Epstein-Barr (causante de la mononucleosis infecciosa), la falta de vitamina D, la obesidad en edades jóvenes y la mala dieta, aunque ninguno de ellos determina por sí solo la aparición de la enfermedad.

“El grupo del Instituto Karolinska lleva años trabajando en la epidemiología de la esclerosis múltiple y hacen estudios muy rigurosos, como es este caso”, señala Pablo Villoslada, neurólogo líder del grupo de Neuroinmunología del IDIBAPS – Hospital Clínic (Barcelona) y profesor adjunto en la Universidad de Stanford (EEUU). En declaraciones a SMC, matiza que con la adolescencia “cambia el patrón de sueño y que la mayoría de adolescentes están faltos de sueño, pero esto no tiene por qué aumentar el riesgo de la esclerosis múltiple”. Es más, dormir menos de 7 horas podría ser un efecto y no la causa: “Podría ser la consecuencia de estar ya incubando la enfermedad –apunta Villoslada–, lo que en medicina se llama el pródromo de la enfermedad”.

Respecto al mecanismo, “podría deberse a una peor regulación de la respuesta inmunitaria debido al estrés crónico de la falta de sueño”, señala Villoslada, que recuerda que “sueño y respuesta inmunitaria están muy relacionadas entre sí”.

Para este neurólogo, el estudio “está bien controlado para los factores de confusión como edad, sexo, etnicidad, tabaco, antecedente de mononucleosis infecciosa y exposición solar (que determina los niveles de vitamina D, muy bajos en Suecia y que son un factor de riesgo para la esclerosis múltiple). En un segundo análisis ajustaron por obesidad, un factor de riesgo para dormir mal”, detalla.

Sin embargo, este neuroinmunólogo matiza que la recogida de datos del estudio se basó en cuestionarios, “y estos siempre están sujetos a sesgos de recuerdo y de percepción”. Es una limitación que también señala Luis Querol, neurólogo especialista en enfermedades neurológicas autoinmunes y neuromusculares en el Hospital Sant Pau de Barcelona: “Se trata de un estudio de casos y controles que, si bien está metodológicamente bien planteado, implica un diseño vulnerable a diferentes sesgos, como el de selección. Aun siendo un estudio de base poblacional, no se recoge cuál es el porcentaje de pacientes con esclerosis múltiple de todo el país que decidieron participar y responder a los cuestionarios que recogían la información de forma retrospectiva. Por otro lado, el hecho de que la información respecto a la calidad del sueño de hace años fuera recogida retrospectivamente está sujeta a sesgo”, señala a SMC.

En cualquier caso, señala Querol, el estudio “detecta una magnitud del efecto del factor de riesgo relativamente menor si se considera la magnitud del efecto de otros factores, como por ejemplo la infección por el virus de Epstein-Barr”.

Hace ahora un año, un macroestudio estadounidense publicado en 'Science', y que tuvo eco mundial, apuntó al virus de Epstein-Barr, el que provoca la mononucleosis infecciosa –llamada coloquialmente la 'enfermedad del beso'–, como causante principal de la esclerosis múltiple. Especialistas en EM como el neurólogo gallego José María Prieto señalaron entonces que este virus, que ha pasado más del 90% de la población, es un factor “necesario pero no suficiente” para desencadenar la enfermedad. “Hay factores medioambientales que seguro que tienen que ver, probablemente una combinación de virus que, junto a un factor genético, generan una respuesta inmunitaria anómala contra la vaina de mielina de las neuronas”, explicó entonces a Faro de Vigo, del grupo Prensa Ibérica.

Celia Oreja-Guevara, jefa de Neurología y coordinadora de la Unidad de Esclerosis Múltiple en el Hospital Clínico San Carlos, recuerda que el trabajo por turnos sí influye en la enfermedad, y que “en otros estudios de enfermedades neurológicas como el deterioro cognitivo sí se ha visto una relación entre la escasez de horas de sueño y la mala calidad del sueño y el riesgo de enfermedades neurodegenerativas”, declara a SMC.

Para esta científica, es un estudio “muy bien hecho” que “hay que replicar en otras poblaciones” y que “aporta un nuevo e importante factor de riesgo”, porque es “prevenible y evitable”. “Se podría educar a los adolescentes a dormir por lo menos siete horas y no reducir las horas de sueño por el uso de las redes sociales, entre otras cuestiones”, propone.

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