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Dependencia

Roban la silla de ruedas adaptada de una menor en Gijón: "Es un acto horrible"

“La gente que no tiene una enfermedad no entiende lo que supone esa silla", clama la madre de la afectada

La menor, en la silla de ruedas.

Acababa de enterrar a su primo, que falleció de cáncer, pero todavía le faltaba sufrir otro duro revés. La silla de ruedas adaptada que utiliza su hija, de 17 años, la habían robado del bajo comercial de Gijón, en la que solían dejarla todas las noches. “Estoy en shock, porque enterré a mi primo el viernes y aún no he tenido tiempo de llorarle, porque el sábado por la mañana vimos que la silla ya no estaba, y es fundamental para mi hija. Es un acto horrible”, lamentaba Santa de las Heras, madre de la joven, que regenta el establecimiento hostelero La Santina de Ceares. “La gente que no tiene una enfermedad no entiende lo que supone esa silla, la necesidad que supone para mi hija que la usa y para toda su familia”, añade, consternada.

Los hechos, que ya están denunciados ante la Policía Nacional, ocurrieron en la madrugada del viernes al sábado. Ese día, Santa de las Heras, de 44 años, estuvo en el funeral de su primo, Francisco Álvarez, el vecino de La Camocha que había movilizado este año a toda la ciudad en una campaña de recaudación de fondos para tratar su cáncer. El bar que De las Heras regenta se había quedado al cargo de su hija mayor, que también estaba pendiente de Yaiza Azevedo, la dueña de la silla adaptada. Al volver para casa la dejaron donde siempre, un bajo comercial que les ceden, pero al ir el sábado por la mañana a por ella había desaparecido. “Ahora tiene que ir con una silla normal, que teníamos de cuando era pequeña, pero hay que ir empujándola. Era la que utilizábamos para bajarla en ascensor desde casa, porque es pequeño, y hacíamos el cambio en el bajo”, expone Santa de las Heras.

El problema está que Yaiza Azevedo había comenzado ya a ir sola por la calle gracias a esa silla adaptada, de 5.616 euros. “Es una niña que está hecha a su entorno y que le da miedo casi todo, pero había empezado a ir sola a la parada del autobús que venía a recogerla para ir al colegio, pero ahora ya no puede hacer nada sola porque tenemos que empujar la silla alguien de nosotros”, expone.

La hostelera gijonesa tiene claro que no se detendrá a pesar de este nuevo revés. “Soy una mujer trabajadora y a mi hija no le ha faltado nada que yo haya podido conseguir con mis manos. Pero claro, una silla así de un día para otro no lo puedo conseguir. Solo espero que quien la haya robado la utilice con dignidad”, resuelve Santa de las Heras.

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