Luis de la Fuente es de esos toreros a quienes les pilla el toro antes de salir al ruedo, esos que van con la cuadrilla a comprobar el morlaco que les ha tocado en suerte, y en un descuido reciben una cornada. No ha empezado todavía a entrenar a la selección, no ha dado ni siquiera a conocer la primera convocatoria, y ya le están atizando por declarar que le gustan los toros. Decir eso actualmente es casi tan peligroso como no convocar más que a dos jugadores del Real Madrid. Tanta es su afición que, en caso improbable de necesitar ir al barbero, y ante la tradicional pregunta del profesional de las tijeras, «¿fútbol o toros?», De la Fuente no sabría qué responder, se quedaría sin palabras. Para evitar encontrarse en tal tesitura, prefiere lucir calva, mejor quedarse sin pelo que sin palabras.

Sostenía Julio Camba que una corrida de toros, moralmente considerada, viene a ser exactamente lo mismo que una fiesta de caridad. La caridad consiste en repartir, y de eso sabe mucho De la Fuente, por algo era defensa en el Athletic Club que entrenaba Clemente. Eso imprime carácter. Además, alguien que corría la banda del viejo San Mamés está totalmente inmunizado contra las críticas, ahivalahostia. Por si fuera poco bagaje ser defensa del Athletic, a De La Fuente le ha dado por hacer pesas, en la vejez a unos les ataca la viruela y a otros el amor por las halteras. No hay más que comparar el diámetro actual de sus bíceps, con los de su época de jugador, para entender que se toma en serio su afición.

Si le han caído de todos lados solo por decir que le gustan los toros, el día que vaya a una corrida le van a querer quemar en plaza pública. Alguien que se apellida De la Fuente no puede decir jamás que de esta agua no beberá, pero mejor haría de no dejarse ver por plaza alguna hasta que se calmen las aguas. Incluso Finetwork, uno de los patrocinadores de la selección, hizo público un comunicado desvinculándose de las palabras del entrenador, así están las cosas. No habría causado tanto revuelo De la Fuente si hubiera dicho que premiará a los jugadores de la selección con un autobús llenos de prostitutas, como prometió Berlusconi a los futbolistas del Monza. Hay cosas imperdonables para un entrenador de fútbol, Guardiola todavía le echan en cara que leyera poesía, imagino que el colmo ha de ser llevarse a una corrida un libro de poesía para leerlo entre toro y toro.

La relación entre fútbol y toros no es nueva, muchos son los diestros que han sido amigos de futbolistas, aunque éstos fueran zurdos. Incluso hubo uno, Ignacio Sánchez Mejías, que fue presidente del Betis, al cual Federico García Lorca dedicó un inolvidable poema, con lo que aglutinó en su persona lo peor de lo peor. Se desconoce si De la Fuente es aficionado a la poesía, eso terminaría de hundirle y desertarían en masa los patrocinadores de la selección, que una cosa es que le gusten a uno los toros y otra que tenga aberraciones ocultas.

No ha salido precisamente a hombros y por la puerta grande su antecesor en el cargo, Luis Enrique, al cual le estaban esperando con el estoque bien afilado un montón de periodistas, daba igual el papel que hiciera la selección en Catar. Que tome nota de ello De la Fuente, que en este país si caes mal no hay triunfo que haga de cambiar de opinión a tus detractores, y tenga por seguro que, si le ven caído junto a las tablas, saldrán decenas de voluntarios para el descabello, no importa que de cabello ande escaso. Lo de declararse aficionado a los toros es empezar con mal pie, eso es como lanzar al aire la montera antes de entrar en faena, y que caiga boca arriba. Hará bien, de ahora en adelante, de guardarse para sí todas las demás aficiones que tenga, por inocuas que las crea, no se jacte ni siquiera de comerse un buen chuletón vasco, si no quiere que los veganos vayan a por él. Un seleccionador no debe tener ninguna otra afición que el fútbol, y mucho menos aficiones intelectuales, que son las peor vistas.

Dicen de él que es un tipo simpático y educado, como si esas cosas contaran para algo en el proceloso mundo del balón, no hay más que recordar al narigón Bilardo, campeón del mundo con Argentina. De hecho, ni siquiera sirven de nada en el de los toros, no se sabe de torero alguno que se haya salvado de una cornada gracias a su exquisita educación, los toros son muy suyos y esos detalles no les importan en demasía.

Además de su amor a la tauromaquia, se le critica a De la Fuente su poca experiencia como entrenador. Cierto es que ha entrenado a las selecciones españolas Olímpica y Sub21, pero una cosa es pegarle de vez en cuando cuatro pases a un novillo en alguna capea, y la otra vértelas con toros hechos y derechos.