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Pilar Rahola

Pilar Rahola

Escritora y periodista

Diada 2022: golpe sobre la mesa

Los republicanos han hecho la prueba de la calle y han perdido por goleada, con el presidente de la Generalitat desmentido por la misma ciudadanía que lo llevó al cargo

Ilustración: Diada 2022: golpe sobre la mesa

Nunca entenderé por qué la Guardia Urbana se empeña en dar cifras irreales y fácilmente rebatibles, que solo le sirven para erosionar su credibilidad como contadora de manifestantes. Cualquier observador, a simple vista, sabe que en la Diada de este año cabían varios campos del Barça, por lo que la cifra oficial dada por el cuerpo quedaba como un estereotipo a la baja, que solo servía para tranquilizar los titulares más inquietos. Ganas de ganar favores políticos, perdiendo autoridad. En cualquier caso, y sea cual sea la cifra precisa (el sistema para contar manifestaciones está inventado), hay un hecho irrebatible: la Diada ha sido un rotundo éxito que tanto ha superado los miedos de los organizadores como ha frenado la tendencia ciudadana al desencanto. Evidentemente, no estamos en las cifras imposibles de los años más calientes del procés, pero también es un hecho que nadie en España, ni en Europa, tiene, en estos momentos, la capacidad de movilización ciudadana de las entidades independentistas catalanas. Si, además, se suman los factores que jugaban en contra, desde la llamada a la desmovilización de ERC, liderada por el propio president, hasta la falta de una estrategia conjunta que deja el movimiento sin hoja de ruta, el éxito resulta inapelable. No ha sido una Diada histórica (hace tiempo que agotamos el término, de tanto abusar de él), pero sí decisiva, porque ha superado la amenaza más peligrosa: el autoboicot, es decir, el fuego amigo.

Con este éxito en el bolsillo, el independentismo se refuerza anímicamente y envía unas señales que marcarán a fuego los próximos tiempos. Es decir, a pesar de estar dividido, cansado y desconcertado, el movimiento independentista goza de una mala salud de hierro, cuyo fuerte músculo está decidido a marcar la agenda política. Y este mensaje afecta principalmente a ERC, que ve cómo su giro estratégico, que pasa por enfriar el proceso independentista, queda inutilizado. Incapaz de conseguir éxitos en los acuerdos con el Gobierno socialista, sin posibilidad de reformar a España, con la Mesa de Diálogo convertida en una caricatura y sin proyecto viable que supere la seducción de la independencia, ERC intenta reinventar una especie de pujolismo republicano que, de momento, no parece instalado en el relato colectivo. ERC ha cometido el grave error de enfrentarse a la ANC, es decir, a la ciudadanía independentista organizada, y ahora ha perdido el envite, lo que es una doble derrota: primero, porque la ciudadanía le ha recordado que el independentismo es un movimiento que va de abajo arriba, y no un partido dirigido; y segundo, porque ha dejado de liderarlo. Su reacción a la defensiva, sacando las uñas boca arriba, demuestra que aún no ha sabido leer lo que le está pasando. En cierto modo, la afonía de su líder Junqueras cuando intentaba demostrar firmeza ha sido toda una metáfora.

La onda expansiva del éxito de la Assemblea también afecta, lógicamente, al Govern de coalición, cuya fortaleza ya era muy precaria. Es cierto que una parte de Junts no quiere romper, pero también lo es que el partido necesita marcar distancia con el giro estratégico de ERC, que algunas de las familias internas quieren la salida, y que el impacto de la Diada tendrá repercusiones anímicas considerables en sus militantes y cuadros. ERC ha perdido un pulso público con la ANC, y Junts no puede quedar fuera de ese triunfo. En este sentido, no es casualidad que fuera ayer mismo cuando Turull y Borràs verbalizaran la posibilidad de la salida. Hay que tener en cuenta, además, que la amenaza de antipolítica de la Assemblea, planteando una lista cívica fuera de los partidos, preocupa de igual modo a todos los partidos independentistas, CUP incluida, y necesariamente tensa las decisiones. Después de la Diada, pues, todo está más abierto y más inestable de lo que ya era.

Tiempo queda por ver si las señales emitidas en la manifestación tienen repercusión política, pero hay una evidencia rotunda: el independentismo ha vuelto como gran factor político, tras el espejismo que representaba el giro de ERC. Los republicanos han hecho la prueba de la calle y han perdido por goleada, con el presidente de la Generalitat desmentido por la misma ciudadanía que lo ha llevado a la presidencia. Desnudo el rey, ahora tendrán que buscar nuevos trajes si quieren tapar las miserias.

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