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Diario de Mallorca

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Alex Volney

Tu familia no te olvida

Directiva a una trobada al Celler sa Premsa.

El otoño del año pasado se votó la concesión de medalla de oro, entre otras, al España Hoquei Club de Palma y decían y han ido repitiendo, por activa y por pasiva, «fundada el 1971». Fundada por Mateu Martorell y con pista en la plaza Bisbe Berenguer de Palou. Se trata de la sede en Can Vinagre y la pista construida en los cincuenta en el solar de la antigua plaza de toros que pasaría a ser nuestra popular Plaça dels patins.

Cualquiera de los condecorados el año pasado recibía un merecido reconocimiento por parte de las autoridades de la ciudad. Concretamente la medalla a Mateu Martorell de las que más y no debiera ser la única por su lucha y su trayectoria. Nadie pone en cuestión el merecido y público galardón. Ahora bien, se celebran en este curso los treinta de su peatonalización y en tono muy triunfalista pues de los nacidos en la calle Oms varían mucho las opiniones como los colores de la vieja arteria. Ha llovido a raudales y no todo los últimos días, aunque algunos lo crean así.

Se ha editado recientemente El carrer dels Oms un libro en una editorial local y a través del trabajo de un autor, Xavier Terrasa, que ha sabido recibir oralmente toda la ayuda que ha solicitado y más. Se ha hecho servir la que ha convenido y la que no ha convenido se ha obviado hasta lo tendencioso.

Se sigue repitiendo que la fundación del Hoquei fue el 1971 cuando en los cincuenta ya existía y las autoridades deberían conocer estos datos y los autores documentarse o si lo hacen, como lo han hecho a través de otras personas, no omitir los datos que les ofrecen contrastados. A finales de los cincuenta ya se rodaba en la Plaça dels patins. Lo saben, lo conocen y lo han documentado, pero es más fácil esquivar una y otra vez a los auténticos autores de ese impulso deportivo. Entre otros Joanet Riudala (de la xurreria) y Volney Vial Margarit que con otros directivos de la federación crearon algo que no existía. Una auténtica vergüenza represaliar por segunda vez y en democracia. Hay que ser muy burros para hacerlo tan rematadamente mal y más cuando te han dado los datos. Cuando es Vial poner Vidal. Cuando saben que se funda a finales de los cincuenta volver a repetir 1971. Pero nada es casual ni gratuito. Se subtitula «De tallers de manufactura a comerciants» y tiene fragmentos interesantes y sería un buen trabajo si no se omitiese a todo un sector de sastres y modistas por poner un solo ejemplo. ¿Vencía la subvención? ¿Son maneras de editar, de investigar o de tratar a la gente utilizando datos para luego de forma sectaria reinventar la historia a tu antojo? ¿Y estos son los que protegen el patrimonio de nuestra ciudad? ¿Van a seguir mucho tiempo repartiendo medallas?

Vista general de la Plaça Patins, anys 50.

El padre de mi madre cometió el delito grave de conseguir que las viudas de un sindicato, que dirigía, cobrasen cuando la enfermedad se llevase al marido. Esto tan revolucionario y peligroso fue el gran delito que falange abrió como cargo para su detención, prisión y persecución atenta toda su vida. Ese punto... y ser catalán. Hoy, muchos años después, la memoria de estas personas represaliadas es ultrajada por la reescripción más torticera de la Historia y, paradojas del destino, todo disfrazado en nuestra lengua propia que así no se nota tanto.

Sí, fueron un grupo de catalanes del Principat, algunos salidos de Can Mir, los que fundaron el Hoquei de la Plaça dels Patins. Hagan el favor de repartir las medallas que quieran pero no reescriban la historia de forma tan patética.

Algunos fragmentos de este libro, que a trazos es recomendable, han sido documentados oralmente y muchas fuentes no han sido ni citadas. Can Vinagre tiene mucha historia. Mucha. Mateu Martorell a quien aprecio sobre todo por conocer bien a mi abuelo ya desde bien niño sabe que era quien lideró, entre otros tantos, y mucho antes de ser el nuevo Bar España, a un nutrido grupo de ayuda en un muy mal momento de este emblemático bar, dando un cariñoso y altruista empujón, «una empenta», para poder seguir caminando hacia el futuro. Le pediría que, aunque sea por antigüedad, ponga un poquito de orden a esta continuada vergüenza y reparen la memoria de tantas personas que allí estuvieron. Si hoy no están alguien los va a tener que defender, es humanamente comprensible.

¿Se puede seguir manipulando la memoria de una ciudad por más tiempo?.

El señor Terrasa debería recordar además de los refugios antiaéreos, que ha utilizado como único dato de la guerra civil en su libro de la calle Oms, el trato que se dió, en el Hospital Militar, a Don Emili Darder, a quien tuvieron que poner morfina por su lamentable estado y para poder «aguantar» semejante tortura por parte de la más vergonzante de las jaurías.

Quien controla el pasado, controla el presente...

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