Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Ver, oír y gritar | Avisos a navegantes

El coro no funciona al unísono. Esa masa homogénea que en la tragedia griega responde a las preguntas del corifeo. En nuestra realidad, más en concreto en lo que concierne al asunto del coronavirus, cada coreuta dice una cosa u otra a gusto del consumidor. Pedro Sánchez promueve (no obliga) que a partir de mañana se dejen de usar las mascarillas que nos vienen acompañando en este difícil viaje desde hace más de un año.

La situación ha ido mejorando adecuadamente, lo que no impide que algunos muestren su preocupación ante el fin de la obligatoriedad (con matices) en exteriores. ¿En el cubrebocas hay que poner el punto de mira? ¿Ese es el problema ahora mismo? El virus sigue circulando, y las cifras diarias lo atestiguan. No olvidemos que el índice de vacunación no ha conseguido aún la inmunidad de grupo y que esa inmunidad no asegura que los brotes vayan a desaparecer. Y no es por aguar la fiesta a nadie.

La variante india va a ser predominante en nuestro país, según advierten voces autorizadas. La variante delta empieza a dominar en Europa, y somos el segundo país con esa variante más contagiosa del coronavirus. «Es un momento muy delicado», aseguran algunos expertos sanitarios. «Tenemos que tomárnoslo muy en serio», advierte un virólogo alemán. No lo parece a juzgar por el anuncio del Gobierno, en consonancia con la Unión Europea, y por los muchos que lo celebran efusivamente y que no han tenido plena concienciación del problema ni actúan del mejor modo posible.

De esta forma se encara un verano con los riesgos de una excesiva relajación. De modo que existe la posibilidad de que aumenten los casos como en Reino Unido, donde la desescalada se retrasa hasta el 19 de julio. ¿Un aviso a navegantes como en otras ocasiones? ¿Puede darse una quinta ola aunque con menos virulencia que las anteriores? Recuérdese que las vacunas no son un impermeable total. La Organización Mundial de la Salud alerta de un «resurgimiento devastador» de la pandemia. La reducción en los contagios no implica que se esté «fuera de peligro».

A pesar de que todo lleva su tiempo, es obvia la importancia de completar la segunda dosis en las vacunas que la necesitan. Y la responsabilidad y un cierto control de euforia para no dar pasos atrás. No es fácil porque, una vez que se abre la compuerta, la corriente es imparable por muy sencillo que sea decir la norma: en interiores, mascarilla y distancia; en exteriores, mascarilla o distancia. O el mantenimiento de una buena higiene de manos, evitar aglomeraciones y el contacto muy estrecho sin mascarilla.

Así que optimismo prudente sobre la evolución de la pandemia y atención a la gripe, que en invierno puede golpear con fuerza. Especialistas en epidemiología creen que debería mantenerse la mascarilla durante lo que resta de año, y nada de precipitaciones por otra clase de motivos, que es justo lo que está ocurriendo. ¿No es el momento de consolidar las mejoras y de mejorar más la situación en beneficio de todos? En Andalucía, por ejemplo, se disparan los contagios, y en Madrid hay transmisión comunitaria. La Junta, con buen criterio, insiste en usar mascarillas por la alta incidencia. Haciendo referencia a Europa, indica la OMS que todavía existe una transmisión «generalizada». No es catastrofismo. Son observaciones incómodas que se pretenden ignorar.

Por otro lado, la recuperación económica está en marcha con nuevas afiliaciones y trabajadores que salieron de los ERTE. Las políticas de protección de rentas han cumplido la tarea, y las vacunas cumplen su misión. El fuerte incremento de la demanda interna hace que determinados sectores, como la restauración y el ocio, se estén recuperando intensamente. Todo eso está muy bien teniendo en consideración la precariedad y la temporalidad. Un cuarto de millón de trabajadores demanda a sus empresas por impagos y por despidos en el primer año de una pandemia que (no se olvide) el mundo sigue combatiendo. ¿Algo más? Las nuevas amenazas.

La escasez de agua es una realidad. La sequía puede afectar al planeta en un futuro próximo, por lo que Naciones Unidas cree que está a punto de convertirse en la siguiente pandemia. No hay vacuna para curarla. Es necesario actuar urgentemente e impedir este problema ecológico y humano con sus desastrosos efectos globales, incluso económicos. Las altas emisiones han impulsado el cambio climático. ¿Qué se hace hoy? Lo de siempre. Tropezar en la misma piedra, no aprender e ir muy por detrás de los acontecimientos. No, no. No es cuestión de aguar la fiesta del verano. Pero sí se trata de otro aviso a navegantes.

Compartir el artículo

stats