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Cuestión de telas

El grano son las críticas a la reina por su bolsa de "llengües o llengos" falsas, chinas o lo que sea

Tenía entre 23 y 24 años cuando traduje al castellano la novela de Guillem Frontera, La ruta dels cangurs. Fue un trabajo que disfruté y que me supuso cierto reconocimiento como traductor de catalán -el poeta Blai Bonet llegó a decir, años después, que manejaba ( sic) el castellano " com els àngels" (quería que le tradujera El mar)- y, enseguida, varios encargos más. Uno de ellos fue la traducción de Les pluges de sal, una de las tres novelas que escribió Josep Melià. Nos conocíamos de amigos comunes y me llamó por teléfono desde Madrid para quedar, cuando me fuera bien, en el Bar Niágara y hablarme del asunto. Le dije que sí y a los dos días me telefoneaba Juancho Armas Marcelo -que entonces dirigía la colección de narrativa de Argos-Vergara- para cerrar las condiciones del contrato. Poco después me puse con la traducción.

Tanto con Frontera como con Melià hubo momentos en los que nos vimos y hablamos de distintas posibilidades de afrontar alguna expresión o pasaje. Yo consideraba que aunque el traductor gozara de una forma de autoría, el autor de la obra original tenía derecho a dar su opinión sobre la sintonía de tal o cual pasaje y aportar cualquier sugerencia. Debo decir que ambos fueron muy respetuosos con mi trabajo y que sólo consensuamos un asunto. Uno con Guillem Frontera y otro con Josep Melià, quiero decir. El primero se refería al plural de la palabra " aiguavés" y el segundo a la " tela de llengües o llengos". Una tarde, Melià llamó a casa desde Madrid y me dijo que había localizado el origen de ese tejido -Irak, comentó a renglón seguido- y entre ambos redactamos una nota de traductor que hace años prometí pasar a Isabel Quesada y aún no lo he hecho. Ahí va: "Tela mallorquina de posible origen oriental: tafetán de rayadillo en forma de lenguas". Yo creo que en aquel momento pensábamos en las de seda pero de esta manera -más o menos acertada- apareció en la edición de Argos-Vergara en 1983.

Viene esto a cuento porque la tela de " llengües o llengos" ha adquirido en las últimas semanas un curioso cariz crítico. Aquí en Mallorca, digo, no en Washington ni en Minsk y menos aún en Irak. La originalidad del tejido -nuestro o de imitación, sea china o sea de donde sea- se ha convertido en arma política. Y si matizamos un poco más, en recurso contra la corona. No seré yo quien cuestione el purismo en nada. Las " llengües o llengos" que hay en casa son originales porque son antiguas o viejas y si no, no habrían entrado. Alguna cosa -cortinas, tapetes, posavasos, etc.- es más moderna pero procede de Santa Maria y de Pollença, no de impresiones postizas y falsarias.

Soy de los que prefieren algo frágil -no lo digo por las telas- pero original, a cualquier imitación, aunque sea de gran fortaleza y resistencia; hablo de objetos, pero podría hacerlo de personas y actitudes. Pongo la originalidad sobre la copia, lo he hecho siempre y en estos tiempos es un no parar porque es el tiempo de las imposturas, pero, además, con los tejidos tengo cierta fijación: me gustan, sé distinguir bastantes de ellos -sobre todo los que " fan toquera"- y al fin y al cabo mi familia materna se instaló en Mallorca en el XIX y fundó comercios de telas y sastrería y alguna fábrica, o sea que de casta le viene al galgo en cuestión de gustos o aficiones de este coté.

Déjese de historias y al grano. El grano son las críticas a la reina por su bolsa de " llengües o llengos" falsas, chinas o lo que sea (las hay que se imprimen aquí, sospecho) durante su visita a Mallorca. En fin, que un detalle de complicidad se ha querido interpretar como una falta de respeto real hacia el tejido original made in Majorca. Es extraordinario: puro voluntarismo a costa de cualquier minucia. Cuando Ratzinger -otro ejemplo- se vestía papalmente comme il faut, se le criticaban las formalidades pre-Vaticano II y el dispendio que eso debía suponer. Si la reina no se compra la bolsa donde toca y como se decide que toca, pues también. Y en cambio el martes pasado pudimos ver en La Vanguardia una fotografía de la ministra de Igualdad con mascarilla de " llengües o llengos" color lila, ya saben, y también de impresión, o sea falsa, y aún es la hora de que monten un pequeño reportaje sobre el caso. Uno de los más importantes casos que tenemos estos días, qué digo, días, época, qué digo época, siglo: descubrir si la reina y la ministra han comprado sus adminículos en un puesto de manteros, o en un comercio chinois. Porque lo que es en casa, lo que se dice en casa, no los han comprado. ¡Habráse visto desfachatez!

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