13 de junio de 2010
13.06.2010

Los senderos públicos: entre la codicia y la desidia

13.06.2010 | 08:30
Los senderos públicos: entre la codicia y la desidia
Nadie puede estar en todo, y las orejas del lobo suelen antojarse de conejillo inofensivo hasta que las ves de cerca. Es lo que me ha ocurrido respecto a un camino público hoy cerrado a cal y canto por mero interés privado. Rendimiento agropecuario, me cuentan. Desde ahí, he entrado en harina, interrogado a unos cuantos vecinos y la sorpresa se ha trocado en indignación.
Se trata del camino de Can Mallol, en Establiments. Parte de la carretera, frente al de la Font des Vidre y a unos 50 metros antes de llegar a la Plaza des Muntant, última parada del autobús. Un camino por el que corría habitualmente desde hace más de veinte años y en el que solía cruzarme con algún que otro paseante. Ninguno de nosotros pretendía seguramente llegar a la UIB o a las inmediaciones de Esporles aunque sea posible hacerlo. Sin embargo, poco importa el destino final frente al hecho consumado. Medio recuperado de una lesión en el menisco, el otro día volví y pude comprobar que la verja, a unos quinientos metros del inicio y antaño franqueable, ha sido sustituida por otra, en un muro también de nuevo cuño, que sólo puede abrirse mediante clave electrónica a teclear en un panel aledaño.
Si mi información es correcta, el propietario de la finca y responsable de la palmaria arbitrariedad es un ciudadano suizo que, tal vez conocedor de la permisividad –cuando no complicidad por omisión– con que la Administración enfrenta estos asuntos, ha optado por liarse la manta a la cabeza en la seguridad de que el tiempo jugará a su favor. El tiempo y cierta inepcia, como pude advertir al poco. Llamé al Ayuntamiento de Palma para denunciar el hecho y no se lo pierdan: la primera recomendación fue que debía dirigirme a la policía. Oiga –respondí a mi interlocutora-: no se trata de robo (bueno: según se mire) ni asesinato, sino de un camino cerrado irregularmente en el término municipal, así que no me haga perder el tiempo. ¿Está segura de lo que dice? A partir de ahí, dubitación, dice usted un camino, ya€ espere que voy a consultar€ y, finalmente, déme su correo y le informaremos. Así fue y, en el mail, recomiendan dirigir una instancia a la alcaldesa que será atendida por el Departamento de Disciplina Urbanística, mientras que en el intervalo me enteré, vía Google, que la competencia sobre los caminos públicos insulares corresponde al Consell según ley de 2001, de modo que aún no sé, mientras escribo estas líneas, a qué carta quedarme.
Ante semejante eficacia el agropecuario suizo sonreirá, aunque veremos quién ríe el último. Por más que pinten bastos, como bien saben quienes, por experiencia –Plataforma pro Camins Públics i Oberts–, conocen la reiterada conculcación de los derechos de paso por parte de decenas de propietarios que, aduciendo vandalismo, degradación del medio, descuido, perjuicio a sus intereses u otros extremos, vetan un uso público consagrado por centurias y hacen suyo el argumento del dictador Karadzic cuando afirmó que la Historia, si no es la suya, no debe existir. Ahí tienen ustedes el camino de Ternelles, que permaneció cerrado a pesar de un fallo favorable a su reapertura; la movida por la defensa del Camí de Cavalls, en Menorca, con concentraciones populares y salto de vallas incluido, paredes y barreras en los senderos hacia varias calas en Manacor, los problemas con el Camí Vell del Faro de Formentor, con el Camí de S´escolta en Valldemosa o el cierre de un tramo en el camino de Lluch, por citar sólo algunos ejemplos.
Frente a decisiones unilaterales cabe, cómo no, cualquier arbitrio conciliatorio: desvíos en determinado tramo, regulación del tránsito, penalización de infracciones e incluso colaboración económica del organismo público correspondiente para mantener el uso y buen estado de unas vías que son patrimonio común aunque hayan perdido su utilidad original. Todo excepto esta intolerable dejadez que fomenta la apropiación indebida en espera de un consenso que puede eternizarse en beneficio del infractor, mientras los excursionistas u ocasionales paseantes protestan y demandan con un talante de perdedores que, a tenor de mis iniciales providencias respecto al Camí de Can Mallol, está sobradamente justificado.

No obstante, y como reza la canción, no estamos solos y sabemos lo que queremos, así que adelante con los faroles. Pese a las informaciones contradictorias de esos a quienes supuestamente pagamos para que sepan de qué va la cosa, a las dilaciones, a un inventario de caminos que parece exceder la capacidad de los redactores o a unas prioridades en la gestión de nuestro patrimonio más que cuestionables. Porque cuando argumentos y pruebas se revelan insuficientes, siempre cabe, y junto a la persistencia en la reclamación judicial, la movilización ciudadana. Para el buen entendedor, añadiré que una protesta con la contundencia que da esa razón que nos tienen secuestrada: amordazada entre plazos y papeles.

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