Recomendaciones:

Perderse por los callejones de Deià. Visitar sus museos. Conocer su peculiar cementerio, con preciosa panorámica.

Ya que este itinerario es corto y el pueblo de Deià presenta muchos alicientes, recomendamos hacer un recorrido por el núcleo urbano. Deià es un pequeño y encantador pueblo de montaña, vigilado por el imponente Teix. Refugio de artistas e intelectuales, tiene callejones en cuesta muy típicos y bonitos y cuenta con diversos museos, como el parroquial, en la iglesia, de aspecto fortificada y dedicada a San Juan Bautista; la Casa-Museo del escritor Robert Graves (Ca n’Alluny), autor de textos tan celebrados como La Diosa Blanca, La Hija de Homero o Yo, Claudio; y el Museo Arqueológico de la Fundació Waldren, del que luego hablaremos. Mención aparte merece su singular cementerio, en Es Puig, el cerro rocoso que domina este rico valle. Ahí reposan los restos deianencs y extranjeros, de gente corriente junto a nombres famosos.

El descenso hacia Cala Deià lo iniciaremos en los antiguos lavaderos públicos, que aquí se llaman Els llavadors. Los encontraremos en una curva, a la altura de las primeras casas del pueblo según venimos desde Valldemossa, en la calle Arxiduc Luis Salvador. Justo enfrente de los lavaderos, en la otra acera, veremos unas escaleras por las que bajaremos a la calle de Es Clot, que antiguamente fue el principal núcleo de población de Deià. A medida que nos introducimos en este barrio de calles estrechas y accesos imposibles para los vehículos, nos daremos cuenta por qué se llama Es Clot. Durante el camino tendremos como compañero al torrente Major, que recoge todas las aguas de la depresión de Deià y tiene su origen en la conjunción de diversas torrenteras que bajan del macizo del Teix, desde el puig Caragolí hasta sa Galera: el Torrent de sa Font des Molí, el de Es Salt, el de Es Comellar des Pou, el de Es Racó y los de Son Canals y Ses Comes.

Justo al lado del torrente se encuentra el Museu Arqueológic de Deià. Fundado por William Waldren en 1962, reúne ejemplares de cerámica pretalayótica, talayótica y romana de la comarca, piezas de hueso del ‘hombre de Muleta’ y como estrella de la colección, reconstrucciones del Myotragus Balearicus, un pequeño rumiante pleistocénico que sobrevivió en la isla hasta el 2.000 antes de Cristo.

Unos metros más abajo observaremos, a nuestra izquierda, el refugio de Can Boi. Ofrece treinta y dos plazas y tiene servicio de comedor. Está abierto todo el año y pertenece al Consell de Mallorca (información y reservas en el 971 173700), integrado en la Ruta de la Pedra en Sec que permite conocer de cabo a rabo la Serra de Tramuntana. Dejamos a la izquierda la calle que sube a la carretera Valldemossa-Deià y seguimos por nuestro camino, hacia la piqueta de una fuente con agua que sale directamente de la pared, la Font des Molí, un regalo para el excursionista sediento, y hacia Es Llavador de ses Piques.

EL CAMÍ DES RIBASSOS

El camí des Ribassos, que hará crecer la oferta sensorial de este itinerario, comienza junto a unas casas que conviven con el viejo molino de agua de Can Jordi. Aquí llegaba el agua de la Font des Molí, que nace muy por arriba de la vaguada y movía las muelas de otros molinos situados junto a la carretera. La fuerza del agua de la fuente suministró electricidad al pueblo durante un tiempo.

El sendero es estrecho al principio, cubierto de hierba y rodeado de huertos y jardines. Muy pronto hallaremos un botador de madera que deberemos pasar, en un paso entre precipicios. En los alrededores del camino iremos encontrando helechos y culantrillos; y en verano, amapolas. En las paredes reconoceremos los sombrerillos, uñas de gato y la hiedra. También podremos ver la coronilla real, el jaro, la hierba cana, la fonollassa, la retama blanca, la primula balear... Por los zarzales se entremezclan la zarzaparrilla, la rogeta, el gerani bord y la clemátide. En la profunda torrentera se localiza el Gorg de l’Infern y la Cova de Betlem, conocida por la particularidad de presentar unos supuestos grabados rupestres descubiertos por dos estudiantes durante una exploración: Manuel Rosenstinge y Vladimir de Lamsdorff.

En mirada retrospectiva, los riscos de Es Teix, altivos, se perfilan por encima de los cerros. El paisaje se irá abriendo montaña abajo y en unos minutos llegaremos a un olivar, donde tomaremos el tramo de camino empedrado que restauró Fodesma. A la izquierda queda el Camí de ses Ànimes, que enfila hacia un rincón de pinos y en unos diez minutos alcanza la carretera, junto al Pi de sa Pedrissa. Pasado un puente que salva el torrente Major, nuestro camino muere en la carretera asfaltada de Cala Deià. Fue inaugurada un domingo de Pasqua de 1933 y es la ruta más utilizada para ir hasta la cala, por la comodidad que supone bajar en coche.

EL CAMÍ DE SA PESTA

Al otro lado de la carretera según llegamos del Pont des Torrent, un botador marca el Camí des Pont de sa Cala o Camí de sa Pesta que, cuesta arriba y en dirección norte, llega al Mirador de Son Bujosa y a las casas homónimas. Este camino fue trazado para conectar el Camí Reial de Valldemossa a Deià con el Camí de Castelló, sin transitar por la población. La razón era el miedo al contagio de la peste que llegaba con los viajeros. En 1652 un barco contaminado que había llegado a Sóller desde Cataluña sembró la muerte: una epidemia de peste bubónica se extendió de Sóller a Deià, llegando incluso hasta Ciutat.

La masificación turística se hace evidente al llegar a la zona destinada a aparcamiento de vehículos. No merece la pena bajar con el coche debido tanto a la estrecha carretera como a la dificultad a la hora de encontrar sitio en la abarrotada explanada. En este lugar podremos contemplar la caprichosa forma que adoptan algunos peñascos.

Llegamos a la cala después de una pronunciada curva en la que encontramos las primeras barcas. Otro puente salva la cuenca del torrente. Cala Deià se encuentra en la desembocadura del Torrent Major, entre la punta de Deià y las curiosas peñas acantiladas conocidas como Es Còdols Blancs. Es una playa rocosa de arena y grava que recibe a ilustres personajes que residen en la zona. Sus aguas son transparentes y la playa tiene unos 40 metros de ancho por 15 de fondo. Como el resto de playas de la Serra de Tramuntana, tiene un importante desnivel. Resulta curiosa la enorme roca situada en el centro. En la cala hay dos bares abiertos. En uno de ellos, en Cas Patró March, se pueden comer apreciados arroces y pescados a la plancha. En los meses de invierno es frecuente ver en su terraza a aficionados a la fotografía atraídos por el espectáculo que supone observar un temporal en este peligroso rincón expuesto a los vientos de componente norte.

A pesar de la masificación que todavía amenaza el litoral, Cala Deià aún conserva un carácter particular y un sabor a tiempos pasados. En una parte de la cala se cuentan media docena de casetas de pescadores. Antiguamente la cala servía como refugio a las barcas de pesca que faenaban en esta zona. Hay un varadero con varios amarres. Los llaüts son los protagonistas. Las rampas para el descenso de las barcas están hechas con troncos de madera. Un alto talud de apariencia inestable da sombra al codolar formado por sedimentos cuaternarios. Al norte de la playa existen tres alcoves de pescadores, entre las peñas, en una zona clasificada como triásico mediano.

 EL MIRADOR DE SON BUJOSA

Retrocediendo hacia Deià, a unos veinte metros de la playa, a la izquierda del camino nace un sendero que sube a los bancales situados sobre el talud de la cala. Se bifurca después de una curva. Todo recto, escalonado y como camino de herradura, se dirige al Mirador de Son Bujosa. Por la izquierda, por terrenos abancalados, va a la Caseta des Coix y sigue, por la orilla, hacia Llucalcari.

Subimos por la carretera de la cala hasta llegar al puente de madera que marca el final del Camí des Ribassos. Un poco más adelante, a la izquierda del asfalto, encontramos lo que queda del Camí de sa Vinyeta. Este camino presenta bellos tramos empedrados y es evidente la labor de recuperación que realizó Fodesma, entidad dependiente del Consell de Mallorca, dentro de un programa de colaboración con la iniciativa europea Leader Serra de Tramuntana y con el Inem. Otros tramos tienen un piso de piedras ancentrales. El camino sube y cruza varias veces la carretera. Tras saltar un botador de hierro zigzaguea través de un olivar y concluye en otro botador con un portillo con barrera de hierro. Llegamos a Deià por un vial que nos dejará muy cerca del hotel La Residencia, que ocupa las antiguas casas de Son Canals y Son Moragues.

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