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Boulevard | Pasaporte covid para mallorquines y vía libre a yates, jets o las mafias de las pateras

Alarma, urge inyectarle a toda prisa la tercera dosis de refuerzo de Pfizer al Obispo, y a sus ayudantes, y a todos los cargos de Sanidad que robaron vacunas, desprotegidos ahora por haber corrido tanto en enero

Los grandes yates fondeados entre Illetes y Portals vacían sus sentinas a escasa distancia de la costa, pese a que deberían alejarse  a millas para efectuar una operación que redunda en perjuicio del medio ambiente y de los bañistas, al fin y al cabo mallorquines.

Los grandes yates fondeados entre Illetes y Portals vacían sus sentinas a escasa distancia de la costa, pese a que deberían alejarse a millas para efectuar una operación que redunda en perjuicio del medio ambiente y de los bañistas, al fin y al cabo mallorquines.

La izquierda le está haciendo el trabajo sucio a la ultraderecha, que solo tendrá que recoger los frutos de la santurronería pseudoprogresista. ¿A qué viene esto? Por ejemplo, al pasaporte covid que se pretende exigir a los mallorquines hasta para respirar, mientras se concede vía libre al acceso descontrolado a la isla de yates, de jets privados y de las mafias de las pateras taxi, un calificativo que en ningún caso se extiende a los jóvenes a quienes embaucan con falsas promesas. Recuerden al gran Don Winslow, «ahora traficamos con personas en lugar de drogas, es más rentable y encima nos reciben con los brazos abiertos».

Este tráfico transcurre sin necesidad de burocracia. Y si con la tolerancia caprichosa se cuela algún yihadista por puertos, aeropuertos o lugares de desembarco de los contrabandistas de personas, tampoco se altera el beaterío zurdo. (Oiga, ¿y por qué no llama mafia a yates y jets?) La izquierda letárgica tiene un oído duro para los sobreentendidos. Cada vez que le amenacen con el pasaporte covid, piense que nunca se revisó la documentación a los aviones de la CIA que aterrizaron durante años en la terminal de aviación privada de Son Sant Joan.

El incidente definitivo aconteció la semana pasada en Portals Vells. El patrón arriba a la costa, descarga a 16 migrantes, vuelve a encender los potentes motores Yamaha de su embarcación y zarpa a proseguir su labor humanitaria. Solo pudo ser detenido gracias a los ciudadanos que grabaron este éxtasis de la anulación de la frontera. Sí, ya sé que Aina Calvo dice que «los datos de las pateras son irrisorios frente a la inmigración global». Abundando en este razonamiento cuantitativo, ¿por qué perseguir entonces el crimen, siendo los delincuentes «irrisorios» en número respecto a la población «global», por un total de un millón de habitantes?

Conste que difícilmente podríamos ser xenófobos sin pecar de masoquismo, quienes a lo largo de nuestra vida hemos visto desembarcar a 500 millones de extranjeros 500 en Mallorca. Conste asimismo que los centenares de recién llegados sin pasaporte covid ni de ningún otro tipo por mar y aire no empeoran la media de la isla. Pero no descarten que los emprendedores de la mafia de las pateras taxi demanden un día a los mallorquines, por el escarpado acceso a nuestras costas. Procede habilitarles un pantalán en el Club de Mar, junto al Lady Moura y el Yasmine of the Sea.

Para entenderlo mejor, en las imágenes que hoy nos ilustran pueden adivinar a qué grandes yates fondeados corresponden los resultados flotantes y contaminantes del vaciado de las sentinas, llevado a cabo entre Illetes y Portals Vells el pasado domingo a media tarde. Se supone que deben alejarse a millas de la costa, para efectuar una operación que redunda en perjuicio de las playas colindantes. Claro que a quién le importan los bañistas, al fin y al cabo son mallorquines. Todo ello sin pasaporte de coronavirus ni de Escherichia coli.

Los grandes yates fondeados entre Illetes y Portals vacían sus sentinas a escasa distancia de la costa, pese a que deberían alejarse a millas para efectuar una operación que redunda en perjuicio del medio ambiente y de los bañistas, al fin y al cabo mallorquines.

Los grandes yates fondeados entre Illetes y Portals vacían sus sentinas a escasa distancia de la costa, pese a que deberían alejarse a millas para efectuar una operación que redunda en perjuicio del medio ambiente y de los bañistas, al fin y al cabo mallorquines.

En resumen, la inconsciencia progresista puede impulsar a actos desesperados, como votar a Vox en las próximas elecciones. No lo recomiendo, pero lo veo inevitable. (Oiga, ¿y por qué no deberían elegir los desafectos al PP, como hace usted mismo?). Muy sencillo, porque el episodio de los veinte diputados gratis total en la coronación de Marga Prohens nos devuelve a los orígenes, esto ya se parece más al Partido Popular que conocemos y amamos.

Si creen que soy duro, esperen a conocer a mis lectores. Una de ellas me señala alevosa que, una vez conseguido que todos los jóvenes mallorquines puedan acceder con facilidad a una vivienda a precios asequibles, es magnífico que ahora también acojamos a refugiados. En Mallorca, el capitalismo solo se aplica a rajatabla a los residentes.

Aprovechemos este hueco para dar la voz de alarma. Urge inyectarle a toda prisa la tercera dosis de Pfizer a Su Inmunidad el Obispo. Y a sus ayudantes, y a los cargos de Sanidad que robaron vacunas que no les correspondían. Todos ellos se han quedado desprotegidos ahora antes de tiempo por haber corrido tanto en enero, así que han de recuperar la cobertura erosionada.

Leo en Time que «la vasta isla de Hawai ha aprovechado la pausa en visitantes para repensar y replantear la dirección del turismo. Para mejor proteger su belleza natural, la iniciativa estatal se denomina ‘Malama Hawai’». Leo en El País que «Italia, donde nacieron los viajes de placer, debate cómo retomar una industria turística vital para su economía pero que ha demostrado ser mortal en términos de sostenibilidad y futuro». Si les ha llegado una iniciativa paralela en el caso de Mallorca, agradecería me la señalaran.

Exclamativa: «Una de esas personas a las que es más fácil admirar que amar».

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