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OPINIÓN

El fútbol contagia más que el bar

¿Metería usted a su familia en una isla que presume de necesitar un toque de queda de siete horas por la pandemia? Balears se asigna el color amarillo del peligro latente, el famoso nivel dos. Presume de su condición de enfermo no convaleciente para engatusar al Tribunal Superior. A continuación, el Govern se escandaliza de que el Reino Unido le coloque en amarillo, cuando Londres se limita a cumplir con la autovaloración de la comunidad afectada. Como dice un exdirector de la FDA estadounidense, solo el alivio de las restricciones autoriza a restablecerlas al empeorar los datos.

La lotería de la restauración, donde cada empresario decide si contagia más su terraza o su salón, se ha visto desbordada por las puertas abiertas de Son Moix. El Gobierno se guía por las enseñanzas del triunfo de Díaz Ayuso. Cuatro mil mallorquinistas premiados por la presidenta madrileña y la política autonómica por los suelos.

Dado que gobiernan los jueces del TSJ, sería curioso plantearles qué piensan de que una semana después de su veredicto restrictivo se autorice la concentración, tan contradictoria como comprometedora, del Mallorca-Alcorcón. Sobre todo, cuando las «bombas biológicas» a escala mundial de la pandemia en marzo de 2020 fueron dos partidos de Champions, Atalanta-Valencia y Liverpool-Atlético de Madrid. El fútbol contagia menos que el bar. ¿Y alguien cree que los contagios se han desplomado porque no se puede estar en la calle a las dos de la madrugada?

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