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Diario de Mallorca

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La ciencia de las puestas de sol

La luz se dispersa en una mezcla de rojo, naranja, amarillo, verde, cian, azul y violeta tras impactar con partículas contaminantes

Candilazo desde ses Illetes. DUNCAN WINGEN

¿Cuántas veces nos habremos maravillado con los colores de una puesta de sol? El Golden hour que por unos minutos saca a relucir al poeta que llevamos dentro y esa luz tan especial que nos envuelve. Hasta para el mejor pintor puede resultar un reto reproducir la paleta de colores de un arrebol matutino.

Aunque nos parezca algo obvio hay mucha física detrás de una puesta de sol bonita, en concreto la que está relacionada con la dispersión de la luz.

La luz visible de color blanco que somos capaces de percibir es en realidad una suma de colores. En concreto, una mezcla de rojo, naranja, amarillo, verde, cian, azul y violeta como ocurre con el arco iris. En su camino a la superficie, los rayos de luz se encuentran con múltiples obstáculos. El aire no es un medio puro sino que está lleno de ‘imperfecciones’ en forma de partículas contaminantes, esporas, sal marina, polvo en suspensión, calima procedente de erupciones volcánicas y un largo etcétera.

Cuando la luz blanca impacta con estas imperfecciones se descompone en colores. En el caso de las puestas de sol se dispersan los de longitudes de onda más largas como el amarillo, naranja o rojo. Las nubes actúan como lienzos tiñéndose de los colores dispersados y dando lugar a un espectáculo inolvidable.

A mediodía y con el sol más alto en el cielo los rayos recorren una porción de atmósfera fina, por lo que la dispersión da lugar a color azul y violeta. Por la tarde o al amanecer en cambio, los rayos del sol inciden oblicuamente y la porción de atmósfera que recorren es mucho mayor produciéndose mucha más dispersión. En este caso la bóveda celeste toma tonos rojizos y anaranjados.

Pensad en un pelotón de ciclistas marchando en paralelo. Cada ciclista lleva puesta una camiseta de un color diferente. Cuando están juntos el color resultante del pelotón es el blanco. Ahora imaginad que por la carretera que están circulando aparece una bifurcación y el grupo se ve obligado a separarse. El color del pelotón pasa de blanco a rojo y naranja que son los colores de camiseta de los dos ciclistas que han tenido que desviarse. Este es el proceso que ocurre con la dispersión de la luz y que da lugar a los colores de la puesta de sol.

Han surgido muchas expresiones y proverbios tratando de predecir el tiempo a partir de los colores del orto y el ocaso, la más conocida es una que dice así: «Red at night, sailors delight’’ (rojo por la tarde, delicia para navegantes) o «red at morning, sailors warning’’ (rojo por la mañana, advertencia para navegantes). Estas expresiones se basan en la posición en el cielo de nubes medias y altas que son las que dan lugar a los candilazos más coloridos. Estas nubes a veces van asociadas al paso de sistemas frontales que tienen tendencia a venir desde el oeste.

Los candilazos más espectaculares se producen cuando el aire en capas bajas está relativamente limpio. Para ello precisaremos que no haya anticiclones muy duraderos que a veces van acompañados de advecciones de polvo saharianas y durante los cuales la contaminación antropogénica se va acumulando junto a la superficie. Necesitamos por otro lado la presencia de nubes medias y altas que actuarán como una ‘pantalla’ proyectando los colores reflejados. La nubosidad no debe ser excesiva sin llegar a cubrir el sol en cuyo caso no habría puesta de sol. Si las nubes se reparten por el cielo pero dejando una franja libre junto al horizonte del sol poniente preparad la cámara porque el espectáculo está servido.

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