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Álvaro Merino: «El infarto es una enfermedad muy agradecida si te portas bien»

Álvaro Merino (San Sebastián, 1958) es jefe de Cardiología de las clínicas Rotger y Palmaplanas. Alumno en Estados Unidos de Valentín Fuster y de Bernat Nadal Ginard, está completando los trabajos del segundo en la regeneración de corazones infartados por inyección de células madre.

Álvaro Merino: «El infarto es una enfermedad muy agradecida si te portas bien» Matías Vallés

Para que se haga cargo del tipo de entrevista: “¿No estábamos en que el corazón muere para siempre?”

Era así cuando yo estudiaba Medicina hace más de cuarenta años. Desde hace veinte, y gracias a las investigaciones del mallorquín Bernat Nadal Ginard en el Boston Children’s Hospital, sabemos que se renuevan, y en eso se basa nuestro trabajito.

Regenerar neuronas y células cardiacas es el Santo Grial de la Medicina.

Es un sueño, especialmente las neuronas, por la prevalencia de las enfermedades asociadas. Estamos en el periodo de prueba, pero muy lejos de que sea realidad, desde que una explosión de estudios clínicos demostró hace diez años lo ignorantes que éramos en los mecanismos básicos de regeneración celular.

¿Regeneran ustedes corazones infartados?

Según el trabajo que publicamos, parece que hemos logrado la regeneración celular cardiaca. Mejora la contractilidad de la zona, y se recuperan las áreas lesionadas.

Inyectar células madre parece sencillo.

Hay células madre propias de cada tejido y otras precursoras o putativas. Tras un infarto, la médula ósea suelta las del segundo tipo, nosotros las recogemos, las concentramos y las reintroducimos en dosis mucho mayores, que aumentan su efectividad.

¿La célula indiferenciada se hace cardiaca por el entorno?

Sí, se diferencian antes de que las puedas inyectar, y por eso trabajamos para encontrar un cóctel o entorno adecuado al tejido que quieres regenerar.

Hubo una oposición moral a las células madre.

El problema ético era con los embriones, aquí no hay rechazo ni complicaciones. Es una técnica barata y accesible si supiéramos mejorarla.

Tal vez es demasiado barata, un mal negocio.

Estamos muy ilusionados. Aquí hay un camino, en investigación haces un intento y se te abren nueve puertas.

¿Su técnica mejora el bienestar de los enfermos?

El objetivo no es tanto que mejore como que no empeore. A raíz del infarto, el corazón aumenta de tamaño y puede llegar la insuficiencia cardiaca.

¿Qué dicen las decenas de pacientes de su técnica?

Están muy contentos y dicen que se encuentran bien, no sé si será subjetivo. Todos ellos han firmado un consentimiento y seguimos unas pautas muy estrictas. Con todos ellos tenemos una buena relación, son amigos y se fían de nosotros.

Es duro sufrir un infarto.

El infarto es una enfermedad muy agradecida. Si te portas bien, del infarto no te mueres, busca otra causa. Puede que los pacientes fallezcan de aquí a treinta años atropellados por un coche, pero si tienen disciplina, hacen ejercicio y no fuman, las muertes por enfermedades cardiovasculares se han reducido al 25 por ciento en medio siglo. Nos estamos quedando sin trabajo.

Trabajó con Valentín Fuster, el cardiólogo estrella.

Tres años, fue un privilegio y un honor. Es una persona cercana, muy trabajadora, un gran jefe y organizador. Tiene el mejor servicio del planeta, ayuda a todo el mundo. Es una figura única en cardiología, con un gran carisma y sus discípulos lo adoramos.

¿Se acerca hoy a sus pacientes con prevención?

Procuramos explorar solo lo necesario, nos lavamos las manos constantemente, pero somos médicos y esto va con el sueldo, va con la vocación. La respuesta ante la pandemia ha sido ejemplar. Aunque parezca cursi, la gente se ha volcado.

¿Los médicos españoles huyen al extranjero?

Sí, porque las condiciones de trabajo y los salarios son mejores, la posición social del médico mucho más y, si quieres investigar, no tienes problema para compaginar.

¿Por qué tanta obsesión por investigar?

Al visitar los Institutos de la Salud del NIH norteamericano, vi una leyenda: «Si quieres hacer buena Medicina, has de hacer buena docencia, y si quieres hacer buena docencia, has de hacer buena investigación».

¿El corazón puede curarse espiritualmente?

Puede enfermarse espiritualmente, los estados depresivos vienen acompañados de un mayor número de infartos y de cánceres.

La valoración de sus pacientes: «Su forma tranquila y precisa al explicar las cosas».

Si el paciente no está informado de lo que tiene, no llegamos a buen puerto. Esta es una cosa que va a medias, una responsabilidad compartida donde el paciente ha de sentirse reassured, apoyado o tranquilizado.

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