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Al Azar

La sensación de haber arrojado la toalla

La sensación de haber arrojado la toalla

La sensación de haber arrojado la toalla

El planeta en su esfericidad no consigue domeñar al coronavirus también redondo, pero España presenta los datos más alarmantes del mundo. El país entero se sobresalta ante el recrudecimiento de la pandemia, pero Mallorca sufre uno de los impactos más acusados.

En concreto, Balears es la cuarta comunidad en proporción de camas ocupadas por casos de coronavirus, solo por detrás de Aragón, Madrid y País Vasco. Esta posición indeseable se consolida en el total de pacientes ingresados que supera la barrera psicológica de los dos centenares, en los enfermos atendidos en la UCI y en los ingresos diarios que se han producido en agosto. A cambio, las mejoras evidentes en la atención sanitaria contra la covid mantienen un ritmo fluido de altas.

Es de justicia precisar que nadie sabe por qué España y Mallorca ofrecen resultados deplorables. Ahora bien, ambas entidades geográficas transmiten la impresión de haber arrojado la toalla. Así se desprende de la estampa de Fernando Simón rogando por la intercesión de influencers como Rosalía, con el mismo fervor que sus antepasados utilizaban para encomendarse a Santa Rosalía. O de la imagen de su homólogo local Javier Arranz, al dramatizar con plasticidad notable que Balears sufre los embates de una "segunda ola".

El Govern ha saltado de la pasividad al pánico, opción igualmente paralizante. Arranz tiene el mérito de hablar de riesgo en lugar de seguridad, en la inminente guerra del retorno a las aulas, pero su apelación a la "obligación moral" es otro síntoma del entreguismo de los epidemiólogos a las ciencias blandas. Sobran las razones para el desconcierto pero, si no saben dónde mirar, pueden empezar por el aeropuerto.

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