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Diario de una madre teletrabajadora

El sonido de los electrodomésticos

Día 25. Una de las cosas que no voy a echar en falta de esta etapa de madre teletrabajadora es la continua presencia de los electrodomésticos, las veinticuatro horas del día. Si no está sonando el lavaplatos está sonando la lavadora. El run run de la caldera tiene un punto relajante, en cambio el del extractor de humos me pone de los nervios. Tengo ganas de escribir artículos sin que se ponga en marcha el motor de la nevera y me sobresalte. Por no hablar de los pitidos de alarma. Pita el microondas, pita la secadora, avisa el congelador cuando la puerta lleva demasiado tiempo abierta. El estallido de los teléfonos de mis compañeros, las toses de los aires acondicionados de la redacción, hasta el estrépito de la máquina del café, esos acordes sí que forman una banda sonora adecuada para el periodismo. "Hola. ¿Qué vamos a cenar? ¿Qué haces? ¿De qué escribes?", dispara mi niña, mientras me pide que le ponga a un playmobil un cinturón que no le cabe. Le digo que de los sonidos de los electrodomésticos, que me tienen harta. "Qué mentira, mami. Si a ti te encanta el ruido de tu escoba esa", refuta lanzando una mirada de odio a mi aspirador vertical. No le falta razón. Les persigo con el artilugio que me salvó la vida con dos bebés comiendo quelitas a la vez sobre la alfombra. Es mi fetiche favorito. Camino escoba en ristre como una bruja frenética, pasillo arriba, pasillo abajo, para resetearme. Me encanta pensar que mientras estiro las piernas como me ha ordenado la pulsera de actividad estoy limpiando el suelo. El placer de cazar pelusas. A veces me echan del salón porque no les dejo oír Lluvia de albóndigas, o porque están ensimismados formando una interminable hilera de coches, o dibujando. "Vete ya, mami. Qué ruido", se quejan. Mi escoba mágica no les deja concentrarse en el ensayo del prometedor concierto de flauta dulce y xilófono que están preparando para esta noche.

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