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Presidenta del Govern provisional

Francina Armengol presenta a los consellers que ocuparán el cargo hasta que Podemos reclame su cuota de conselleries

Ya que dio las gracias a "Joan, mi compañero inestimable", debió sugerirle de paso que no la meta en más líos.

Ya que dio las gracias a "Joan, mi compañero inestimable", debió sugerirle de paso que no la meta en más líos. Manu Mielniezuk

Hoy no es un día feliz para Balears. La socialista Francina Armengol ocupa el Govern, el socialista Marc Pons asume la portavocía del ejecutivo autonómico, el socialista José Hila es alcalde de Palma y el tándem bipartidista Antich/Bauzá se dispone a coronar la cumbre del Senado en nombre de la comunidad. Este festival se concretó ante el socialista Pedro Sánchez que no sabe dónde está Grecia, y ante el socialista Ximo Puig que le ha arrebatado Valencia a la infatigable Mònica Oltra. Se necesita desfigurar notablemente los resultados electorales del 24M para aceptar que en Mallorca se votó el continuismo del PP/PSOE, ahora con la precaria superioridad de los segundos.

Armengol prometió ayer su cargo de presidenta del Govern provisional de Balears. Su única ventaja es la plena consciencia de la interinidad de su equipo, frente a las fantasmagorías cuarteleras de su predecesor. Los diez consellers que presentó la primera inquilina del Consolat, ocuparán el cargo hasta que Podemos reclame su cuota de departamentos autonómicos, tras las generales. Peter Pan Jarabo también tiene sus intereses.

Un juego tan despiadado como realista incita a tachar de la lista a los consellers que serán sacrificados en la primera remodelación. La crisis será inducida por los socios a muerte de Podemos en cuanto consideren que el PSOE les ha engañado más de cien veces, si esta cifra no ha sido ya sobrepasada. Internet debiera elaborar apuestas sobre los caídos preventivos. La retirada de Fina Santiago de la portavocía es otra pésima noticia para Balears. Armengol debió aprender de su colega extremeño Fernández Vara, que recuperó el cargo atribuyéndolo a Pablo Iglesias. La socialista mallorquina adjudicó su entrada en el Consolat a méritos de su partido. No sabe cuánto se equivoca.

Y dale con Raimon en los discursos de Armengol, cuando en Mallorca tenemos a Joan Miquel Oliver. Es conmovedora la insistencia del PSOE en que sigue luchando contra Franco, mientras se abraza a Rodrigo Rato. La presidenta ha leído esta semana sus empalagosas obras completas. Ayer amontonó tantas citas y agradecimientos que no queda claro si un tal Rosselló Porcel también es un familiar al que retribuía sus desvelos en la infancia.

Armengol es valiente cuando no actúa como socialista. Entonces se declara republicana y exige un referéndum que convalide a Felipe VI. Hasta que Ferraz le tapa la boca y se convierte en otra groupie de Rato. Si la presidenta del Govern provisional entrara hoy en política, lo haría en Podemos despachando a Jarabo. Imitaría el comportamiento de Ada Colau, que sí se atreve con su Son Espases barcelonés al decretar una moratoria turística. Pero la mallorquina cayó en el PSOE, el Palacio de Congresos ni tocarlo y a ronronear con los hoteleros.

Con todo, el índice onomástico reconvertido en discurso de proclamación reservó dos momentos de alta tensión. La primera descarga se produjo cuando Armengol dio las gracias a "Joan, mi compañero inestimable". Es una valoración correcta, si se refiere a un precio fuera de mercado. Debió aprovechar el piropo para sugerirle de paso a su pareja que no la meta en más líos, solo o en compañía de la familia de arquitectos condenados de costumbre. A propósito, memorable la cita en la que la presidenta balear recuerda que "Michelle Bachelet ha dicho que los progresistas estamos llamados a hacer más explícita nuestra vocación igualitaria". Debió añadir que la presidenta chilena se declara hoy "golpeada" por la corrupción de su hijo. Tráfico de influencias igualitario, un clásico socialista.

El segundo latigazo eléctrico lo recibió el enviado de Rajoy. Extrañamente, el ministro de Justicia no compareció en Palma amordazado, para festejar su aportación a la historia universal de la infamia jurídica. En su mejor momento, Armengol le propinó un risueño rapapolvo al apóstol de la libertad de represión. Puso en su sitio a uno de los miembros de este Gobierno más peligrosos para la democracia. La venganza será cruel. La presidenta que exigió al Notario Mayor del Reino que "paralice la modificación del Régimen Especial" sellada por los tahúres del PP, puede prepararse a hacer largas horas de antesala cuando vuele a Madrid. Conviene que el Govern retire hoy el recurso a favor del TIL, antes de que el Supremo aleccionado le dé un disgusto. (Multa correspondiente a este párrafo según la Ley Mordaza, 200.000 euros).

"Necesitamos unidad, acuerdos, pactos diálogo". Son palabras que firmarían Bachelet y Marine Le Pen, por lo que conviene refugiarse en las victorias mínimas de la fiesta mayor. El PSOE ha conseguido desvirtuar el mensaje de las elecciones a la izquierda, pero todavía resuena el mazazo del 24M a la derecha. El comparsa José Ramón Bauzá prodigaba ayer su falsa sonrisa, una mueca de súplica para que no hurguen en sus cajones. También era entretenido ver a Teresa Palmer ejerciendo ocasionalmente como delegada del Gobierno, un momio relajado que dejará en noviembre para volver a trabajar. En esa fecha, el director general de Universidades, Juan José Montaño, suturará las heridas psicológicas con la UIB.

Como dijo el semimenorquín Albert Camus, "brindad a Francina una oportunidad". La gobernante socialista tiene derecho a la euforia que exhibe actualmente, por efímera que resulte. La exultante presidenta sufrió un conato de hundimiento psicológico durante las reuniones del tercer Pacto de Progreso, que ganaron los negociantes del PSOE por incomparecencia del rival. Con todo, a Armengol le asoma un incipiente complejo de superioridad. Su veteado discurso de ayer estaba más destinado a convencer de su inevitabilidad, de que su triunfo estaba escrito, que a abordar problemas concretos. Para curarse, le bastará con repasar la lista de sus antecesores, ninguno de los cuales aprobaría un examen. Ella está a estrenar, con solo dos décadas de carrera política a sus espaldas y las ajenas.

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