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La actriz María Adánez actúa en Mallorca: «Vivimos un momento muy polarizado y el foco de infección son las redes»

La popular intérprete actuará este sábado en el Teatre Principal d’Inca con la obra ‘¡Ay, Carmela!’

María Adánez en un momento de la representación

María Adánez en un momento de la representación / EPC

Raquel Galán

Raquel Galán

Como dice el director de esta nueva versión de ¡Ay, Carmela!, el tres veces Premio Nacional de Teatro José Carlos Plaza, «Carmela vuelve una y otra vez. Vuelve su recuerdo contra el olvido. La evocamos para que su espíritu no se pierda en el cómodo mundo de la indiferencia. Vuelve a alertarnos, a gritarnos con su presencia que el huevo de la serpiente, que siempre ha estado ahí, se está rompiendo». Lo hará este sábado, día 9, en el Teatre Principal d’Inca con los intérpretes María Adánez y Joaquín Notario.

¿Por qué es tan vigente hoy en día esta obra?

Desgraciadamente debido a que continúa habiendo guerras. Es uno de los grandes clásicos de este país, que se ha representado mucho y se seguirá haciendo, ya que tristemente ¡Ay, Carmela! nos recuerda los errores que vuelven a cometerse y que no podemos repetir. Cuando empezamos los ensayos no estaba ni siquiera la guerra de Ucrania. Y quién nos iba a decir que ahora tendríamos dos conflictos bélicos muy cerca de nosotros. Como me dijo un día el autor de la obra, José Sanchís Sinisterra, me siguen pidiendo la función de los muertos.

¿Quiénes son las Carmelas de ahora?

Pueden ser muchas: madres, no madres, mujeres en general que se encuentren en medio de un conflicto y desgraciadamente tengan que tomar partido para defender a sus hijos o algún tipo de injusticia.

¿El amor de Carmela por las cosas sencillas está denigrado?

Ahora vivimos una época en que, con las pantallas y las redes sociales, tenemos la necesidad o adicción de vivir otras realidades, además de la nuestra. Esto solo acaba de comenzar e irá a más con el despegue de la inteligencia artificial. Vamos a ver dónde y cómo acaba. En cambio, la época que vivían Carmela y Paulino era tan distinta que su única realidad era simplemente el presente, el día a día. Además, al tener menos de lo que existe actualmente, se agarraban mucho más a las cosas sencillas de la vida. En eso a mí me dan mucha envidia. Nosotros vivimos en la cabeza y ellos viven más en los placeres, las pequeñas cosas, como bailar, comer... Son personajes que te recuerdan que debemos recuperar los instintos.

Es la versión más psicológica de las realizadas y ahonda en la culpabilidad que siente Paulino. ¿Pudo haber evitado la muerte de Carmela?

Se trata de un planteamiento muy interesante de José Carlos Plaza para justificar por qué, tras su muerte, aparece Carmela. No sé si la podría haber evitado. Tal vez, aunque nos quedaríamos sin tragedia, sin conflicto, y no vendría Carmela a recordarnos nuestros errores a los vivos, a los que nos hemos quedado aquí. Ese trágico final es inevitable.

Una escena de la obra

Una escena de la obra / DM

¿Es realmente «un cagón», como le dice ella?

Los dos personajes están muy bien escritos. Carmela es mucho más valiente y Paulino es más prudente, más racional. Son dos actitudes frente a la vida, ambas igual de humanas y loables. Son el contrapunto perfecto el uno con el otro. Ella tiene el instinto de justicia social más arraigado y ante la noticia de que la función será vista por unos milicianos que fusilarán al día siguiente, se rebela. Quizá es porque la gran herida de Carmela es no haber sido madre y en esos jóvenes ve reflejados a esos hijos que nunca ha tenido. Por su parte, Paulino tiene más presente la sensación de peligro y repliega velas. Pero ella se entrega de tal manera que en un momento de la actuación, donde está la bandera republicana, los milicianos empiezan a cantar, se suman a Carmela y la acaban fusilando.

Una canción le supuso la muerte y hoy día otras llevan a raperos a la condena y la cárcel. ¿Qué está ocurriendo?

En general creo que vivimos un momento muy polarizado y el gran foco de infección para mí son las redes sociales. Debemos tener muchísimo cuidado con la polarización, tanto unos como otros, como dice Carmela. Y es responsabilidad de todos, no solo de los políticos, que tienen la voz cantante, sino también del resto de ciudadanos. Hay multitud de fake news, no sabemos dónde está la verdad, pero nos cuentan cosas que generan crispación y nos ponen a un paso del odio, y el odio es lo que lleva los pueblos a enfrentarse y provocar guerras, como la que relata ¡Ay, Carmela! entre pueblos hermanos.

Memoria histórica

La obra de teatro incide más que la película en la memoria histórica. ¿Por qué este país no es capaz de avanzar en ello?

Siempre se pueden hacer las cosas mejor y todavía queda un gran camino, pero creo que sí se han hecho avances. El vendaje que se puso en su momento fue una manera de avanzar para salir corriendo de la dictadura. En ese sentido, España fue ejemplar al entrar en la democracia, ya que había que tener en cuenta que procedía de cuatro décadas de franquismo. Ahora la memoria histórica debe seguir presente para no olvidar a los muertos y no repetir nuestros errores.

«Cuando tenemos la panza llena y nos ponemos corbata nos olvidamos de todo», dice Carmela. ¿Cree que es así?

Sí, porque el ser humano tiene instinto de supervivencia y huye de los traumas, de los problemas, para seguir avanzando, ya que cuando nos anclamos en ellos continuamente es difícil vivir. Pero eso no significa que tengas que olvidar tu pasado, ni como individuo ni como pueblo. Uno debe saber cuál es su historia y a partir de ahí seguir adelante.

Ahora que es madre, ¿se ha vuelto más selectiva a la hora de elegir los trabajos?

¡Ay, Carmela! es un texto que tenía muchas ganas de hacer y surgió por varias coincidencias de personas que querían montar la obra. Y en general he tenido la suerte desde hace muchísimos años de poder elegir los papeles que represento. Me interesa no solo que la obra sea buena, sino que el personaje aporte algo en la historia, como en Insolación, de Emilia Pardo Bazán; La escuela de la desobediencia, donde se tratan los tres estados de la mujer en el siglo XVII; El pequeño poni, en el que se aborda el acoso escolar... Lo que sí he hecho es darme un tiempo de descanso para estar con mi hijo.