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En contra
Ruth Miguel Franco Escritora con dos libros nuevos, profesora de la Universitat

«Hay gente que vive de la poesía, pero tengo vicios caros»

Un nuevo libro de Ruth Miguel Franco (León, 1979) es buena noticia, y llegan dos de la profesora titular de Lengua Española de la Universitat y poeta laureada. ‘La pureza’ recoge en prosa una estancia de dos meses en Innsbruck, y el poemario ‘Guerra’ habla mucho de pájaros

«Hay gente que vive de la poesía, pero tengo vicios caros»

«Hay gente que vive de la poesía, pero tengo vicios caros»

Para que se haga cargo del tipo de entrevista: «¿Todo hombre es un sinvergüenza, excepto su hijo?»

Mi hijo es el peor. Todo ser humano es fundamentalmente malvado, y no creo que él se salve aunque ahora tiene escaso margen de maniobra. Tengo poca esperanza en la naturaleza humana.

«No quiero cambiar, no quiero haber cambiado».

Nos aferramos a nosotros mismos, porque es lo único que tenemos, pero se acaba deshaciendo y se nos escurre entre las manos por mucho que nos empeñemos. Nos vamos a morir.

Innsbruck es una de las ciudades que menos me ha costado olvidar.

Quizás por eso he escrito La pureza, los libros no se eligen. Estuve allí becada dos meses como investigadora del Instituto de Estudios Neolatinos, y pudo ser un aislamiento fructífero, no me refiero a la pandemia. El libro salió solo, se escribe cuando hace falta.

¿Le gusta promocionar sus libros?

No viviré obviamente de la poesía. Hay gente que lo hace, pero tengo vicios caros. Con todo, también quiero que los demás promocionen sus libros para poderlos leer, así que entra en mis funciones corresponder.

«La posibilidad de sanar no depende de la herida, sino del cuerpo que la recibe».

No sabría explicar lo que he escrito, ni es necesario. Yendo a su correlato físico, hay personas que se curan bien con heridas horribles, y otros que mueren al pincharse con un cardo.

Señáleme sus heridas.

Dos cesáreas en diez días son las más recientes, tengo un buen costurón. Me río de las tres heridas de Miguel Hernández.

¿Ha explorado y explotado los límites de su cuerpo?

Hago CrossFit, por ahí se puede decir que sí.

Debe ser horrible no gustarle.

¿A mí? Pues no me gusta casi nadie, depende de lo guapo que sea el colega. Es algo que no me interesa, dar miedo está muy bien.

Dígame un autor imprescindible, a cambio de citar luego uno prescindible.

¿Puedo proponer J, el autor de la Biblia hebrea? Que además no es uno, es una entelequia.

Ahora el prescindible.

Ufff, ¿solo uno? García Márquez está muy sobrevalorado, y Borges también se me cae de las manos. Está entre esos dos, los he leído por obligación.

La maternidad la ha dulcificado.

No lo sé, no me he probado antes ni después, pero tampoco es necesario. Al bebé lo trato bien, le hago cucamonas, lo acuno, está gordo y rozagante, pero no me noto diferente.

Usted es superior a la mayoría de triunfadores.

Sí, porque no he triunfado.

¿Qué daría por el éxito literario?

No lo sé, ¿sacrificaría a mi primogénito? Por un Nobel, quizás sí, pero el éxito literario es muy de andar por casa, no aporta ni demasiado dinero ni satisfacciones. Nadie conoce a las escritoras premiadas.

¿Ahora está dispuesta para la guerra?

Siempre, no huyo de la confrontación. Pueden salir cosas muy buenas de una pelea, también para el otro si no queda muy magullado. Dejar las cosas como están no tiene sentido.

¿Tendría de agente a Andrew Wylie, el Chacal que ha reclamado los derechos de la Nobel que usted tradujo?

Claro, es el mejor que hay. Otra cosa es que sea un valiente hijo de la gran puta, pero es su trabajo. Por eso le llaman el Chacal, y no el Hámster o el Bambi.

Me preguntaba en qué página de ‘La pureza’ aparecería Sebald.

Me parece un enorme piropo, doy el libro por justificado. Lo cito al hablar de los bombardeos, porque Sebald escribió Sobre la historia natural de la destrucción. Es como mencionar a una fuente.

Todos están leyendo ahora ‘Feria’, de Ana Iris Simón.

Lo tengo pendiente, me han hablado bien de él y me parece raro decir que un libro es de izquierdas o de derechas, no creo que sea Jiménez Losantos.

Su hijo se llama Matías, un nombre comprometido.

No sé por qué, no viene de familia. Nos pareció que sonaba bien.

«En todo lo que emprendo, necesito conocer su fin».

O por lo menos imaginarlo. Leo los finales de los libros por anticipado, sé lo que dura la película. Me gusta más poner a prueba mi ingenio que el disfrute del argumento y de la sorpresa. Soy bastante control freak.

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