10 de mayo de 2020
10.05.2020
Diario de Mallorca
Entrevista

Joan Buades Beltran: "Hay que convertir las escuelas e institutos en verdaderos huertos de democracia cotidiana"

El capitalismo neoliberal ha reducido las escuelas a una especie de servicio auxiliar de curas colectivas" - "Ahora quieren técnicos pero no personas con capacidad de tener una visión integral de la realidad" - "La educación como espacio para el crecimiento personal y colectivo no interesa"

10.05.2020 | 02:45
El profesor y exdiputado Joan Buades (Inca, 1963).

Profesor, escritor e investigador. El estudioso mallorquín, exdiputado de Els Verds, ha publicado 'Educar, per a què? Mestres lliures en l'era de l'Antropocè', un ensayo editado por Més Llibres sobre el sistema educativo donde señala como grandes males la entrega sin discusión al neoliberalismo (la educación al servicio del mercado), la falta de democracia en los centros o la ausencia en los currículos de los grandes retos mundiales como la emergencia climática

Educar, per a què? de Joan Buades es mucho más que un tratado o un estado de la cuestión sobre la educación a día de hoy. Es ambicioso: en 120 páginas el autor perfila un retrato del capitalismo o postcapitalismo, como algunos prefieren llamarlo, y además propone algunas alternativas, como la democracia de la Tierra propugnada por Vandana Shiva.

P ¿Cómo ha construido este libro: empezó con las consideraciones sobre el capitalismo para después ir concretando con el tema educativo o fue el análisis del sistema educativo el que le condujo a desmenuzar algunos aspectos del sistema capitalista?
R Este libro es un panfleto, un texto de impugnación general de la invisibilidad que tiene la educación en nuestras sociedades ya que el capitalismo neoliberal ha reducido las escuelas a una especie de servicio auxiliar de curas colectivas. Estudiar mucho ya no es un pasaporte para una vida mejor: puedes tener una carrera brillante y ser un Joven Pobre Sobrecualificado más, un JPS. No interesa la institución escolar como espacio pedagógico: ahora hay que "gamificar", entretener a los jóvenes y, como máximo, adiestrarlos en lo que llaman Educación al servicio de la Demanda: quieren técnicos pero no personas con capacidad de tener una visión integral de la realidad. La generalización de la educación financiera y la esponsorización de la universidad por la banca mientras se ahoga la educación humanística y ecológica fueron claves para animarme a escribirlo. Mi experiencia de más de 25 años como docente me llevó a plantearme qué tiene que ver todo este colapso del "sueño educativo" con el capitalismo más avanzado.

P Tiene pasajes duros, hay un retrato crudo de la profesión docente, de la competencia entre el profesorado, de la carrera por la tecnología puntera, un ácido y poco complaciente perfil del profesor colaboracionista, aquel que hace el trabajo sucio al sistema. Perdone la exageración: ¿le sigue dirigiendo la palabra algún profesor?
R Va por barrios. Lo cierto es que para ser un pequeño ensayo crítico sobre educación en tiempos del antropoceno bajo el dictado de un capitalismo suicida el libro ya tiene una segunda edición. Quiero decir que hay muchos profesionales vocacionales que lo leen con interés porque se sienten frustrados e incluso arrinconados por querer ejercer una de las artes más bonitas del mundo: acompañar a la juventud en su descubrimiento del mundo para ayudarles a entender en qué época viven y cómo podrían ser ciudadanos y ciudadanas libres con un proyecto autónomo de vida. Obviamente, no ha gustado en los despachos. Lo normal para cualquier libro que pretenda ir más allá de recetas de autoayuda y de contar las maravillas de usar el último grito en novedades tecnológicas y de juego.

P Señala también de manera directa a los responsables políticos, a los inspectores educativos... Incluso llega a describir un sistema clientelar, de favores, privilegios, contactos...
R Si se fija, durante estos meses de la peste han convertido a sanitarios, policías, militares y un largo etcétera en heroínas y héroes pero no parece que el profesorado haya merecido ningún reconocimiento. Es un indicio más de que la vocación docente, la educación como espacio para el crecimiento personal y colectivo, no interesan ni a las burocracias que gestionan el "sector". Una buena pregunta es: ¿por qué aquí -a diferencia de los países nórdicos- cuando hablan de "los problemas que interesan a la gente" no aparece nunca como prioridad la educación? Balears, que cuenta con el peor sistema de toda la UE en cuanto a abandono y buenos resultados escolares, debería dedicar tiempo a responder sobre este desinterés sostenido de los políticos por una juventud que tiene un futuro muy crudo por delante. Para prosperar en la tupida red de reinos de taifas del sistema educativo y en ausencia de carrera profesional, el mejor ascensor es el amiguismo y la sumisión. Y esto va más allá de quien gobierne.

P Reina un silencio atronador en torno al libro. ¿Eso es bueno?
R En Cataluña y también en Balears se está distribuyendo muy bien. Dicho esto, es evidente que si hubiera escrito un libro de consejos para maestros estresados o sobre cómo "gamificar" los libros de texto, seguro que no pararía de recibir invitaciones para hablar en congresos y conferencias oficiales. Con toda humildad, me hice aprendiz de maestro por mi pasión por trabajar, aprender y ayudar a la gente joven. Como admirador de las ideas anarquistas, valoro mucho mi independencia. No tengo ninguna vocación de ejercer ni la picaresca ni el clientelismo.

P ¿Cuándo empezó esa falta de democracia en el sistema educativo y en los propios centros que usted describe?
R Hubo un periodo fantástico, donde todo parecía posible. Franco había muerto y aún no se había consolidado la restauración monárquica. Lo viví en el instituto Berenguer d'Anoia de Inca. Allí, como en muchos otros centros, fue posible ampliar los niveles reales de democracia: el consejo escolar era decisivo a la hora de decidir el tipo de enseñanza y la representación de las familias y el alumnado llegó a ser clave. Imagínese qué supondría que el sistema de designación de las direcciones de los centros dejara de ser por cooptación desde la Conselleria. Que la directora o director y su proyecto pedagógico tuvieran que ser votados por las familias, el alumnado (a partir de una cierta edad) y por el profesorado de base convertiría las escuelas e institutos en formidables huertos de democracia cotidiana. En lugar de hablar, por ejemplo, de "competencia social y ciudadana", la juventud y la comunidad la ejercerían.

P Una de las palabras clave de la pasada legislatura en Balears y con la irrupción de los partidos emergentes fue la "participación ciudadana", a la que usted alude también para abrir la escuela a otras voces que puedan tomar decisiones. ¿Por qué ha fracasado esa participación y ya apenas se habla de ella?
R La base de la educación tiene que ser ayudar a la juventud a desplegar sus mejores alas en una época llena de riesgos globales extremos (emergencia climática, desigualdad radical entre ricos y pobres, enorme crecimiento de la población y las migraciones, por ejemplo). Ninguna generación anterior lo ha tenido tan difícil. Súmele a ello la automatización y el dominio del neoliberalismo que convierte en mercancía todo lo que toca: desde la escuela, al aire, al clima o a las personas. La participación ciudadana "molesta" cuando deja de ser un eslogan porque abre grietas para la exigencia de poder popular, para la mejora de las condiciones de vida de la inmensa mayoría, porque enseña a la comunidad a hacerse preguntas relevantes sobre su realidad más allá de las tertulias chabacanas que abren paso al infantilismo y al fascismo.


El docente y escritor mallorquín, en las jornadas 'Educació per la vida', en 2018, en Pollença. FEPV


P ¿Las propuestas de este ensayo cobran mayor sentido en un escenario postcovid? ¿Puede ayudar este escenario postpandemia a cambiar las cosas o justamente ve que seguramente será todo lo contrario?
R Deberían. El libro propone abrir la escuela a la realidad de ángulos ciegos de la educación actual: ¿cómo es posible que los jóvenes salgan de bachillerato sin saber qué es la emergencia climática, que en 2050 tendremos que alimentar a 10.000 millones de personas, la mayoría asiáticas o africanas, o que sólo 26 personas tienen tanto dinero como media humanidad? Y pone el acento en entender que hace tiempo que vivimos en la era del antropoceno, la época geológica en donde el industrialismo capitalista está condicionando de manera extraordinariamente rápida y peligrosa toda forma de vida en este planeta. Que para salir del fin del "sueño educativo" y evitar la catástrofe ecológica o la barbarie racista, hay que convertir los centros educativos en viveros de joven ciudadanía democrática con conciencia global. ¿No le parece de una actualidad manifiesta? Naturalmente, mucha gente, incluso docentes, pretende regresar a un pasado donde esconder la cabeza bajo el ala. La buena noticia es que muchos jóvenes, como la gente de "Fridays For Future", no les van a dejar.

P ¿Qué ha dejado al descubierto del sistema escolar este confinamiento?
R Que no podemos seguir funcionando como si los grandes retos globales que atenazan nuestro futuro común no existieran. Que los currículos tienen que tener en cuenta el mundo real que decidirá la suerte de los nacidos en este siglo. Que las tecnologías y la digitalización no pueden ocultar una brecha enorme entre ricos y pobres incluso en sociedades supuestamente opulentas como Mallorca o Europa. Que hacen falta maestros y proyectos pedagógicos comprometidos y que sobra, por doquier, burocracia y dirigismo desde arriba. Que el Covid-19 es solo un tráiler del que aprender cómo encarar mejor las otras pandemias, crisis y emergencias que viviremos en los próximos 10 ó 20 años.

P ¿Podría recuperarse Europa tal y como la entendemos en su origen si también recuperamos la educación como progreso social?
R Una educación al servicio de la realidad, que ponga una juventud con conciencia global común en el centro, que favorezca las vocaciones docentes en lugar de la burocracia y el enchufismo, que genere atmósferas limpias y donde aprender a ejercer cotidianamente la democracia, seguro que ayudaría a reconstruir la utopía de una Europa democrática, con bienestar social, abierta al mundo y ecológicamente sostenible.

P ¿En Balears uno de los problemas más graves a los que se enfrentan los jóvenes pobres sobrecualificados es el monocultivo turístico?
R Claro. Por un lado, Balears padece una sostenida infraeducación derivada de la dictadura del "todo turismo y construcción" que heredamos del Franquismo. Muchos jóvenes han ido abandonando su formación ante el aliciente perverso de ganar un primer sueldo, a menudo en la economía sumergida, en el sector servicios o directamente sepultando de cemento la naturaleza y el paisaje. Hay que tener en cuenta que Balears tiene solo la mitad de universitarios de los que le tocarían según la media española. No interesa que los jóvenes se formen y cuestionen por qué tenemos casi el récord mundial en turismo y, en cambio, la inmensa mayoría vive en el precariado y con un deterioro paulatino de la calidad de vida. Por otro, los que se gradúan en la universidad tienen que emigrar en su gran mayoría porque no hay oferta de trabajos cualificada en su propia tierra. El "todo turismo y cemento" desahucia a los Jóvenes Pobres Sobrecualificados, los JPS, que digo en mi libro. Con el cambio climático, basta acordarse de lo que hizo la borrasca Gloria el pasado enero en nuestras playas, el monocultivo turístico tiene los años contados. Habrá que ir pensando en ofrecer alternativas educativas, laborales y de vida que les permita vivir en las islas. Cualquier autoridad sensata debería planteárselo como la prioridad social más importante. Hay que empezar a hablar de cómo mejorar la vida aquí con una agricultura y unas industrias que den para vivir de manera sensata y sin tanta dependencia exterior.

P En el libro habla del precariado y del aumento cada vez mayor de las desigualdades. No comenta nada sobre la Renta Básica Universal. ¿Qué opina de esta medida sobre la que se ha vuelto a discutir estos días? ¿Es partidario de la misma en un momento en que la crisis del trabajo es extrema y ante la crisis medioambiental que se presenta, en un mundo donde se sobreproduce?
R Hay que imaginar lo necesario. Para proteger a la mayoría, tenemos que desacoplar la ecuación trabajo = derechos. Antes de la peste actual, más de la mitad de familias de Balears llegaba con dificultades a final de mes. Imagínese ahora. Es el momento de retornar riqueza hacia las familias y personas más vulnerables. Claro que hay que crear ya una renta universal básica. En una región en donde los grandes empresarios del turismo han demostrado como único acto filantrópico el regalo de un yate al rey emérito corrupto y que siguen teniendo beneficios milmillonarios a través de los paraísos fiscales es hora de que contribuyan al bien común con un impuesto de solidaridad en favor de la gente vulnerable. También de los jóvenes sobrecualificados pobres.

P Parece que la élite de Silicon Valley piensa como usted: lleva a sus hijos a escuelas sin pantallas.
R Soy un fan de las pantallas pero solo como herramienta. Deberíamos usarlas en los centros para poner en común qué es información y qué es manipulación y para entender qué pasa a nuestro alrededor y en el mundo. También son cruciales para fortalecer comunidades de aprendizaje sin fronteras e iniciativas globales por un mundo deseable como nos han enseñado Fridays for Future o Extinction or Rebellion. Ahora solo tenemos lo que los chinos llaman la "heroína electrónica" fuera de las escuelas y dentro un uso de las tecnologías anecdótico y compartimentado, desligado de cualquier proyecto pedagógico transversal.

P Existe la creencia de que la educación y la sanidad son dos áreas sagradas de lo público, donde la función pública está cien por cien protegida y blindada, pero usted lo desmonta: asegura que las políticas educativas las preparan desde Think Tanks de grandes empresas. Es decir, se estaría convirtiendo el servicio público de la educación en un servicio del capitalismo y no de las personas. ¿Cómo podría recuperar la ciudadanía su poder decisorio sobre la educación?
R Bueno, lo más evidente es que el dinero de la caja pública solo debe ir a financiar los centros públicos. Balears, Cataluña y Madrid mantienen los niveles más altos de concertada que se sobrealimenta con dinero que debería servir para mejorar la calidad de la pública y el número de profesionales fijos. Justo lo que hacen en Finlandia, donde más del 95% de la educación es pública. Simultáneamente, habría que democratizar tanto la elección y supervisión de las direcciones y proyectos pedagógicos en favor de las comunidades a las que debieran servir. Además, los representantes de los estudiantes, del profesorado y de las familias junto a expertos y expertas en sistemas educativos públicos de notable éxito (como los de Finlandia o Canadá) deberían poder asesorar y codecidir con los gobiernos de turno un horizonte sólido y compartido para los próximos 15 ó 20 años.

P Otra de sus críticas es la desconexión de la educación de los grandes retos que afronta la humanidad (expansión de nuestra especie, caos climático, desigualdad social). Eso podría solucionarse llevando cada día una buena selección de prensa a clase. ¿Usted ha intentado tratar esos temas en clase? ¿Ha tenido problemas por hacerlo?
R Estoy en ello desde hace unas décadas€ El problema es que no podemos dejar el tratamiento de estos grandes retos para la Humanidad en manos de la iniciativa individual, heroica, de unos pocos. El tiempo y la desconfianza de los gestores de la rutina académica y política drenan muchas energías. Es fácil intentarlo y abandonar al cabo de pocos años. La idea básica es que hay que favorecer la formación de equipos docentes pluridisciplinares, reducir el tamaño de la burocracia y los currículos quilométricos y oxigenar la democracia cotidiana en los centros. Imagínese hacer de la cocina y el bar, de la alimentación, un eje educativo básico. Ahí se puede explicar casi todo: la interculturalidad, la factura climática de los alimentos y el transporte, la importancia de la agricultura local y ecológica, la desigualdad, la salud, matemáticas€ Hoy en día, con suerte, muchos centros ofrecen comedores fast-food como si eso no fuera parte de ninguna prioridad pedagógica. O convertir todos los centros escolares de las islas en fábricas solares donde se pudiera experimentar el objetivo emisiones cero que necesitamos antes del 2050 en todo el Planeta.

P ¿Piensa que los profesores van a ser más vigilados a partir de ahora, me refiero a los contenidos que van a tratar en clase? Algunos partidos, como Vox, pidieron visitar las aulas en horario lectivo a raíz de los audios de una docente en un IES de Palma.
R No especialmente. Puedes tener más problemas porque no le caes bien al equipo directivo que por lo que enseñas. Lo que yo vivo es el creciente acoso neofascista a muchos centros y docentes porque intentan practicar la democracia y enseñar historia real. Los libros de texto siguen sin destacar que Franco fue un aliado de Hitler, de Mussolini y cooperador necesario en el Holocausto judío. Soy partidario de ilegalizar a los partidos y organizaciones racistas y fascistas como Vox. La democracia, una comunidad amante de la libertad, debería protegerse como nos enseña, sin éxito, nuestra propia Historia.

P Lo de la vigilancia a la población parece que no sólo podría venir por esta parte, sino por otros partidos que no son precisamente de derechas que han estado utilizando un lenguaje militar y a las fuerzas de seguridad en las ruedas de prensa durante todo el confinamiento. Un control que también vendrá a través de las tecnologías, como ya se está haciendo en China. ¿Qué democracia nos van a dejar?
R Sí, ahora está de moda hablar de "democracias iliberales" como Hungría, la India, Polonia, los Estados Unidos o España, que prefiere tener presos políticos antes que ofrecer marcos de decisión democráticos para problemas como la independencia o no de Cataluña. En realidad, muchos de estos regímenes no son soberanos sino que se ofrecen gustosos como los guardianes más celosos de la élite económica, menos del 1% de toda la Humanidad, que sabe que hemos entrado en una época mucho más complicada de gestionar que el dramático siglo XX y que exigen vigilancia orwelliana y mano dura del estado para sofocar cualquier conato de revuelta popular.

P Con datos, ratifica que el profesorado es un colectivo desmoralizado, como si no tuviera capacidad de acción. Pero todos recordamos cómo se movió contra Bauzá. ¿Por qué no se mueve ahora contra todo lo que usted denuncia en el libro?
R El profesorado vive un proceso de desvalorización social. Es visto como un sector cómodo, sin grandes riesgos laborales, en medio de una crisis económica y social que ha precarizado a muchísima gente. Además, buena parte del gremio no entiende que ya no es depositario único de una supuesta sabiduría que debe transmitir a su alumnado sino que la prioridad es repensar cómo ayudar a la juventud a entender un mundo mucho más incierto y globalizado dándole herramientas para descubrirlo y creando situaciones que den sentido a lo que aprende. Necesitamos urgentemente recuperar la autoestima colectiva y plantear ante quien corresponda que la escuela tiene que oxigenarse tratando a sus jóvenes como el verdadero tesoro del país. Justo lo que hacen desde hace décadas lugares como Finlandia.

P No hay críticas a la izquierda en el libro. ¿Por qué la izquierda ha permitido que le fuera pasando todo lo que usted describe al sistema educativo? ¿Dónde está la izquierda en este país?
R Si por izquierda entendemos fuerzas sociales y políticas importantes que anteponen el interés general, los derechos de las clases trabajadoras y el precariado cuando gobiernan, no detecto que existan en España al menos desde los Pactos de la Moncloa. Hay marcas políticas y sindicales diversas pero cuando gobiernan la diferencia es más estética que real. Recuerde que la Segunda República fue conocida como la de los Maestros y Maestras. Parece ser que el régimen actual, a izquierda y derecha, prefiere ser el del Ibex 35 y el autoritarismo. La gestión mediática del Covid-19, con el recurso propio de los tiempos del No-Do a las imágenes de uniformes y multas en las calles, retrata la inanidad de las supuestas izquierdas ante los graves problemas que tendremos cada vez en todo el Planeta. Cuando no saben qué hacer, recurren a los tópicos y al imaginario de la derecha cuartelaria del siglo pasado. Imagínese qué harán con las futuras crisis climáticas€ Afirmaba Kropotkin que la competición es la ley de la selva y que la cooperación es la ley de la civilización. Hay que arriesgarse a construir nuevas formas de democracia, escolar y general, si queremos legar un mundo civilizado a nuestros descendientes.

P El pensamiento apocalíptico que todo lo invade, esa idea del fin del progreso colectivo, se ha recrudecido con la pandemia. ¿Basta con ser asertivo con lo que disentimos, utilizar el propio entendimiento, la resistencia, el riesgo, como usted propone, para romper con esa dinámica? ¿Cómo se hace cuando hay más miedo que nunca?
R Dijo alguien que es más fácil imaginar el fin del mundo que la superación del capitalismo. Llevan décadas redireccionando nuestro cerebro hacia el mundo virtual y el juego. Tenemos que volver a la idea de responsabilidad comunitaria de la mejor Ilustración, la de Immanuel Kant. Solo así evitaremos catástrofes mayores y podremos sobreponernos a la parálisis, al miedo de masas que es el caldo de cultivo para los nuevos fascismos.

P Aún no había tenido lugar la pandemia, pero en el libro aparecen todos y cada uno de los temas que estos días están discutiendo filósofos, sociólogos, etc.
R Modestamente, llevo desde mi juventud observando el signo cambiante de los tiempos. Estamos en estado de emergencia global en todo el Planeta y, como nos dice la ciencia, de aquí al 2030 hay que hacer cambios radicales en nuestra vida cotidiana, en nuestro sistema de producción y consumo para que este Planeta sea amable con la Humanidad futura. En este contexto absolutamente nuevo, incierto como nunca, el del antropoceno, una educación al servicio del bien común de una Humanidad libre debería tener prioridad.

P Se habla mucho del Green New Deal, pero parece que lo ecológico, si no va acompañado de un pacto social que implique colocar la tecnología y las finanzas (es decir, las estructuras de poder) a favor del ciudadano, sólo producirá unas cuantas placas solares más y mayores beneficios para algunas firmas energéticas. La izquierda europea corre el riesgo de quedarse sólo en lo eco. ¿Qué opina?
R Tiene toda la razón. No puede haber una solución social que no respeten los umbrales de seguridad climática y ambiental crecientemente amenazados. Tampoco una alternativa técnica en clave ecológica que ignore los costes para las clases trabajadoras y el precariado de la transición hacia modos de vida sostenibles. Le digo más: la eclosión del movimiento juvenil por el clima señala una nueva frontera: la generacional. Muchos jóvenes empiezan a preguntarse: ¿seremos la última generación humana? ¿Por qué vosotros, los mayores, habéis disfrutado y dilapidado los bienes comunes del Planeta y ahora nos dejáis como hipoteca un sistema de vida absolutamente insostenible? Confío mucho más en este instinto vital por la supervivencia de la generación que crece descubriendo el horror en que el capitalismo y nuestra desidia nos ha metido que en cualquier eslogan vacío de marcas políticas fósiles.

P Le dedica el libro a Greta Thunberg. Algunas informaciones apuntan que el capitalismo a través de lobbies está aprovechando el tirón que tiene. ¿No le asusta algo así?
R Es imposible salir a la palestra pública y no ser acosado con multitud de medias verdades o simplemente mentiras en las redes sociales y los grandes medios. El milagro es que en menos de dos años una chica sueca menor de edad ha conseguido poner en marcha un movimiento juvenil mundial, despertando el interés por la urgencia de superar la emergencia climática y haciendo de su particular absentismo escolar una herramienta formidable para cuestionar el sinsentido de un sistema educativo ajeno a la suerte del mundo que espera a corto plazo a los más jóvenes. Admiro profundamente la lucidez, el compromiso y la honestidad de esta descendiente de Svante Arrhenius, el científico que a finales del siglo XIX probó cómo la industrialización, los combustibles fósiles, estaba ya provocando un peligroso calentamiento global.

P ¿Por qué algunos ven en Greta no el rostro de la lucha por el cambio climático sino el rostro de la infantilización de nuestra sociedad y de la superficialidad del debate público?
R Si son honestos, se habrán fijado que Greta siempre regala un ejemplar de los últimos informes científicos de la ONU a los mandamases del mundo. Tal vez estos críticos deberían hacerse con uno de ellos y plantearse por qué siguen colaborando con un mundo, una economía, una prensa fósiles, enemigas de un futuro deseable para el 99% de la Humanidad.

P ¿Habrá segunda parte de su panfleto, una edición postpandemia?
R Tal vez. Mientras tanto, estoy enfrascado en la finalización de mi segunda novela, que tiene como trasfondo, precisamente, la reflexión sobre los nuevos demonios que nos acechan en forma de caos climático, el renacer del fascismo y el racismo, la excesiva confianza en una solución técnica milagrosa...

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