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Diario de Mallorca

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Amores platónicos, hijo adoptivo y soledad Andy Warhol

El productor de series como ‘Glee’, ‘Pose’ o ‘American Crime’ estrena en Netflix una serie documental dedicada al artista pop que adapta los diarios que dejó escritos antes de morir. Aparecen personajes clave en su vida que descubren el lado más humano de un artista que ha sobrevivido a todo

Andy Warhol, en un momento de la serie documental. Netflix

Es quizás el artista más controvertido siglo XX. También lo fueron los discípulos que dejó en el mundo del arte. Tachado de frívolo, timador, excéntrico... Andy Warhol ha sobrevivido a sí mismo y así lo hace constar Ryan Murphy, creador de series como American Crime, Pose, American Horror Story o Glee, que acaba de lanzar Los diarios de Andy Warhol, una serie documental que pone voz e imágenes a la autobiografía del artista publicada tras su muerte. Fue igual de controvertida que el propio Warhol, ya que en ella había detalles de su vida, pero también críticas a personas de la élite neoyorquina. Fue editada por su amiga Pat, quien durante años atendió las llamadas telefónicas de Warhol para anotar su vida, la que él quería dejar tras de sí una vez falleciera.

A través de las imágenes, Murphy desgrana los detalles de la vida del artista contando además con entrevistas a personas claves de su vida, como el editor de la revista que creó con colegas que integraron La Factory, su estudio y taller creativo, así como personajes de la época, surgidos de la mítica discoteca Studio 54 y de la extravagante escena artística de Nueva York. Con todo, Murphy realiza un retrato profundo de Warhol, con sus contradicciones, fallos, triunfos y vergüenzas que entreven a un personaje inseguro, extremadamente creativo y sediento de compañía, amor y aprobación.

Warhol nació en Pittsburgh, una ciudad minera del estado de Pensilvania. Lo hizo en el seno de una familia de inmigrantes checoslovacos y con un físico que intentaría moldear a su gusto toda su vida. Allí fue un marginado. Regordete, gay, miedoso. Su única opción era irse a Nueva York. Allí dejó huella únicamente dejándose llevar, intentando ser él mismo a través del arte y el diseño. Su huida hacia delante, para escapar de la religiosidad de su madre y de su propia negación, le empujó a conocer a algunos de los personajes más extravagantes de la escena, como Víctor Hugo, un performer y extrabajador sexual, y a Steve Rubell, el propietario de la discoteca Studio 54.

Sus grandes amores fueron Jed Johnson y John Gould, un ejecutivo de la Paramount Pictures con el que Warhol se hundió en el abismo de la platonización y el desamor a causa de la dificultad de Gould por salir del armario. También tuvo un hijo adoptivo, Basquiat, el enfant terrible del arte que le hizo redescubrir su entusiasmo por la pintura en un momento en el que Warhol ya no sabía por dónde tirar. Se sentía viejo, cansado, ninguneado.

La serie también muestra los estragos del VIH y de cómo afectó la epidemia a la obra de Warhol, al contrario de lo que pensaban los críticos de arte en la época. La producción trata de luchar contra el estigma del arte pop, tachado de superficial, a través de este genio de la comunicación, al que le había «encantado», según sus allegados, el nuevo milenio, donde cualquiera tiene sus minutos de gloria. Warhol solía decir que le encantaría ser un robot para dejar de sentir y que si se mostraba al público tal y como era entraría en estado de shock. A cambio, nos dejó verle en sus cuadros, aunque con mensajes ocultos. No se pierdan el documental.

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