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Asesinato en Navidad

Doce personas fueron asesinadas en Balears durante las navidades de los últimos veinte años, la mayoría víctimas de violencia de género

Policías junto al cadáver de Ana Belén Gil, asesinada en el cementerio de Palma en 1996.

Policías junto al cadáver de Ana Belén Gil, asesinada en el cementerio de Palma en 1996.

¿Noche de paz? No siempre, o al menos eso se desprende de las estadísticas sobre crímenes violentos en Mallorca en los últimos años. Según estos datos, durante las fiestas navideñas, entre el 25 de diciembre y principios de enero, se han registrado en las últimas décadas una cifra inusitada de asesinatos. Doce personas murieron de forma violenta durante los últimos veinte años. La casuística de estos crímenes es variada, aunque destacan los casos de violencia de género: seis en este periodo. En cuanto al resto, hay homicidios cometidos durante un robo o en un negocio fallido entre narcos y varios casos de reyertas durante celebraciones regadas de alcohol y drogas.

Uno de los casos más celebres fue el crimen del cementerio de Palma, en la Navidad de 1996. Bartolomé Clar tenía entonces 27 años y Ana Belén Gil, 18. Se habían conocido en la prisión de Palma. Él permanecía allí desde 1989, tras ser condenado por matar a puñaladas a su suegra y a su cuñado, de 42 y 13 años, delante de su mujer en su casa, en la calle Manacor. Ella había asesinado el año anterior a su padre de un disparo de escopeta mientras dormía en su casa en Calvià. Tenía 17 años cuando cometió el crimen, aunque entonces la mayoría de edad penal era a los 16, por lo que fue encarcelada como adulta. Aquel 20 de diciembre salieron juntos con un permiso penitenciario. El día 23 apareció el cadáver de la joven, cosido a puñaladas y oculto bajo una lápida de mármol, en el cementerio de Palma. Cuando se identificó el cuerpo y se comprobó que Bartolomé Clar no había regresado a la cárcel al finalizar su permiso, todos los focos se dirigieron hacia él. Tres días después del crimen, el 26 de diciembre, era el fugitivo más buscado de Mallorca. A las ocho de la tarde sonó uno de los teléfonos de la redacción del Diario de Mallorca.

-Buenas noches. ¿Es usted periodista? Verá, estoy con una persona que quiere hablar con un periodista. Está a mi lado y me ha pedido que no le dé más explicaciones, pero le aseguro que a usted le interesará hablar con él.

La cita fue en veinte minutos en una casa junto a la iglesia de Santa Magdalena de Palma, cerca de la Rambla, llena de las luces navideñas. Abrió la puerta el párroco, que era quien había llamado al periódico. Dentro, sentado en una austera habitación, estaba Bartolomé Clar. El sacerdote le había encontrado poco antes, desorientado, en la iglesia y le había ofrecido cobijo. Estaba cansado, dijo. Quería entregarse, pero antes quería contar su versión de lo ocurrido. Durante dos horas se explayó en su relato: había ido con Ana Belén al cementerio para visitar la tumba del padre de ella, al que había asesinado un año antes. Pero se confundieron de lápida, y la joven se puso histérica.

«Las tensiones de las reuniones familiares, entre personajes psicopáticos pueden acabar en violencia»

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 Iniciaron una discusión y ella le arrebató a Clar una navaja que había comprado el día que había salido de prisión. Forcejearon y la joven resultó malherida. Clar insistió en que actuó en defensa propia, algo que casaba mal con las veinte puñaladas que recibió la víctima. Tras finalizar la entrevista, el redactor y el fotógrafo de Diario de Mallorca acompañaron al joven a la Comandancia de la Guardia Civil, donde se entregó. Durante el juicio, celebrado el año siguiente, los forenses declararon que Clar era un psicópata, pero que era consciente de sus actos. Fue condenado a 23 años por asesinato, que se sumaron a la condena de 59 años que tenía por los dos crímenes anteriores.

«La navidad es un catalizador de emociones, que puede ser un factor precipitante en gente ya propensa a la violencia», explica el psiquiatra Miguel Lázaro. «La navidad remueve las emociones, tanto las positivas como las negativas, como el odio, el rencor o la venganza»

Las navidades de 2001 fueron las más cruentas que se recuerdan en Mallorca. En el mismo día, el 6 de enero, fueron asesinadas tres personas, dos ciudadanos chinos a manos de un clan de narcos de Son Banya en una transacción fallida de droga y una mujer alemana durante un robo en su chalé de La Mola, en Andratx. Y dos días después, el 7 de enero, hubo una cuarta víctima, una mujer a la que un hombre con el que mantenía una relación la roció con combustible y pegó fuego en plena calle de es Rafal.

Aquella tarde del día de Reyes de 2001 los bomberos acudieron a un incendio en una chabola cerca de Son Banya. Cuando sofocaron las llamas descubrieron dos cadáveres carbonizados en su interior. La investigación policial permitió descubrir que las víctimas eran dos ciudadanos chinos, que habían acudido al poblado a vender a uno de los clanes un alijo de un kilo de heroína. Sin embargo, la tentación de quedarse gratis con la droga fue demasiado fuerte y uno de los narcos les mató a tiros. Fue condenado a 55 años de cárcel.

Ese mismo día fue asesinada a puñaladas en su chalé de La Mola, en Andratx, Irmela Femmer, una acaudalada alemana de 55 años. El móvil fue el robo, aunque los ladrones se ensañaron con la víctima. La Guardia Civil resolvió el caso, pero el autor material, un ciudadano filipino, escapó a su país y no fue extraditado.

Y dos días después, el 8 de enero, Ana Torres, de 29 años, era atacada por un hombre con el que mantenía una relación sentimental, que le arrojó encima cola de contacto, altamente inflamable, y le prendió fuego en su casa de es Rafal. La víctima sufrió gravísimas quemaduras y falleció al día siguiente. El hombre fue condenado por asesinato.

«La verdad es que no éramos conscientes de que se concentrasen tantos asesinatos en los días de navidad», comenta uno de los jefes policiales que dirigió varias de las pesquisas. «Son crímenes muy distintos. El asesinato de los chinos fue durante un intento de venta de droga en Son Banya. En cuanto a los casos de violencia de género, es sabido que se incrementa con un elevado consumo de alcohol o cuando la convivencia familiar se intensifica».

El año siguiente, 2002, volvió a empezar con un crimen. Un joven de 26 años asesinó a martillazos a su novia, de 22, en su casa de Cala Gamba, tras una discusión por dinero. El hombre intentó suicidarse, pero fue reanimado a tiempo. Fue condenado por asesinato.

2004 tuvo también un sangriento inicio. La noche del 1 de enero un hombre se presentó armado con una escopeta en la vivienda de su excompañera sentimental, en s’Arenal de Llucmajor. La mujer, de 41 años, vivía allí con sus tres hijos, 15,18 y 21 años. El asesino mató a tiros a la mujer, hirió gravemente a dos de sus hijos y se escapó. Al día siguiente se entregó borracho a la Guardia Civil. Fue condenado a 39 años de cárcel.

«El consumo de alcohol o drogas propician las conductas agresivas y violentas», continúa el doctor Miguel lázaro. «Y muchas veces, durante las reuniones familiares que se dan en estas fechas se producen ajustes de cuentas, en los que afloran antiguos rencores y resentimientos. Esto, en personas con rasgos psicopáticos puede precipitar comportamientos violentos. Pero además, hay una intención de hacer daño y la navidad, como estereotipo de la felicidad, puede ser un detonante de esta conducta».

El año 2006 comenzó también con un sangriento crimen de violencia de género. Ocurrió en la noche del 5 de enero, víspera de Reyes. Un preso de 44 años que acababa de salir con un permiso penitenciario mató a puñaladas a su mujer, de 26 años, en un domicilio de la barriada palmesana de Son Forteza. Marie Sumi recibió las puñaladas cuando trataba de huir con su hijo de tres años en brazos. El asesino escapó, pero se entregó a la Policía unas horas después. Fue condenado a 22 años de cárcel. Ese año acabó también con un truculento suceso: el 28 de diciembre aparecieron los cadáveres carbonizados de un matrimonio, de 62 y 55 años, en una casa de campo en Manacor. La mujer tenía las capacidades cognitivas muy mermadas por una enfermedad degenerativa. Los investigadores concluyeron que el hombre la mató y se suicidó.

2014 registró dos muertes violentas en los dos primeros días del año. Un joven de 25 años murió degollado durante una pelea de madrugada, durante una fiesta de Nochevieja en Eivissa marcada por el consumo de gran cantidad de alcohol y drogas. Al día siguiente fallecía en el hospital un alemán de 78 años tras recibir una brutal paliza a manos de unos ladrones en su casa del Port de Pollença, que le torturaron para que abriera la caja fuerte.

Un incidente similar le costó la vida a una vecina de la barriada de es Fortí, en Palma, el 23 de diciembre de 2015. La víctima, de 43 años, fue atacada por un joven drogadicto de 23 años que entró a robar en su domicilio. El asesino conocía a la mujer, ya que sus abuelos residían en la misma finca. El 27 de diciembre de ese año falleció en Son Espases un joven de 26 años, que sufrió un grave corte en el cuello tras ser atacado con una botella rota durante una pelea ocurrida en la tarde del día de Navidad en un callejón de Gomila. De nuevo, el alcohol fue determinante en el homicidio.

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