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Impresiones veraniegas

Traduciendo

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Traduttore, traditore. Los italianos utilizan esa frase hecha para sintetizar, de la manera más directa y breve posible, lo difícil que es traducir cualquier texto sin que el sentido original se tergiverse. En algunos casos resulta imposible, sin más, como cuando se trata de un poema. Pero con la prosa también quedan en el aire las dudas acerca de si no se estará traicionando al autor.

Esa sospecha se mantiene cuando uno intenta traducir sus propios textos, cosa de lo más común en la carrera académica porque la lengua universal para publicar cualquier texto que se quiere que tenga cierto impacto es el inglés. Cabe el recurso de ir redactando directamente las cuartillas en el idioma de Shakespeare „Darwin sería en mi terreno una referencia mejor„ pero incluso en ese caso se estará traduciendo aunque sea de manera mental a partir de las frases que se forman espontáneamente en la cabeza. La lengua materna tiene eso: impone a la fuerza el que el cerebro vuelva a ella.

Llevo meses imaginando, componiendo y traduciendo las frases del que será con toda probabilidad el último libro que voy a publicar en inglés, un nuevo compendio de la evolución humana que estamos escribiendo a medias Francisco Ayala y yo. La parte que me corresponde tiene algunos apartados técnicos que de todas formas salen ya en inglés porque están así en su origen, en los artículos y libros que hay que recopilar y discutir. Pero a pesar de ese clavo ardiendo la necesidad de traducir termina por aparecer.

No debería pillarme por sorpresa. Crecí en una familia que tenía en la literatura su modo de vida y su propósito; son innumerables las obras de mi padre que se publicaron en otras lenguas „La familia de Pascual Duarte es una de las obras más traducidas entre todas las novelas escritas en castellano„ y, ya digo, debería estar acostumbrado a los sobresaltos. De hecho lo estoy. A veces oí comentar en casa que en una de las primeras traducciones de esa misma novela, el Pascual Duarte, al alemán se dice que el protagonista fue a Madrid "a ver sus fincas de recreo" allí donde el original decía "por mor de las quintas" (como se llamaba entonces al servicio militar). Cualquiera que haya leído la obra de mi padre sabrá que el pobre Pascual no era un terrateniente.

Los problemas de la traducción han llevado a que proliferen los intentos de lograr verter un texto a otro idioma de manera automática. Abundan en Internet las páginas que traducen a las lenguas más remotas „Google incluye el malgache y hasta el malayaman, distinto por lo visto del malayo„ pero si se intenta meter una frase para obtener su equivalente en algún idioma que nos sea familiar se comprueba de inmediato lo pésimo del resultado. Una historia urbana cuenta que cuando comenzaba la aventura de la traducción automática la Unión Soviética y los Estados Unidos hicieron dos máquinas iguales que pudiesen facilitar una adaptación inmediata y fiable de sus comunicaciones. Para la prueba los americanos metieron la frase "El espíritu es fuerte pero la carne es débil" en la máquina y ésta la tradujo al ruso. Se mandó el resultado a Moscú y allí hicieron lo contrario: verterla al ruso y meter luego el resultado de nuevo en su máquina para que lo tradujese al inglés. Lo que los yanquis recibieron es lo siguiente: "El vodka está bien pero el filete se ha estropeado".

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