historia
La memoria de un exiliado en favor de la reconciliación

Un auditorio abarrotado siguió las disertaciones de los especialistas sobre ´Mi odisea´. / Foto: B. Ramón
mateu cuart. Palma.
Mi odisea (1936-1943), el libro en el que Juan Matas narra sus vivencias durante la Guerra Civil y el período de posguerra, exiliado por un encadenamiento de infortunios en Italia, se presentó ayer en sociedad en un acto en el Centre de Cultura de Sa Nostra en el que participaron los tres autores encargados de los estudios preliminares en forma de "revisión crítica" a "las memorias de un hombre de su tiempo, que el 18 de julio de 1936 vio cómo todo su mundo desaparecía y que, pese a ello, y pese a que en la posguerra vivió un exilio interior, no escribe desde la venganza ni desde el rencor, sino buscando una explicación a una lucha entre hermanos, sin buscar culpables".
Así lo explicó su nieto e historiador, Joan Matas, ante un auditorio lleno en el que se encontraba el presidente del Institut d´Estudis Baleàrics, Sebastià Serra. Para Matas, el libro, editado por Lleonard Muntaner, se propone equilibrar la balanza de una sociedad con "obsesión memorística", pero con carencias de "transmisión de experiencias".
Por su parte, el profesor de la Universidad de Urbino, Alfonso Botti, reveló que el interés por la narración del mallorquín, que no supone "un cambio radical en la interpretación de la Guerra Civil ni del fascismo italiano", radica en que es "un cuento original" -en referencia a lo singular de su frustrada huida a Buenos Aires-, y en que, además, da cuenta de los avatares de una isla avanzada a la península durante la batalla fraticida. "Durante la Guerra Civil, aquí pasó lo mismo que en España pero antes", sintetizó el historiador, quien se propuso romper con la dicotomía entre recuerdo sin conciliación y reconciliación con olvido.
"Nos podemos reconciliar a través de la memoria, y Mi odisea es una prueba de ello, porque supone una distancia que es tranquilizadora por sí misma", concluyó Botti. Le siguió el historiador Miquel Duran, quien aprovechó para mostrar la vertiente humana de un amante de la música, que llegó incluso a compartir con una religiosa italiana. "Si hubiera vivido más, habría acabado haciendo una orquesta, y la monja habría colgado los hábitos", concluyó.

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