Presunta estafa

Caso Minerval: Pablo Escribá solicitaba máxima discreción a los compradores de Minerval

El catedrático investigado por presunta estafa reconoció a una enferma que cambió el nombre del fármaco experimental para su comercialización

17.06.2017 | 02:45
Pablo Escribá, derecha, y su abogado Santiago Fiol, en los juzgados de Vía Alemania

Las claves

  1. Minerval y Oleate Plus son lo mismo
    Según una enferma con un tumor cerebral, el acusado Pablo Escribá le informó que el Minerval y el Oleate Plus son el mismo producto. La defensa del catedrático de la UIB investigado por estafa mantiene que se trata de productos distintos.
     
  2. No comentar con nadie
    Otros testigos señalan que Escribá y personas de su entorno recomendaron a compradores de Minerval que no dijeran nada a nadie sobre ese producto, cuya venta en Europa no estaba autorizada.
     
  3. Venta directa o por internet
    Los testigos han explicado a la Policía que compraron el Minerval o el Dhalifort a través de internet o directamente al propio Escribá, con el que quedaron en su despacho de la UIB o en una cafetería de Palma.

Pablo Escribá, el catedrático de Biología de la UIB acusado de una presunta estafa agravada, pidió discreción a algunas de las personas que en los últimos años le compraron el Minerval, un fármaco en fase experimental que el científico admitió no poder comercializar libremente.

Nuevos testigos han declarado ante el Grupo de Delincuencia Económica de la Policía Nacional y los Mossos d´Escuadra (una mujer residente en Barcelona). Su testimonio ha sido remitido al juez Enrique Morell, que investiga a Escribá, la mujer de éste, el también catedrático de la UIB Xavier Busquets y dos colaboradores del primero, por estafar con la venta de medicamentos que supuestamente curan el cáncer (Minerval) y el Alzheimer (Dhalifort).

Una de las testigos es una mujer mallorquina enferma de un tumor cerebral que contactó con Escribá a finales del año pasado. Esta paciente decidió probar el Minerval como complemento a otros tratamientos tradicionales (cirugía, radioterapia y quimioterapia) y con la creencia de que le podía curar.

El acusado le indicó que el Minerval era apropiado para tumores cerebrales y que ella iba a ser la tercera persona de Mallorca en probar el tratamiento. El catedrático de la UIB confesó a la enferma que la Unión Europea no le permitía vender el Minerval por temas burocráticos, así que había decidido cambiarle de nombre y comercializarlo como un complemento alimenticio y no como un complemento anti-cancerígeno. De esta forma el futuro fármaco pasó a llamarse Oleate Plus en vez de Minerval, según el propio investigado.

Este testimonio contrasta con una de las principales líneas de defensa de Escribá que diferencia claramente entre el Minerval y el Oleate Plus, de los que dice son productos diferentes.

La paciente adquirió 12 botes de Oleate Plus por los que pagó 2.204 euros a Bega Pharmaceuticals, una empresa también investigada.


Tema confidencial

El boca a boca e internet condujeron a muchos desahuciados por el cáncer o a sus familias a Escribá, según están reconstruyendo los investigadores.

La familia de otra mujer mallorquina enferma de un tumor cerebral y que ya ha fallecido ha explicado que un empleado bancario que conocía a la empresa de Escriba Lipopharma por motivos profesionales les habló del Minerval.

Ese contacto les rogó que no dijeran nada a nadie sobre ese posible remedio para el cáncer porque era un tema confidencial y les facilitó una cita con Escribá.

De acuerdo con estos testigos, Escribá les vendió el Minerval en su despacho de la Universidad. Anteayer el rector de la UIB, Llorenç Huguet, afirmó que está en mano de los investigadores judiciales y policiales confirmar que el catedrático usó dependencias de la institución académica para comercializar su producto.

La viuda de un enfermo de cáncer de pulmón fallecido en 2012 ha manifestado que Escribá le comentó que el Minerval estaba indicado para los tumores cerebrales, pero que podía funcionar con su marido.

Esta mujer decidió comprar el falso medicamento contra el cáncery pagó por él la suma de 4.500 euros. El científico acusado de estafa le dijo que la venta al público no estaba permitida, ya que el producto no estaba aprobado como fármaco. Escribá solicitó a la mujer del enfermo que no dijera nada a nadie y menos a los oncólogos que trataban a su esposo, pues ellos no estaban de acuerdo con ese remedio. La testigo abonó, como otros compradores, el producto a la Fundación Marathon.

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