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Sobre este blog de Sociedad

Médico, escritor y columnista en el Diario de Mallorca desde hace 15 años. Entre la oncología y las palabras día tras día, aunque consciente de que, hombre de muchos oficios… Si les apetece más información, la encontrarán en: ...


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  • 28
    Septiembre
    2014

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    Otra vuelta de tuerca a los pobres y algo más

    Se han instalado, en Palma, una veintena de nuevas máquinas expendedoras de tiques de la ORA. De momento, en el Paseo de Mallorca y Jaime III. Y se anuncian más. La diferencia respecto a las anteriores estriba en que, en éstas, debe introducirse la matrícula del vehículo, que figurará impresa en el papelito. De este modo se evitará que el tique pueda ser utilizado por otro, caso de que el usuario abandone el estacionamiento antes de que finalice el tiempo por el que pagó.


    Ignoro la opinión que les merece tal iniciativa, pero a mí se me antoja, a más de un atentado a la privacidad del conductor, deplorable por sus objetivos y de una justicia más que dudosa –en el supuesto de que sea legal-. Me pregunto qué derecho asiste al Ayuntamiento y/o a la empresa concesionaria para seguirnos y ubicarnos sin nuestra autorización, lo que transgrede ese derecho a la intimidad que explicita la propia Constitución. Pero es que, además, compramos la utilización de un espacio en la vía pública por el tiempo que hayamos pagado y, desde esa evidencia, que lo ocupe yo u otro, con mi beneplácito, es asunto que sólo a mí compete. Porque vamos a ver: si compro un café en el bar, ¿puede determinar el dueño quién se lo ha de tomar? Si se trata de la entrada de cine, ¿no puedo regalarla a un amigo? O una hamaca en la playa, por un suponer. Ese principio del Derecho penal que prohíbe la doble sanción por el mismo hecho (“non bis in ídem”), no será si quieren de aplicación en este caso, pero ilustra una intención más que cuestionable respecto a los aparcamientos: la de personalizar el uso y, si se tercia, recaudar por ese espacio más de lo que está acordado. Porque si pago por una hora y me voy a los 30 minutos, la media hora restante podrá cobrarse, desde ahora, por duplicado.


    Eso es, precisamente, lo que hasta aquí solían evitar los “gorrillas” que, sin autorización y por ganarse cuatro perras que les permitan -con suerte- comer, nos indican el espacio vacío y facilitaban, por una propinilla, el tique que le había regalado ése que abandonó el lugar antes de lo que previó. Pues bien: el Ayuntamiento, por boca del Regidor de movilidad, prefiere hacerlos invisibles a echarles una mano. Que desaparezcan, vamos, y la medida, dice, “servirá como presión para que dejen de trabajar”, evitando la picaresca que implica ceder los recibos a otros conductores. ¿Pero qué le importará al Consistorio? ¿No recaudaban, pese a ello, lo establecido para el tiempo de ocupación? Convendrán en que difícilmente puede aplaudirse una gestión que pretende cobrar dos veces por lo mismo, violando la privacidad, como he mencionado, y a expensas de esos pobres que no lo son porque quieran más, sino únicamente algo –merced a los céntimos del tique- que llevarse a la boca. Pero sin duda afean la imagen de nuestra ciudad; máxime porque es de día, hablamos de calderilla, no hay cosa más hiriente a la vista que el pordiosero y, a diferencia de otros lugares próximos y con peores escenas, no hay empresarios de por medio, con lo que el riesgo de contestación es, en principio, inexistente.


    Sin duda, ciertas medidas adquieren carácter simbólico al subrayar, por contraste, las carencias de quienes deciden sobre lo nimio mientras vacilan o miran hacia otro lado en asuntos de más enjundia. ¿Han devuelto la ecotasa esos hoteleros que la cobraron en su día? ¿O los dineros que han robado tantos ladrones merced al cargo? Pero eso son palabras mayores. Por descontado. Es mucho más fácil actuar contra los artistas callejeros, y no sólo músicos –parece razonable proteger el descanso auditivo del vecindario-: también pintores o modelos estáticos, que no podrían llevar “disfraces manufacturados” (¿?), si bien el decreto, del mes de abril, fue retirado a los diez días de su aprobación en un ejemplo más de solidez argumental y decisiones con fundamento. Como remate, y para probar que están en todo pese a tanta promesa incumplida u ocurrencia improcedente, aquí o en Madrid, parece que saldrá adelante eso de vigilarnos a lo Gran Hermano, redondear sus ingresos a costa de los nuestros y cobrar dos veces a expensas de que los gorrillas se queden a dos velas.


    Imagino que no habrá asociación que los defienda o promueva alternativa alguna para ellos y, aunque pueda sobrellevarse mejor, tampoco para hurtarnos a los ojos de quienes estarán en condiciones de espiarnos y saber de nosotros sin derecho alguno que les asista. Por todo ello, presumo que Pinter, el premio Nobel, tenía razón cuando afirmó en su discurso que se necesita gente airada en los tiempos que corren. En esa tónica, no me sorprendería que, con tanto airado sin cauce de expresión frente a quienes han ideado la medida, las máquinas expendedoras de tiques de espionaje comenzaran a estropearse. La venganza como expresión de una justicia salvaje, que dijo Francis Bacon, ya que la otra, la sosegada, la apacible como resultado de un consenso previo, aún está por dar la cara.
     

     

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