Ca s’Andritxol es posiblemente el establecimiento de la capital balear más semejante a un bar de pueblo. Grandes puertas y vigas de madera, baldosas hidráulicas en la barra, alacenas mallorquinas con cubiertos y vajilla, porche, corral e incluso una estancia que fue antigua barbería. La estructura es la de una casa en foravila. Y no es de extrañar, pues Ca s’Andritxol se levanta en el Camí Roig de sa Indioteria rural.

La clientela es local, clase trabajadora, “a veces viene algún ciclista extranjero que tiene como ruta la antigua carretera de Bunyola”. Incluso desayunan en alguna ocasión los turistas que se alojan en la casa rústica con licencia de alquiler turístico que está a dos calles. “Viene gente de Palma, pero también de todos los pueblos. Muchos nos eligen para comer manitas de cerdo, nos dicen que son las mejores que han probado en Mallorca”, celebra orgulloso Pepe Puertas, el alma del bar.