El cadáver fue descubierto ayer por un criador de un zoo situado en las inmediaciones de la ciudad de Yichang, cerca de la presa de las Tres Gargantas, el mayor proyecto hidroeléctrico del mundo.

La Policía ha cerrado el parque, donde viven varias especies protegidas, hasta que se esclarezcan los hechos y baraja una posible confabulación entre empleados del zoo y las redes de tráfico ilegal de órganos y pieles de tigre.

Sólo unos 500 tigres siberianos, conocidos también como tigres de Manchuria, viven en estado salvaje en su hábitat en la región fronteriza entre la Siberia rusa, el noroeste chino y la parte septentrional de Corea del Norte, según el grupo ecologista WWF.

Además de la destrucción de su hábitat, uno de los grandes enemigos de los tigres chinos ha sido la medicina tradicional, que utilizó sus huesos y órganos, apreciados para el reumatismo y como afrodisíacos, sin ninguna restricción hasta 1993, cuando Pekín se sumó al veto internacional del comercio de partes de este felino.