Sombras & pliegues
Leer no te hace mejor persona, pero sí te ayuda a pensar
Hace unos días, María Pombo declaraba en redes sociales que no le gusta leer y que eso no supone ningún problema, añadiendo que quienes leen no son mejores que ella. Aclaró que, en realidad, lo único que hojea son libros de decoración y de moda, principalmente por sus fotografías.

La influencer María Pombo. / EFE JP Gandul
Xisca Bosch
En lo esencial, María Pombo tiene razón: no leer no convierte a nadie en menos valioso. Sin embargo, el modo en que lo expresó, con cierta contundencia y un matiz de soberbia, abre un debate interesante. Porque leer, aunque no nos haga mejores personas en un sentido moral, sí nos enseña a pensar, a desarrollar ideas, a mirar el mundo con mayor amplitud y a abrir horizontes que otras formas de entretenimiento no siempre alcanzan.
Cuando hablamos de lectura, solemos reducirla a la novela o la poesía, como si fuera solo un pasatiempo cultural. Pero leer es mucho más: podemos leer filosofía, historia, sociología, arquitectura, moda, humanidades o antropología. Unas lecturas nos entretienen, otras nos hacen cuestionarnos y otras nos ofrecen herramientas para comprender mejor la sociedad. Leer, entendido en este sentido amplio, es mucho más que ocio: es una forma de crecimiento.
Leer no es un marcador de superioridad moral ni una medalla de prestigio. Pero sí es una fuente de riqueza interior. La lectura amplía vocabulario, estimula la imaginación, entrena la capacidad de análisis y, sobre todo, nos enseña a pensar con más matices.
Este debate nos sitúa entre dos extremos: por un lado, quienes rechazan la lectura como si fuera una pérdida de tiempo; por otro, los intelectuales a los que alude Gilles Lipovetsky en El imperio de lo efímero, que desdeñan lo popular con aires de superioridad. Ninguno de los dos extremos resulta saludable. La lectura no es un capricho elitista ni un hábito inútil: es una herramienta de crecimiento personal y social.

'El imperio de lo efímero' de Gilles Lipovetsky. / .
Entre tantos extremos y opiniones, hay algo bueno: a veces, estas discusiones nos hacen volver a los libros que nos marcaron. La ventaja de toda esta polémica es que me ha llevado a retomar un libro que había leído hace años y que me ha vuelto a fascinar como la primera vez: Cultura, Antropología y otras tonterías, del antropólogo Ángel Díaz de Rada. Allí, el autor escribe: «En este libro criticaré la confusión del concepto de cultura con un saber espiritual […] podemos fácilmente llegar a creer que solo aquellos que trabajan con las ideas, como los artistas o los intelectuales, son dignos de la atribución de la cultura, y que aquellos otros que trabajan con su cuerpo, como los albañiles o los deportistas, no lo son. Asociar la cultura a las ideas lleva ya consigo el prejuicio divisorio entre el alma y el cuerpo. Jamás he visto un cuerpo humano desprovisto de ideas».

'Cultura, antropolgía y otras tonterias' de Angel Díaz de Rada. / .
Esta cita me parece luminosa porque nos recuerda que la cultura no se limita a quienes se dedican a las ideas, ni la lectura convierte automáticamente a nadie en «culto». La cultura es mucho más amplia: atraviesa tanto el pensamiento como la acción, y está presente en todas las formas de vida.
Leer no nos hace superiores, pero sí más conscientes, más críticos y curiosos. No se trata de acumular libros como trofeos ni de despreciarlos como si fueran irrelevantes, sino de reconocer que en cada página hay una oportunidad de aprender, de reflexionar y de mirar la vida con nuevos ojos.
Es importante también que no demos una visión equivocada de lo que significa la moda ni de quienes la amamos. La moda no es un simple escaparate de fotografías bonitas, estética o diseño, es un fenómeno cultural vivo que atraviesa las sociedades, las transforma y evoluciona con ellas. Quienes amamos la moda no lo hacemos solo por su belleza visible, sino porque encontramos en ella un lenguaje poderoso que habla de historia, identidad, cambios sociales y emociones compartidas.

'La sociología de la moda' de Frédéric Monneyron. / .
Y para quienes aman la moda y saben que es mucho más que imágenes bellas, hay lecturas que invitan a pensar: El imperio de lo efímero de Gilles Lipovetsky, Sociología de la moda de Frédéric Monneyron y El nuevo lujo. Experiencias, arrogancia, autenticidad de Yves Michaud, entre otros, muestran que tras cada tendencia hay historia, sociología, filosofía y cambios sociales. La moda también se lee.
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