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SOMBRAS & pliegues

El arte y el alma de la alta costura se reescriben en París

Seguramente te lo has preguntado alguna vez: ¿para qué existen estos desfiles de ensueño, tan alejados del día a día? ¿Quién compra esas prendas irrepetibles que parecen hechas para otro mundo? ¿Qué sentido tiene, en plena era digital, bordar a mano durante cientos de horas un vestido que pocas personas verán en directo?

Schiaparelli.

Schiaparelli.

La respuesta es sencilla y a la vez infinita: la Alta Costura no es solo moda. Es un lenguaje simbólico, un acto artístico, un espectáculo que preserva la esencia de lo artesanal, que comunica el alma de una firma, que marca el pulso creativo de lo que vendrá, que posiciona el lujo como relato… y que, sobre todo, nos invita a soñar.

Durante la Semana de la Alta Costura Otoño-Invierno 2025/26, algunos de los diseñadores más emblemáticos del panorama internacional han hecho del desfile un manifiesto, una mirada íntima y majestuosa a lo que la moda puede ser cuando se libera de las prisas y se entrega al alma.

Schiaparelli abrió las puertas del tiempo y nos invitó a un París al borde del abismo, con una colección monocromática que se hundía en el blanco y negro como si de una fotografía antigua se tratara. Las piezas evocaban la fragilidad de una época previa a la guerra, entre estrellas metálicas, iris en resina y perlas barrocas, con un aliento poético que parecía contener la respiración del mundo.

Desde otro universo, Iris Van Herpen nos sumergió en las profundidades marinas con vestidos que flotaban como criaturas etéreas. Su desfile fue una coreografía líquida donde medusas, algas y corales se materializaban mediante tecnología puntera y tejidos fermentados. Todo vibraba en tonos abisales, desde el azul petróleo al plateado, desdibujando los límites entre lo vivo y lo imaginado.

Iris Van Herpen

Iris Van Herpen / .

Chanel, por su parte, encontró refugio en la naturaleza. Inspirada en paisajes rurales británicos y escoceses, la colección respiraba un lujo sensorial, silencioso, con tweeds que imitaban el pelo de oveja y bordados que parecían brotar de la tierra.

Chanel

Chanel / .

Juana Martín convirtió la pasarela en una procesión andaluza. Con ruán negro y referencias religiosas, su propuesta «Fervor» fue un acto de devoción textil. Las túnicas, los cinturones de penitente y las potencias convertidas en moda dejaron claro que la fe también se puede coser.

Juana Martin

Juana Martin / .

Stéphane Rolland cruzó el cielo con vestidos como constelaciones. Gigantescas lentejuelas, siluetas de sirena y joyas como amuletos transformaron a las modelos en musas galácticas. En su desfile, la Alta Costura se fundió con la ciencia ficción sin perder ni una hebra de elegancia.

Stephane Rolland

Stephane Rolland / .

El oro brilló sin complejos en la colección de Franck Sorbier, quien invocó el mito de El Dorado con trajes barrocos, capas bordadas y tejidos nobles que parecían salidos de un cuento precolombino.

Franck Sorbier

Franck Sorbier / .

Elie Saab rindió tributo a la corsetería francesa con una colección escultórica, entre bordados florales y tonos delicados. Cada vestido celebraba lo femenino desde su esencia más sofisticada.

Elie Saab

Elie Saab / .

Y como broche, Giorgio Armani Privé festejó dos décadas de Alta Costura con un desfile negro absoluto. El poder del esmoquin reinterpretado, la mezcla de géneros y los guiños al glamur de los 80 nos recordaron por qué su firma sigue marcando estilo: porque sabe escuchar el pasado y vestir el futuro.

Giorgio Armani Privé

Giorgio Armani Privé / .

La Alta Costura no está hecha para vestir a las masas. Está hecha para resistir al olvido, para preservar el arte, para comunicar sin palabras, para marcar el pulso de una época, para elevar una marca al olimpo del lujo… y, sobre todo, para emocionar y hacer soñar.

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