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20 años de luces y sombras de Alberto II de Mónaco

Nacido en 1958, Alberto Alejandro Luis Pedro Grimaldi es el único hijo barón de la unión entre el príncipe Rainiero III y la actriz estadounidense Grace Kelly

La princesa Charlene de Mónaco y el príncipe Alberto II de Mónaco posan en el evento 'Bal de la Rose' en Mónaco.

La princesa Charlene de Mónaco y el príncipe Alberto II de Mónaco posan en el evento 'Bal de la Rose' en Mónaco. / Valery HACHE / AFP

Leticia Fuentes

Leticia Fuentes

Se cumplen 20 años desde que Alberto II de Mónaco asumiera el trono de uno de los microestados más ricos del mundo. Dos décadas después, Alberto se ha consolidado en el poder entre escándalos de corrupción, líos amorosos, y una diplomacia silenciosa.

Nacido en 1958, Alberto Alejandro Luis Pedro Grimaldi es el único hijo barón de la unión entre el príncipe Rainiero III y la actriz estadounidense Grace Kelly. A diferencia del glamur que destilaba su madre, y que instauró en el principado, Alberto siempre ha optado por el lujo silencioso. Graduado en Ciencias Políticas, el príncipe siempre destacó por su amor por la naturaleza, algo que se convertiría en una seña de identidad del principado y en su ADN político. Otras de sus cualidades fue su pasión por el deporte, que le llevó a competir en cinco Juegos Olímpicos de Invierno con el equipo monegasco de bobsleigh.

En 2005, con 47 años, el eterno soltero tuvo que dar un paso al frente tras la muerte de su padre y asumir el liderazgo del principado. Con la muerte de Rainiero III terminaba el trono más longevo de Europa y un reinado que inició la transformación de Mónaco en un emblema de lujo, estabilidad y finanzas internacionales. Durante la celebración de su coronación, Alberto expresó su deseo de que el país fuera “una sociedad modelo y un modelo de sociedad”, y prometió servir a su pueblo. El nuevo príncipe quiso empezar su reinado con transparencia, y eso le obligó a reconocer a su hijo -anónimo hasta el momento-, Alexandre Grimaldi, y un año después, a otra hija ilegítima nacida en California en 1992.

Aunque, muchos no confiaban en aquel hombre silencioso, protagonista de portadas de revista por sus escarceos amorosos, durante 20 años, el barón de los Grimaldi ha demostrado ser uno de los jefes de Estado más estables del momento. Bajo su impulso, Mónaco ha vivido en la bonanza económica y ha adoptado políticas ecológicas ambiciosas, reforzando su imagen de Estado comprometido con la conservación del planeta.

“Dinero y virtud deben ir de la mano”

Nada más acceder al trono, Alberto quiso marcar una pauta: “Dinero y virtud deben ir siempre de la mano”, dijo en su primer discurso como príncipe. La adhesión de Mónaco al Consejo de Europa ayudó a modernizar la legislación del país y retirarlo de todas las lista de paraísos fiscales. Aunque en ese aspecto, no todo fueron éxitos.

El principado fue incluido en la “lista gris” del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), el organismo internacional encargado de evaluar las medidas de los gobiernos para luchar contra el blanqueo. Unas sospechas que se incrementarán con la publicación de los cuadernos de un ex empleado de palacio.

Un ex empleado con sed de venganza y un periódico con ganas de destapar. El cocktail perfecto. En 2023, Alberto II comunica por escrito a Claude Palmero, gestor y financiero de su fortuna, y a Thierry Lacoste, su abogado y amigo de la infancia, que prescinde de sus servicios. Lo que pocos sabían, es que Palmero guardaba cinco cuadernos llenos de información que había ido anotando durante las reuniones que tenía con el Príncipe a lo largo de más de 20 años.

Impunidad judicial, extorsión a periodistas, pagos 'en b' a jueces, sociedades 'offshore'… Los cuadernos no solo salpican a Alberto, también sacan a la luz los excesos de su esposa Charlène, y de sus hermanas Caroline y Stéphanie.

Un matrimonio salpicado por la polémica

Desde el principio, la relación entre el príncipe y Charlene Wittstock estuvo rodeada de polémica y rumores. Días antes de la boda, se especuló que Charlene intentó escaparse y que Alberto la obligó a firmar un duro acuerdo prematrimonial. La boda tampoco pasó desapercibida, y el rostro triste de Charlene durante la ceremonia hizo que se ganase la etiqueta de “La novia triste”. 

La publicación alemana 'Bunte' llegó a afirmar que los príncipes viven separados desde hace ya bastante tiempo y que sus apariciones públicas son pactadas por protocolo. Sin embargo, en la celebración de los 20 años de Alberto II en el trono, Charlene quiso poner tierra de por medio a esos rumores con un emotivo discurso sorpresa: “Sabes que siempre estaré a tu lado, junto a todos los monegascos”.

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