25 de enero de 2011
25.01.2011
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Al Azar

Ahorra energía, pagarás más

25.01.2011 | 07:30
Imaginemos un hogar que en 2010 se tomó en serio el consumo responsable de energía. Hubo que modificar las rutinas inveteradas de los adultos, y limitar los caprichos de los menores de la casa. Con notable disciplina y numerosas invocaciones al Dalai Lama –"apago siempre la luz al abandonar una habitación, confío en la propagación de ese pequeño gesto"–, la unidad familiar recortó la factura eléctrica en un diez por ciento. ¿Por qué ciframos el ahorro en ese porcentaje? Porque ésa fue la subida ordenada por las eléctricas al Gobierno de antiguos y futuros ejecutivos de las eléctricas. Si los consumidores sensibilizados hubieran rebajado su menú energético en un veinte por ciento, tal sería el margen de subida. Y así sucesivamente.
La próxima campaña ridícula de sensibilización, a cargo del ministerio de futuros ejecutivos de las eléctricas, se regirá por el eslogan "Ahorra energía, pagarás más". La austeridad del consumidor facilita la producción, transporte y cobro de la electricidad, con lo cual sus réditos se elevan por encima del alza teórica de la factura. Es decir, tú no ahorras, pero la compañía sí lo hace. Tú no obtienes recompensa por tu esfuerzo, la empresa suministradora se beneficia de tu sensibilidad. Medio siglo después de la acuñación del lema "piensa en global, actúa en local", la única función de la ecología consiste en mantener a los ciudadanos abroncados a perpetuidad.
Economizar sale caro. Cuando el ahorro de energía alcance el cien por cien, el precio de la electricidad será infinito, el nirvana de las compañías. Este fenómeno no se reduce al flujo de electrones, ocurre también con el recibo del agua y demás servicios indispensables. Al renegar del yugo hipotecario con la crisis, se consolidaba el espejismo de que los contribuyentes pasaran a controlar su economía. Los muy ilusos pensaban que, sin esclavizarse con el mercado inmobiliario y al quedarse en casa, conseguirían ahorrar. El Gobierno y sus recaudadoras, o viceversa, les han demostrado que su frugalidad será recompensada con una exacción a domicilio.
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