Para muchos rusos, la muerte de León Tolstoi hace 100 años significó el fin de una época. Cuando en 1910 falleció el autor de los reconocidos clásicos Guerra y paz y Anna Karenina en la modesta casa de un guardia ferroviario en Astapovo, el país perdió uno de sus mayores pensadores, un referente moral.

Para morir, el anciano abandonó la pintoresca localidad de Yasnaya Polyana, ubicada a 200 kilómetros al sur de Moscú, que tanto amaba. Que el ermitaño barbudo muriera en una sencilla cama y fuera enterrado en un rudimentario ataúd estuvo en consonancia con la vida austera que siempre predicó, aunque él mismo nunca la puso en práctica. "Ya no puedo vivir en estas condiciones de lujo", escribió.