Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) se hizo escritor tratando de imitar a Witold Gombrowicz, del que no había leído una sola línea pero del que conocía sus rarezas. Cuando leyó al autor polaco descubrió que no se parecía en absoluto pero advirtió que había desarrollado una voz propia y singular. Desde su primer libro, ´La asesina ilustrada´, en 1977, no ha dejado de publicar: ´Bartleby y compañía´, ´El mal de Montano´, ´París no se acaba nunca´, ´Doctor Pasavento´ o ´Dublinesca´.

–El escritor Rodrigo Fresán dice que usted es el más argentino de los escritores españoles, ¿está de acuerdo?

–También me lo han dicho en Portugal y en México. Creo que se debe a que mi escritura no es identificable con ningún territorio nacional. En el lugar donde estoy, estoy cómodo y llevo la fiesta conmigo, me integro en el paisaje de forma natural.

–En su última novela, ´Dublinesca´, habla de un editor en crisis y augura el fin del papel, ¿está muy cerca?

–Hablo de una idea de fin del mundo, de fin de etapa, y la relaciono con el fin de la era Gutenberg, que da paso a la nueva era Google. La sensación de estar en el fin del mundo ha estado siempre en la historia de la humanidad, ya estaba en la Biblia.

–Usted dice que escribe sin saber cómo acabará la historia. ¿Cómo cree que acabará esta legislatura?

–Siempre digo que nadie sabe lo que va a suceder, no soy de estos escritores que saben lo que va a pasar, igual que no sé cuál será el destino del libro electrónico. En el mundo actual hay muchos cambios bruscos y rápidos, lo que parece que va a ir muy mal puede convertirse de repente en lo contrario. Hay tantas sorpresas, y a tanta velocidad, que no sabemos ni siquiera si dentro de tres meses Rajoy y Zapatero estarán en la primera fila.

–Durante meses se está hablando de casos de corrupción política, ¿le preocupa?

–Es un gravísimo peligro que se acepte la corrupción como algo natural, caeríamos en la situación de Italia, que es pavorosa. Vengo de allí y Berlusconi ha dicho a los italianos que tienen que hacer lo que hace él, saltarse todas las normas, y esto hunde a un país. Por ahora España no ha caído en esta situación, aunque Umberto Eco ya ha dicho que a Europa le espera el futuro de Italia. Esperemos que no.

–¿Le sorprendió el Nobel de Vargas Llosa porque pensaba que ya lo tenía?

–Sí, pensé que hacía quince años que se lo habían dado. Creo que la Academia sueca siempre ha ido muy atrasada. Basta mirar que se lo dieron a Cela muchos años después de ´La familia de Pascual Duarte´ y fue muy protestado en su momento, igual que se protestó a Octavio Paz, mientras que con Vargas Llosa ha habido un sentimiento unánime de que le correspondía y todo el mundo estaba de acuerdo en que debía tenerlo desde hace años.

–¿Y usted lo comparte?

–¿La opinión general? No. Mi opinión es que es un autor de obras maestras y casi diseñado para tener el Nobel. Es un hombre perfecto: escribe bien, es simpático, tiene todas las cualidades para ser un premio Nobel, su trayectoria es impecable y no hay nada que objetar. Ojalá tuviera siempre esa categoría el ganador.

–Últimamente hay escritores un poco deslenguados, como Pérez Reverte o Sánchez Dragó, ¿usted qué opina?

–Me quedé asombrado de ver que en internet las dos noticias que más gente había leído en España eran la de Sánchez Dragó y la de la muerte del pulpo Paul. Y con esto se podría hacer una novela entera porque dice mucho de la situación cultural española.

–¿Se siente igual de admirado que odiado como escritor en España?

–Nno puedo controlar amores y odios pero estoy seguro que hay de todo. Bueno, han crecido los amores, la verdad; los odios ya estaban.