el desliz
Willy Soler, ´ancien combatant´
PILAR GARCÉS
Algo habrá llovido desde aquel 1 de enero de 1971 en que Guillermo Soler Summers, el querido Willy, firmó su contrato con DIARIO de MALLORCA. Esta semana se jubila y yo flipo tanto o más que el Rey, quien el año pasado le dijo a nuestro veterano: "¿Que te jubilas? ¿Y cómo se hace eso?" Muy bueno, Majestad. Pero mi duda es la contraria. No sé cómo se aguanta una larga y provechosa vida en una profesión como ésta, tan apasionante y tan intensa, tan mal hablada y peor vista, tan poco rentable a corto y a medio plazo, tan sometida en los tiempos que corren a toda clase de domadores y domesticadores. Tan cansada incluso para los incansables. Tal vez Willy nos quiera revelar el secreto, ahora que se va para seguir escribiendo, para seguir vigilando la Bahía y el mar, para continuar pateándose la isla y la ciudad, de velada en velada, de noticia en noticia, pero sin hora de cierre. Qué relax.
Reportero corajudo, independiente y temperamental, Guillermo grita improperios a diestro y siniestro cuando ve la redacción demasiado llena de plumillas, demasiado silenciosa. "¡¡Qué hace aquí tanta gente!! ¡¡A la calle!! ¡¡Lo que le importa a la gente está en la calle!!" El terror de los novatos, o sea. Su peor insulto: "Eres un periodista de teléfono". Su mejor bagaje, décadas siguiendo a los protagonistas de la actualidad, desde Gracia de Mónaco a Julio Iglesias, sin perder ripio, acumulando anécdotas de esas que clavan retratos y biografías, y con una curiosidad a prueba de bombas y otras enfermedades. "No me lo han contado, lo he visto yo", suele advertir. Vacunado contra la pereza y el pesimismo, un elogio suyo vale un mundo. Nunca se ha creído Willy que hoy ha quedado todo dicho, porque mañana hay que hacer otro periódico. Con la vista y el respeto puestos en el lector, ese ser mítico que merece saber lo máximo a cambio de su confianza.
Deben contarse por miles los kilómetros que Guillermo Soler ha transitado por tierra, mar y aire, siguiendo maniobras militares; por cientos las botellas que ha descorchado en su faceta de cronista gastronómico; por miles los retratos de habitantes de la ciudad que ha trazado, armado de bolígrafo y cámara de fotos. Emplea la enciclopedia como nosotros usamos google y le interesa todo, absolutamente todo. "Has puesto en el pie de foto ´tanque´ y es un ´carro de combate´, ignorante", suelta el ancien combatant, como le gusta definirse. O "fracasará como ya les pasó a Alejandro Magno y a Napoleón". Cuando la Reina visitó la redacción del Diario, le vio y confesó: "Oh, qué bien. Una cara conocida". En efecto, Señora. Nos va a costar un disgusto mirar a su rincón saturado de papeles, revistas y libros y no ver a Willy enfrascado en un reportaje sobre la Transición, sobre la Guerra Civil, sobre la historia de una plaza, y no escuchar sus diatribas contra el último desmán político, sus rubias carcajadas. Yo quiero a Willito porque, además de todo lo antedicho, nadie piropea como él. Ahí sí que no vendrá relevo. Ahora le disfrutarán Margarita y Julio, y a nosotros nos toca echarle de menos y hacer el periódico de mañana.
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