Ciencias de la Tierra
El hielo marino de la Antártida colapsó por un triple golpe de caos climático
La combinación de vientos intensos, aguas profundas más cálidas y un bucle de retroalimentación salina es la causa del derrumbe récord del hielo antártico

Pingüinos sentados sobre el hielo marino de la Antártida. / Crédito: Universidad de Southampton.
Pablo Javier Piacente / T21
La Antártida está siendo devastada por un triple golpe de caos climático que ha derretido el hielo marino a mínimos históricos, según revela un nuevo estudio. Se trata de una serie de eventos compuestos en tres fases, que desequilibraron el Océano Austral, que rodea la Antártida, arrastrando agua inusualmente cálida y salada desde las profundidades hasta la superficie.
Según una investigación publicada en la revista Science Advances y liderada por la Universidad de Southampton, en el Reino Unido, la Antártida ha pasado de resistir el calentamiento global a sufrir una caída abrupta de su hielo marino. Este colapso se explica por un “triple golpe” de caos climático: primero, el empuje de aguas profundas cálidas; después, una mezcla oceánica más intensa y, por último, un ciclo de retroalimentación que impidió la recuperación del hielo.
El triple efecto devastador
De acuerdo a una nota de prensa, la Antártida fue considerada durante décadas una anomalía frente al calentamiento global, pero atravesó en los últimos años un giro abrupto: su hielo marino dejó de crecer y comenzó a desplomarse hasta alcanzar mínimos récord.
Los científicos sostienen ahora que detrás de ese cambio existe una secuencia de eventos encadenados, que desestabilizaron al Océano Austral y empujaron a la región a una nueva etapa de pérdida acelerada de hielo. El fenómeno se describe como un “triple golpe” climático.
En principio, hacia 2013 se intensificaron los vientos y comenzaron a arrastrar hacia la superficie aguas profundas inusualmente cálidas y saladas. Sobre 2015, un episodio de mezcla oceánica más intenso llevó ese calor directamente a la capa superficial y aceleró el derretimiento, con un impacto muy fuerte en la Antártida oriental. Ya desde 2018, el sistema quedó atrapado en un círculo vicioso: con menos hielo disponible para derretirse, la superficie se mantuvo más salina y cálida, dificultando la formación de nuevo hielo.
El resultado fue una caída de enorme magnitud en la capa helada. Los autores afirman que el retroceso del hielo marino llegó a destruir superficies equivalentes al tamaño de Groenlandia, y que en 2023 se registraron mínimos históricos alrededor del continente.
Un nuevo motor del calentamiento global
Uno de los hallazgos más importantes del trabajo es la asimetría entre el este y el oeste del continente. En la Antártida oriental, la pérdida estuvo dominada casi por completo por el océano, impulsado por la subida de aguas profundas más calientes.
En la occidental, en cambio, el calor quedó atrapado bajo una fuerte cobertura nubosa, canalizada por aire cálido procedente de latitudes subtropicales: esa configuración favoreció el deshielo estival en 2016 y 2019. Los especialistas creen que el colapso no responde a una sola dinámica regional, sino a una interacción de procesos atmosféricos y oceánicos.
Referencia
Compound drivers of Antarctic sea ice loss and Southern Ocean destratification. Aditya Narayanan et al. Science Advances (2026). DOI:https://doi.org/10.1126/sciadv.aeb0166
El punto crucial es que el hielo marino antártico actúa como un espejo planetario: refleja radiación solar hacia el espacio y ayuda a mantener el balance térmico del sistema climático. Su pérdida podría debilitar las corrientes oceánicas que almacenan calor y carbono, acelerar el calentamiento global y desestabilizar plataformas de hielo que hoy frenan el avance de los glaciares hacia el mar, con impacto directo en el nivel del océano.
De esta manera, si continúan los vientos más intensos y el ascenso de calor desde el océano profundo, el sistema podría ingresar en un estado prolongado de baja extensión de hielo marino incluso más allá de 2030. Según concluyen los investigadores, el Océano Austral podría dejar de ser un estabilizador climático para convertirse en un nuevo motor del calentamiento global.
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