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Neurociencias

La relación entre piel y cerebro es vital para reconocernos

La temperatura de la piel y la capacidad de percibir estímulos térmicos cálidos y fríos son aspectos fundamentales para la supervivencia humana, pero además nos permiten reconocernos

La piel y el cerebro mantienen una íntima conversación, como cuando nos abrazamos.

La piel y el cerebro mantienen una íntima conversación, como cuando nos abrazamos. / Crédito: Natalia Sobolivska en Unsplash.

Pablo Javier Piacente / T21

Una investigación explora cómo la "termocepción", que es nuestra percepción de los cambios en la temperatura de la piel, como cuando recibimos un abrazo cálido o sentimos un escalofrío, influye en la fuerza con la que experimentamos nuestros cuerpos como realmente "nuestros", creando la denominada autoconsciencia.

Un cuerpo que se siente propio depende también de señales sencillas y constantes, más allá de los mundos que podemos crear con nuestro cerebro o los artilugios del lenguaje, que también nos definen. El calor y el frío que recorren nuestra piel aportan algunas de esas señales más simples, produciendo la capacidad de reconocer nuestra propia existencia.

Un nuevo estudio científico publicado en la revista Trends in Cognitive Sciences y desarrollado por investigadores de la Universidad Queen Mary de Londres, en el Reino Unido, y de la Universidad de Pavía, en Italia, pone el foco en la termocepción o percepción de la temperatura cutánea, argumentando que esas señales “de piel a cerebro” no solo regulan la homeostasis o el equilibrio corporal más allá del entorno, sino que además ayudan al cerebro a crear autoconsciencia de nuestro propio cuerpo.

Sistema integrado entre piel y cerebro

De acuerdo a una nota de prensa, la termocepción funciona junto al tacto, la visión y la propiocepción, que es la capacidad del cuerpo para identificar los movimientos de sus partes sin ayuda visual, sosteniendo aquello que los investigadores llaman la consciencia corporal. Se gesta de esta forma un sistema integrado entre piel y cerebro, que sustenta la autoconsciencia.

Las señales térmicas activan vías nerviosas y proyecciones al córtex insular y a redes fronto-insulares, áreas cerebrales implicadas en integrar información de las cosas que suceden dentro del cuerpo y de los estímulos que vienen del exterior. De esta manera, podemos diferenciar el calor que proviene del Sol de aquel aportando por un abrazo, reforzando la sensación de pertenencia y el vínculo afectivo con otros.

Se sabe por investigaciones recientes que tras lesiones cerebrales o en condiciones como la anorexia nerviosa y ciertos trastornos disociativos, la percepción térmica puede verse alterada. En consecuencia, aparecen sensaciones de desapego o “no pertenencia” hacia partes del propio cuerpo. En la nueva investigación, los científicos resaltan la importancia de la termocepción y su estímulo, precisamente para contar con más herramientas para evitar estas alteraciones.

Referencia

Shaping bodily self-awareness through thermosensory signals. Gerardo Salvato et al. Trends in Cognitive Sciences (2025). DOI:https://doi.org/10.1016/j.tics.2025.11.008

Usos concretos

En rehabilitación neurológica, por ejemplo, la inclusión de retroalimentación térmica en terapias podría ayudar a restablecer la coherencia sensorial y la sensación de control sobre una extremidad afectada. En ingeniería de prótesis y dispositivos hápticos, añadir señales de calor o frío congruentes con la acción del usuario podría aumentar la sensación de naturalidad y reducir el rechazo de la prótesis como “cuerpo extraño”.

En el plano psicológico, entender la función del calor interpersonal permite comprender por qué un abrazo cálido calma y reduce el estrés, entre otros ejemplos. Los autores también advierten sobre el contexto ambiental: el cambio climático y las exposiciones térmicas extremas podrían alterar patrones de percepción corporal y, en consecuencia, el bienestar emocional de personas vulnerables.

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