Con la ayuda de satélites y datos GPS, los científicos han descubierto cerca del Polo Sur un enorme meteorito de casi ocho kilos, procedente del cinturón de asteroides de nuestro sistema solar. Ahora será analizado el Real Instituto Belga de Ciencias Naturales.

Un equipo de científicos ha soportado las inhóspitas condiciones del desierto helado de la Antártida para recuperar cinco nuevos meteoritos, incluida una monstruosa roca espacial de casi ocho kilos. Los meteoritos por lo general suelen pesar entre 10 y 50 gramos.

Ese monstruoso meteorito procede originalmente del cinturón de asteroides de nuestro sistema solar y ha esperado decenas de miles de años para su descubrimiento tras su llegada a la Tierra, según anunció la Universidad Libre de Bruselas (ULB) en un comunicado.

Con la ayuda de imágenes satelitales y coordenadas GPS, los investigadores descubrieron numerosos meteoritos en el área. Para ello, tuvieron que acampar en difíciles condiciones a diez grados bajo cero y entre dunas de nieve.

Oportunidades únicas

Con condiciones tan gélidas incluso en pleno verano, la Antártida puede parecer un lugar poco probable para que cualquiera elija visitarlo, pero para los cazadores de meteoritos como este equipo, esta gélida vista ofrece oportunidades únicas. Eso es porque la Antártida es uno de los mejores lugares del mundo para buscar meteoritos.

La Antártida es un desierto con un clima seco, lo que reduce la cantidad de meteorización que experimentan los meteoritos. Además, a través del paisaje nevado blanco, el tono negro de estas rocas espaciales se destaca cuando están en la superficie de la región.

Las condiciones en la Antártida son incluso favorables para el descubrimiento de meteoritos que pueden haberse hundido bajo la nieve y el hielo. Esto se debe a que el movimiento agitado de los glaciares que se mueven contra la roca puede volver a exponer los meteoritos cerca de la superficie.

Algo insólito

María Valdés, científica investigadora del Field Museum y de la Universidad de Chicago, estima que, de los aproximadamente 45.000 meteoritos recuperados de la Antártida durante el siglo pasado, solo alrededor de un centenar son de este tamaño o más grandes.

“El tamaño no importa necesariamente cuando se trata de meteoritos, e incluso los micrometeoritos diminutos pueden ser increíblemente valiosos desde el punto de vista científico pero, por supuesto, encontrar un meteorito grande como este es raro y realmente emocionante”, explica Valdés.

Valdés fue una de las científicas de la misión, dirigida por Vinciane Debaille, de la Université Libre de Bruxelles (FNRS-ULB). El equipo de investigación lo completaron Maria Schönbächler (ETH-Zurich) y Ryoga Maeda (VUB-ULB).

Estas investigadoras fueron las primeras en explorar posibles nuevos sitios de meteoritos mapeados utilizando imágenes satelitales.

Rocas esparcidas por un campo de hielo, con los científicos buscando meteoritos en el fondo. María Valdés.

Los hay mayores

Aunque no se puede negar que el meteorito más grande recuperado por el equipo es enorme, está lejos de ser el ejemplo más grande o masivo de una roca espacial de este tipo que llegó a la superficie de la Tierra.

Ese récord lo tiene el meteorito Hoba, descubierto en Namibia: mide 2,7 metros de largo, 0,9 metros de espesor y pesa alrededor de 66 toneladas. Eso es casi 7.765 veces más pesado que el meteorito antártico descubierto por este equipo.

La enorme nueva roca espacial y los otros meteoritos recuperados por los investigadores ahora serán analizados en el Real Instituto Belga de Ciencias Naturales, mientras que los miembros del equipo dividirán y estudiarán individualmente muestras de sedimentos que recolectaron de la Antártida.

“Emprender una aventura explorando áreas desconocidas es emocionante”, dice Debaille, “pero también tuvimos que lidiar con el hecho de que la realidad sobre el terreno es mucho más difícil que la belleza de las imágenes de satélite”.

Verano ártico

A pesar de programar su viaje para el verano de la Antártida a fines de diciembre, las temperaturas rondaron los -10°C.  Valdés señala que algunos días durante su viaje, en realidad hacía más frío en Chicago que en la Antártida, pero pasar días montando motos de nieve y caminando por campos de hielo y luego durmiendo en una tienda de campaña hizo que el clima antártico se sintiera más extremo.

Valdés dice que está ansiosa por ver qué revelan los análisis de los meteoritos, porque “el estudio de los meteoritos nos ayuda a comprender mejor nuestro lugar en el universo. Cuanto mayor sea el tamaño de muestra que tengamos de meteoritos, mejor podremos entender nuestro Sistema Solar y mejor podremos entendernos a nosotros mismos”.