Un grupo internacional de investigadores, basado en datos aportados por científicos ciudadanos en los últimos 12 años, ha concluido que la contaminación lumínica global se está incrementando peligrosamente a un rimo del 10 % anual, muy superior a las previsiones de los especialistas. El exceso de luz artificial por las noches desemboca en que un 30 % de la población mundial ya no pueda apreciar la Vía Láctea en el cielo nocturno, en una tendencia que se intensifica y que tiene además consecuencias negativas para la observación astronómica, el equilibrio ecológico y la salud humana.

Científicos del NOIRLab (National Optical-Infrared Astronomy Research Laboratory), en Estados Unidos, y del Centro Alemán de Investigación en Geociencias GFZ, en Alemania, han desarrollado un nuevo estudio sobre el impacto de la polución lumínica global, publicado recientemente en la revista Science. La investigación se basa en observaciones de científicos ciudadanos entre 2011 y 2022, en el marco de un proyecto denominado Globe at Night: los expertos concluyen que existió en el período estudiado un aumento en el brillo artificial del cielo de hasta un 10 % por año en la banda visible humana, un incremento más intenso que los cambios de emisiones indicados por las observaciones satelitales.

Noches sin estrellas

A partir de estas variaciones, los autores descubrieron que las estrellas más tenues del cielo nocturno quedan ocultas para la mayor parte de la población del planeta, aunque ya se sabía que un 30 % de la humanidad, en función de los niveles actuales de contaminación lumínica, no puede apreciar la conmovedora y tradicional vista de la Vía Láctea cuando dirige su mirada hacia el cielo por las noches. 

De acuerdo a una nota de prensa, las mediciones satelitales no reflejan estos violentos cambios en el incremento de la polución lumínica porque los equipos utilizados son “ciegos” a la iluminación por diodos emisores de luz (LED), una tecnología que cada vez es más utilizada en viviendas, empresas, luminarias urbanas y pantallas publicitarias. En consecuencia, los científicos liderados por Christopher Kyba concluyeron que es urgente actualizar tecnológicamente a los satélites utilizados en estas observaciones, para que reflejen fielmente el aumento en la contaminación lumínica. 

El incremento desmedido de la iluminación artificial es un fenómeno que se ha intensificado fuertemente en las últimas décadas, a partir de una creciente necesidad de iluminar espacios públicos, jardines privados, fachadas de edificios y todo tipo de escenarios urbanos y periurbanos, para incrementar supuestamente la seguridad vial y personal. Al mismo tiempo, se trata de un cambio cultural: se aprecian las “luces de la ciudad” como un paisaje agradable, cuando históricamente el ser humano iluminó sus noches con la luz de la Luna. 

Consecuencias científicas, culturales, ambientales y en la salud

En base a esta realidad, los especialistas indicaron que una persona que nace hoy en un punto del planeta en el que pueden observarse a simple vista 250 estrellas por las noches, solamente podrá apreciar 100 estrellas cuando llegue a sus 18 años de edad. La pérdida de este contacto visual directo con el cosmos es un grave perjuicio para el patrimonio cultural de la humanidad, pero además afecta a la observación astronómica: aunque hace bastante tiempo que los científicos “mudaron” sus instalaciones a sitios remotos para mejorar sus observaciones, el aumento de la polución lumínica también dificulta los estudios en zonas alejadas. 

Por si esto fuera poco, también hay consecuencias negativas para el equilibrio ecológico y la salud humana. El incremento de la iluminación artificial nocturna genera cambios en el comportamiento de diversas especies animales, favoreciendo a ciertos depredadores y perjudicando a otras variedades, que podrían ubicarse rápidamente en situación de peligro de extinción. En tanto, el ser humano disminuye su producción de melatonina en respuesta a la luz artificial nocturna, una sustancia vital para el control del reloj circadiano y los ritmos fisiológicos.

Por último, vale recordar que los procesos necesarios para producir, instalar y operar la iluminación artificial exterior liberan gases de efecto invernadero a la atmósfera y contribuyen al calentamiento global. Se estima que se generan 200.000 millones de kilogramos de dióxido de carbono, para producir la energía eléctrica por hora requerida para alimentar a las luces exteriores nocturnas.

Referencia

Citizen scientists report global rapid reductions in the visibility of stars from 2011 to 2022. Christopher C. M. Kyba, Yigit Öner Altıntas, Constance E. Walker and Mark Newhouse. Science (2023). DOI:https://doi.org/10.1126/science.abq7781