Un estudio comparativo que abarcó más de mil especies de aves concluyó que el factor clave que determina el tamaño del cerebro durante la etapa de desarrollo es el cuidado de los padres y las madres. Los pájaros con cerebros más grandes y con una mayor riqueza cognitiva no podrían haber alcanzado ese crecimiento en forma autónoma, debido al fuerte gasto energético requerido. Sin embargo, pudieron conseguirlo gracias al aporte del cuidado paterno y materno. 

Un equipo de científicos dirigido por el biólogo Michael Griesser, de la Universidad de Konstanz y el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal, en Alemania, estudió el papel que juega el cuidado de los padres y las madres en el desarrollo y la evolución del tamaño del cerebro de las aves. Analizaron y compararon 1.176 especies, determinando cuánta energía invierten los padres y las madres para criar a sus hijos. Los resultados de la investigación se han publicado recientemente en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

La ventaja de los cerebros más grandes 

Los científicos saben que los cerebros más grandes admiten numerosas adaptaciones cognitivas y, por lo tanto, presentan múltiples beneficios y una ventaja comparativa. No obstante, los altos costes energéticos del tejido cerebral pueden haber impedido la evolución de grandes cerebros en muchas especies. 

Esta dinámica también estaría relacionada con la crianza: los individuos más jóvenes, con sus cerebros inmaduros y de bajo rendimiento, enfrentarían un gran obstáculo energético si tuvieran que hacer frente al crecimiento de sus propios cerebros de forma independiente, especialmente en especies con cerebros más grandes. 

De esta manera, los investigadores partieron de una hipótesis que finalmente confirmaron: el aprovisionamiento y el cuidado de los padres y las madres es vital para el desarrollo y la evolución del tamaño del cerebro adulto en las aves. Y no es un tema menor: si bien todos los animales tienen cerebro, algunas especies tienen cerebros bastante grandes en relación con el tamaño de su cuerpo, y esto es particularmente ventajoso. 

Según una nota de prensa, un cerebro grande brinda más flexibilidad para superar los problemas cotidianos y les permite tomar mejores decisiones o encontrar soluciones innovadoras. Sin embargo, el tamaño relativo del cerebro, siempre en relación con el tamaño del cuerpo, varía enormemente entre las aproximadamente 10.000 especies de aves que existen en nuestro planeta. 

El factor crítico es el cuidado paterno y materno

A pesar de esto, el análisis comparativo de 1.176 especies de aves realizado por los investigadores alemanes muestra que varias medidas de cuidado de los padres y las madres, como por ejemplo el tiempo dedicado al aprovisionamiento de las crías, predicen con fuerza el tamaño relativo del cerebro adulto en todas las especies estudiadas. Esto sucede tanto en las especies precoces, que son independientes prácticamente desde el nacimiento, como en las aves altriciales, que nacen subdesarrolladas.

Por lo tanto, los científicos concluyeron que la evolución del aprovisionamiento de los padres y las madres facilitó a las especies hacer frente a la restricción energética aparentemente insuperable del crecimiento de cerebros más grandes, permitiendo al mismo tiempo a las distintas especies de aves aumentar la supervivencia y la estabilidad de su población

En resumen, el factor crítico para el tamaño del cerebro es cuánta energía invierten los padres y las madres en el crecimiento de sus crías, a través del tamaño del huevo y la alimentación activa de las crías después de la eclosión. Los cerebros grandes, en particular, crecen a expensas de los padres y las madres: sin su aporte de energía, los cerebros de los jóvenes no podrían desarrollarse hasta su máximo potencial. 

Referencia

Parental provisioning drives brain size in birds. Michael Griesser, Szymon M. Drobniak, Sereina M. Graber and Carel P. van Schaik. PNAS (2023). DOI:https://doi.org/10.1073/pnas.2121467120