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Ignacio Leiva, un buen hombre y un buen guardia civil

Fallece tras una larga enfermedad uno de los pioneros de la Policía Judicial, que resultó herido de gravedad en 1995 al ser apuñalado por un peligroso delincuente

Ignacio Leiva, cuando fue condecorado con la medalla con distintivo rojo en 1996.

Ignacio Leiva, cuando fue condecorado con la medalla con distintivo rojo en 1996. / DM

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Xavier Peris

Xavier Peris

Palma

Hay personas que concitan una especie de consenso, un acuerdo generalizado. En los más de cuarenta años que estuvo de servicio, nunca nadie habló mal de Ignacio Leiva. Guardia civil hasta la médula, pionero en el grupo de Policía Judicial de Calvià, experto investigador contra bandas organizadas de ladrones y narcotraficantes, aunque también participó en casos de asesinato. Recibió la máxima distinción de la Guardia Civil, la medalla al mérito con distintivo rojo, tras ser apuñalado en el cuello por un peligroso delincuente en Palma en 1995. Aquel día, herido de gravedad y a punto de morir desangrado, todavía ayudó a su compañero a reducir a su agresor. Ignacio Leiva ha fallecido hoy a los 70 años tras una grave enfermedad.

Llegó a Mallorca en su primer destino, a mediados de los años setenta, directamente desde la academia de guardias de Valdemoro. Tenía 19 años. Y en Mallorca desarrolló toda su carrera profesional. Tras unos años prestando servicio de uniforme, en los que destacó por su capacidad de trabajo, en los años ochenta fue seleccionado para integrar el primer equipo de investigación del puesto de Palmanova, precedente de la actual Policía Judicial. Junto a Cristino Seguí y Marines Maimó, y al mando del entonces teniente Tolo del Amor, formó un equipo que plantó cara a las bandas organizadas de ladrones que empezaba a actuar en Mallorca. Su actitud amable, siempre dispuesto a ayudar, le hizo ser muy apreciado por sus compañeros y ciudadanos.

De ahí pasó a la Policía Judicial. Formó parte del primer grupo de Delitos contra el Patrimonio. Participó en la desarticulación de numerosas organizaciones delictivas. No solo de ladrones, también intervino en las grandes operaciones antidroga y en investigación de homicidios en los años noventa.

En 1995 estuvo al borde de la muerte. Cuando se disponía a detener a un peligroso delincuente en su domicilio de es Rafal, en Palma, se vio sorprendido por el individuo, que empuñó un machete militar y le apuñaló en el cuello. Gravemente herido y mientras perdía mucha sangre, todavía tuvo los arrestos de ayudar a su compañero a desarmar a su agresor y esposarle. Se salvó casi de milagro, y en cuanto se recuperó volvió al servicio. Por esta acción los dos recibieron la medalla al Mérito de la Guardia Civil con distintivo rojo, la máxima distinción de la Benemérita.

En sus últimos años de servicio sufrió una grave enfermedad, pero se recuperó y volvió a la actividad. Podría haber sido destinado a un tranquilo puesto de oficina, pero echaba de menos la calle, así que solicitó entrar en un grupo operativo. Pasó al Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga (EDOA). Todavía participó en operaciones contra bandas de narcotraficantes junto a compañeros que podrían ser sus hijos. Se retiró finalmente en 2020. En los últimos tiempos se vio aquejado por la misma enfermedad y ha fallecido hoy viernes. Su funeral se celebrará el próximo miércoles 3 de junio a las siete de la tarde en la ermita de Portals Nous, en Calvià..

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