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HISTORIA CRIMINAL

El joven que mató a tiros a dos personas en la Playa de Palma

Francisco Caro descerrajó dos disparos con la escopeta de su padre a una joven azafata y al progenitor de un amigo al sufrir un brote psicótico. En el juicio, se le absolvió al considerarle inimputable.

Operarios de los servicios funerarios trasladan el cadáver de Nicolás Aparicio.

Operarios de los servicios funerarios trasladan el cadáver de Nicolás Aparicio. / Lorenzo

Lorenzo Marina

Lorenzo Marina

Palma

Sobre las cuatro y media de la madrugada del 3 de mayo de 1994, la joven azafata de tierra de la compañía Air Europa Rosa María Rodríguez García, de 27 años, se dirigía al garaje en la Playa de Palma a recoger su coche para ir a trabajar. De repente un joven se le acercó y le descerrajó un tiro con una escopeta de caza a bocajarro. La víctima murió en el acto. Unas doce horas después, Nicolás Aparicio Martínez, de 40 años, fue abatido de otros dos disparos en el tórax en la puerta de su domicilio, situado a escasos metros de distancia del anterior crimen. La investigación policial condujo a la detención del joven Francisco Caro Brocal, de 19 años, como presunto autor del doble crimen. Al asesino se le diagnosticó una esquizofrenia paranoide. En el momento de disparar a las dos víctimas sufrió un brote psicótico. Durante el juicio en la Audiencia de Palma fue absuelto al considerar que era inimputable por no ser en esos momentos responsable de sus actosy se decretó su ingreso en el centro psiquiátrico penitenciario de Fontcalent, en Valencia.

La azafata Rosa María Rodríguez, asesinada por Francisco Caro al entrar en su garaje.

La azafata Rosa María Rodríguez, asesinada por Francisco Caro al entrar en su garaje. / D.M.

El primero de los asesinatos lo cometió sobre las cuatro y media de la madrugada del 3 de mayo de 1994 en la calle Rafael Ramis Togores de la Playa de Palma. Rosa María Rodríguez García se dirigía al garaje para ir a trabajar. Un individuo se dirigió hacia ella y le disparó a corta distancia en el pecho con una escopeta de caza. La víctima murió en el acto. Varios vecinos oyeron la detonación, pero no le dieron la mayor importancia. Sobre las seis de la mañana, una vecina que acudió allí a recoger su coche se topó con el cadáver y avisó a la Policía Local de Palma.

La aciaga jornada se prolongó horas después. Sobre las cinco menos diez de la tarde, Nicolás Aparicio Martínez, de 40 años y padre de dos hijos, se encontraba en el segundo piso del número 21 de la Avenida Nacional, a escasos metros del lugar donde murió la otra víctima. Fue asesinado de dos disparos en el pecho. El temor de que cualquier otra persona pudiera resultar acribillada se instaló inmediatamente en el vecindario.

Los investigadores del Grupo de Homicidios de la Policía Nacional llegaron desde el primer momento a la conclusión de que los dos crímenes se habían perpetrado con la misma arma de fuego: una escopeta de caza.

Conmocionados

La familia de la joven azafata asesinada quedó completamente conmocionada por el asesinato de Rosa María Rodríguez García. No se explicaban el móvil del crimen ni qué pudiera haber llevado al asesino a acabar con su vida. La víctima tenía todas sus pertenencias consigo y la hipótesis del robo no se contemplaba en ningún momento. No le quitaron la cartera ni el bolso.

Un niño de seis años se convirtió en testigo del crimen de la azafata. El pequeño se asomó a la ventana y miró a la calle después de escuchar los disparos. Al parecer este vio a una persona que se guardaba un arma de fuego.

Francisco Caro, en el banquillo de la Audiencia de Palma en el juicio por el doble crimen.

Francisco Caro, en el banquillo de la Audiencia de Palma en el juicio por el doble crimen. / MIQUEL MASSUTÍ

El segundo asesinato se perpetró cuando Nicolás Aparicio se encontraba solo en su domicilio. El asesino era amigo de su hijo y llamó a la puerta. Cuando la víctima le abrió, el joven le descerrajó dos tiros con la escopeta de caza, que acabaron con su vida. Su esposa, al parecer, estaba trabajando en la limpieza de un bar y su hijo pequeño se encontraba jugando al fútbol. Cuando llegó el primogénito a casa, se topó con su padre tendido en el suelo. Pidió a gritos que llamaran a la Policía.

La cámara de videovigilancia de una sucursal bancaria captó la imagen del asesino poco después de perpetrar este segundo crimen. Los investigadores del Grupo de Homicidios concluyeron que este joven había matado a Nicolás. De hecho este era amigo del hijo de la víctima y motivó que esta le abriera la puerta del domicilio.

Durante el juicio celebrado al año siguiente en la Audiencia de Palma, el doble asesino solo reconoció su participación en el segundo de los crímenes. Del asesinato de la azafata decía no recordar absolutamente nada y negó haberlo cometido. Ya entonces le había sido diagnosticada la esquizofrenia paranoide que padecía y pidió que fuera ingresado en un psiquiátrico para someterse a tratamiento de su enfermedad.

«Incapaz de dirigir sus actos»

En el transcurso de la vista oral, el dictamen de los médicos forenses que exploraron al presunto autor del doble asesinato de la joven azafata de Air Europa y del padre su amigo determinó que en el momento de perpetrar ambos crímenes se encontraba sumido en un brote psicótico por el que era «incapaz de dirigir sus actos». Entonces escuchaba voces que supuestamente le conminaban a acabar con al vida de estas dos personas. Para ello se sirvió de la escopeta de caza de su padre. Asimismo cinco de estos facultativos instaron a que no fuera recluido.

La sentencia de la Audiencia se sustentó en esta tesis y decretó la absolución de Francisco Caro, al ser inimputable por su enfermedad mental y decretó su ingreso en el psiquiátrico de Fontcalent. Las familias de las víctimas fueron indemnizadas con 120.000 euros (20 millones de pesetas), lo que no aplacó su indignación.

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