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25 años del derrumbe del hotel Tívoli en s’Arenal: «El suelo se abrió y nos tragó a todos»

El 19 de enero de 2001 las cuatro plantas del Tívoli, un antiguo hotel de s’Arenal que estaba siendo reformado, se desplomaron. Hubo dos trabajadores muertos y cuatro heridos graves. La investigación reveló múltiples irregularidades en la obra. Cuatro responsables fueron condenados, pero no llegaron a entrar en prisión.

Xavier Peris

Xavier Peris

Palma

«¡Silencio!». Dos centenares de personas trastabillan sobre las montañas de escombros formando cadenas humanas para sacar los cascotes, mientras los bomberos se asoman a las oquedades. Saben que hay gente atrapada debajo, puede que todavía con vida. «¡Aquí sobra la mitad de la gente!», grita un bombero. La confusión y la descoordinación son palpables. Hace apenas una hora que el edificio de cuatro plantas donde estaba el antiguo hotel Tívoli, en la calle Lisboa de s’Arenal de Llucmajor, que estaba siendo reformado, se ha desplomado completamente. Había veinte obreros trabajando en su interior.

Dos de los heridos reciben las primeras asistencias.

Dos de los heridos reciben las primeras asistencias. / MIQUEL MASSUTÍ

Fue a las doce del mediodía del 19 de enero de 2001. Se acaban de cumplir 25 años de aquel desastre, uno de los peores siniestros laborales de la historia reciente de Balears. Dos trabajadores murieron y cuatro sufrieron graves lesiones. Uno de ellos quedó parapléjico. La investigación de la Guardia Civil reveló una sucesión de irregularidades en las obras, realizadas sin licencia y sin estudiar el estado del edificio. Durante la investigación el propietario, arquitecto y constructor se echaron las culpas unos a otros. Finalmente fueron condenados cuatro de ellos —tres admitieron su culpa y pactaron con la Fiscalía— a un año y nueve meses de prisión. Ninguno llegó a entrar en la cárcel.

«El suelo nos tragó»

«Estábamos trabajando tan tranquilos en el tercer piso, cuando de improviso el suelo se abrió y nos engulló a todos. Fue como si nos tragara la tierra». Ramón Damià, yesero de 47 años, describía así lo ocurrido desde la cama del hospital en el que estaba ingresado al día siguiente del desastre. Fue uno de los afortunados. Tras quedar sepultado en un hueco bajo toneladas de escombros fue rescatado. Tenía golpes en todo el cuerpo, pero ni una sola fractura. Un auténtico milagro.

No todos tuvieron tanta suerte. De la veintena de trabajadores que estaban en el edificio cuando se vino abajo, dos fallecieron en el acto y otros cuatro sufrieron lesiones muy graves. Uno de estos últimos quedó parapléjico.

Sobrepeso

Tras el derrumbe vinieron las tensas horas del rescate de los supervivientes y la recuperación de los dos cadáveres. Y luego una larga investigación que reveló numerosas irregularidades. Ya en su primer informe, los Bombers de Palma detectaron un sobrepeso en los antiguos muros de marés del hotel, que funcionaba desde la década de 1960.

Durante la investigación, el propietario, Josep Forteza Rey, que fue presidente de la Federación Hotelera de Mallorca, intercambió acusaciones con el arquitecto, los técnicos y el constructor.

El juicio se celebró en noviembre de 2009. Se sentaron en el banquillo de los acusados seis personas: el dueño, el constructor, el arquitecto y tres técnicos. La Fiscalía mantuvo que no habían pedido al Ayuntamiento licencia de obra para la parte del hotel que se derrumbó y los trabajos se hicieron sin ningún proyecto de arquitecto y sin tener en cuenta el estado de la estructura del edificio. El fiscal pidió para cada uno de ellos una pena de cinco años y nueve meses de prisión por delitos contra la seguridad de los trabajadores, incumplir la normativa de seguridad laboral, dos homicidios imprudentes, uno de lesiones imprudentes con resultados muy graves y otros tres de lesiones imprudentes. Finalmente fueron condenados el dueño, el constructor, el arquitecto y el aparejador (tres aceptaron su culpabilidad a cambio de una reducción de pena) a un año y nueve meses de cárcel. Ninguno ingresó en prisión.

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