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Historia Criminal

El ‘Doctor Muerte’ envenenó a sus hijos para vengarse de su ex

El médico alemán Rüdiger Peter Oyntzen hizo alarde de una frialdad extrema para envenenar y asesinar a sus dos hijos en Mallorca. Los había traído con él, supuestamente. para pasar unos plácidos días en la isla. Era la forma más cruel que pergeñó para vengarse de su expareja. El macabro exponente de la violencia vicaria

Rüdeger Peter Oyntzen señala con el índice a sus hijos Katharina y Matthias, a los que asesinó en Mallorca

Rüdeger Peter Oyntzen señala con el índice a sus hijos Katharina y Matthias, a los que asesinó en Mallorca / DM

Lorenzo Marina

Lorenzo Marina

Palma

El médico alemán Rüdeger Peter Oyntzen, de 40 años, se encontraba en 1996 en trámites de divorcio de su todavía esposa. El juez le había concedido a ella la guardia y custodia de sus hijos. No obstante, la mujer le permitió en el verano de 1996 a su aún marido que viajara a Mallorca con sus dos hijos: Katharina, de ocho años y Matthias, de seis. Los niños se disponían a pasar un mes de vacaciones en la isla favorita en Alemania. Oyntzen, en cambio, tenía aviesas intenciones. Había planificado un doble asesinato atroz de sus vástagos para vengarse de su exmujer de la forma más cruel y desalmada posible. Lo que actualmente se denomina violencia vicaria, englobada dentro de la violencia machista.

El padre y sus dos hijos se alojaban en la habitación 431 del Hotel Mediterráneo de sa Coma, en el término municipal de Sant Llorenç des Cardassar. El 3 de septiembre de 1996, el radiólogo alemán planificó un escenario tétrico para matar a sus hijos. A la hora de acostarse, a estos les inyectó una dosis letal de tranquilizantes. Los niños querían ir al día siguiente a ver pájaros exóticos y su padre les convenció de que tenían que tomar antes de dormirse unas supuestas vitaminas para prevenir las picaduras de mosquitos. El médico era perfecto sabedor de que administrándole estos fármacos les causaría la muerte.

Al hijo le administró a través de un catéter seis comprimidos de Lendormin. La autopsia determinó que este fármaco, en combinación con los otros medicamentos, le causó un edema pulmonar y la muerte en unos 15 minutos. Mientras que a su hermana le inyectó una dosis un poco mayor y falleció 20 minutos después.

En la puerta de la habitación 431 del hotel de sa Coma había colocado un cartel de «no molestar». Por este motivo, durante tres días nadie del personal de limpieza del establecimiento hotelero se adentró en la estancia. No fue hasta pasados tres días, el 6 de septiembre, cuando una limpiadora abrió la puerta y se topó con el horror. Los dos niños de corta edad yacían muertos en sus camas. Su padre les había colocado una suerte de sudario en la cabeza y una rosa en el pecho sujeta entre sus manos antes de marcharse del lugar y abandonar los cuerpos.

El entonces sargento jefe de la Policía Judicial de la Guardia Civil de Manacor, Tomás Sastre, fue el primero que se adentró en la habitación 431 del hotel Royal Mediterráneo de sa Coma. Desde el establecimiento llamaron alertando del doble crimen.

Sastre se encontraba haciendo unas prácticas de monitor de tiro en el cuartel de Artà cuando fue requerido para que se desplazara con urgencia al hotel de sa Coma. «No sabía que había pasado, solo que se trataba de algo grave», relató años después a Diario de Mallorca, nada más jubilarse.

Durante dos días había permanecido en la puerta el cartel de «no molestar»; al tercero, la empleada de la limpieza se decidió a abrir la puerta y se encontró con la atroz escena. Tras vislumbrar lo ocurrido, salió rápidamente.

Pese al tiempo transcurrido, el ya brigada de la Guardia Civil recordaba con todo lujo de detalles el horrible doble crimen de Katharina y Matthias como si hubiera ocurrido recientemente. «Me quedé bloqueado. Necesité varios minutos allí solo y en silencio para asimilar lo que estaba viendo», rememoró. Oyntzen, por su parte, había amenazado con suicidarse, pero nunca lo llegó a hacer.

Al día siguiente de descubrirse los cadáveres de sus hijos, agentes de la Policía Local de Pollença le encontraron en Formentor. Al parecer, pretendía adentrarse en el mar para acabar con su vida ahogado. Cuando los policías le preguntaron qué hacía allí, se derrumbó y confesó el doble crimen de sus hijos en la habitación del hotel de sa Coma. Acto seguido, los agentes le detuvieron y pusieron estos hechos en conocimiento de la Guardia Civil. Una patrulla acudió para hacerse cargo del facultativo alemán.

Condena de 34 años de prisión

El jurado que juzgó a Rüdeger Peter Oyntzen en la Audiencia de Palma le consideró culpable de haber matado a sus dos hijos. A raíz del veredicto del tribunal popular, la Audiencia de Palma condenó al médico alemán a 34 años de cárcel por dos delitos de asesinato, 17 por cada uno de sus hijos, con la agravante de parentesco y la atenuante de confesión. La sentencia también decretó la inhabilitación de Oyntzen para el ejercicio de la medicina durante el tiempo de la condena. El Tribunal Supremo, por su parte, ratificó la condena de la Audiencia, excepción de este último extremo. Consideró que no procedía su inhabilitación como médico.

El rebautizado como ‘Doctor Muerte’ cumplió buena parte de su condena en el Centro Penitenciario de Palma. Allí permaneció recluido durante 14 años. No obstante, su gran obsesión era que le trasladaran a Alemania para cumplir en su país natal el final de la condena y ya padecía una grave enfermedad. En el año 2011 fue trasladado al penal germano, donde falleció en 2016.

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