Incidente náutico un ferry entre Valencia y Palma | En primera persona

«Siete horas parado desesperan, pero peor están los del incendio»

Los más de 400 viajeros del ‘Abel Matutes’ tuvieron que quedarse parados durante siete horas en alta mar para auxiliar al buque de pasajeros ‘Tenacia’, el cual se había incendiado de madrugada. Un redactor de este diario se encontraba allí dentro y narra las vivencias que sufrieron los pasajeros en su particular odisea 

VÍDEO | Llega a Palma el ferry que auxilió al buque incendiado tras una travesía de 15 horas

Pere Morell

A las 6 de la mañana, los pasajeros del barco ‘Abel Matutes’ empiezan a abrir los ojos tras una fatídica noche sin mucho sueño. El buque está completamente parado, ya debe haber llegado a su destino después de salir a las 22:30 del Port de València en dirección a Palma. Pero es extraño, los megáfonos del ferry no han emitido sus pitidos ultrasónicos para despertar al personal, y al asomarse uno a la ventana no ve a la magnífica Catedral de Palma saludando al amanecer, ni al Passeig Marítim yéndose a dormir, solo al ancho e inmenso mar. Algo anda mal.

Los más de 400 pasajeros del ‘Abel Matutes’ vivieron su particular odisea después de que el ferry tuviera que quedarse parado durante siete horas en alta mar para auxiliar al buque de pasajeros Tenacia, el cual se había incendiado de madrugada. La ley marítima prevé que en caso de incidencia, el barco más cercano tendrá que aguardar por si se tiene que evacuar al pasaje o arrastrar el navío averiado.

«A las tres de la mañana me he levantado, me he dado cuenta de que estábamos parados y al preguntar a la tripulación me han dicho que un buque se había incendiado y teníamos que ayudar», explica Rosa Alcacer. «Ha venido un helicóptero y todo, después de eso no he podido volver a dormir en toda la noche», se lamenta.

Hasta que no se deja ver el sol, los altavoces permanecen callados. Para poder saber por qué el buque ha anclado, tenemos que preguntar directamente a la tripulación.

Vista del barco ‘Tenancia’ junto a una embarcación de Salvamento Marítimo desde el Abel Matutes. | PERE MORELL

Vista del barco ‘Tenancia’ junto a una embarcación de Salvamento Marítimo desde el Abel Matutes. | PERE MORELL / pere morell

Sin embargo, cuando las bocinas empiezan a sonar, el panorama sigue siendo desolador: «No tenemos ninguna indicación de salvamento marítimo, seguimos a la espera» repiten cada media hora los altavoces del buque.

La inopia se apodera de los viajeros y algunas quejas se levantan: «Creo que el responsable de Salvamento Marítimo estaba acostado, se ha despertado a las 8:00 y ha empezado a tomar decisiones ahora mismo», bromea sin bromear José María Cacho.

Cacho se queja de cómo se trata el tema: «Esto es una incompetencia total de la agencia marítima, se debería aplicar el sentido común. No hace falta estar 7 horas para tomar una decisión. Si esto es lo que dicta la ley marítima, es lamentable», señala indignado.

«La situación era muy peligrosa y no hacían nada, me compadezco de los pobres pasajeros del otro buque, que deben haber pasado la mañana más horrible de su vida» sentencia Cacho.

Los mensajes de solidaridad imperan entre los pasajeros: «Es una putada la espera, pero peor están los que esperan en el buque incendiado», explica Amparo Giménez. «Es mucha mala suerte, pero los otros tienen mucha más mala suerte», señala.

La merienda

Y de pronto, llega la gran noticia que levanta los ánimos y los traseros de los pasajeros: «Vengan a la cafetería con su tarjeta de embarque y les daremos gratis una bebida y una pieza de bollería». Muchos ya han desayunado, pero de la panza sale la danza. La cola para obtener un donut y un café es colosal y quedarse sin merienda se convierte en el miedo más grande entre los viajeros.

Sin embargo, esta compensación por parte de la compañía naviera no deja del todo satisfecho a los viajeros: «Hemos estado siete horas parados y solo nos han dado un cruasán y un café», se lamenta María Fabra. «La tripulación nos reclama solidaridad, pero ellos se podrían aplicar el cuento también» sentencia Fabra.

Sobre las 9 de la mañana los altavoces dan la buena nueva: «El barco de salvamento para el buque incendiado está a dos millas». Algunos pasajeros exhalan un suspiro de alivio, pero la gran mayoría retiene el aliento al no saber cuanto es una milla náutica. No es hasta que se les indica a estos viajeros que esta medida corresponde a 1.852 metros, que la celebración en el buque es total.

A las 10:08 el barco arranca los motores en medio de un jolgorio general. Más de siete horas después de haberse parado en alta mar, el buque prosigue su camino hasta Palma. Los padres aplauden, los niños gritan y los más emocionales sueltan algunas lágrimas.

Con el ferry ya en marcha, sale por la televisión la noticia de que 400 pasajeros están atrapados en el buque Tenacia por un incendio. Una mujer se lamenta: «¿Por qué no cuentan nuestra historia? ¿Por qué no hablan de los 400 que estábamos en este barco vigilando?»

El Abel Matutes debía llegar a las 6:00 horas a Palma, acaba atracando en el puerto sobre las 14:00 horas. Más de 15 horas de fatigosa travesía. Ha sido duro para todos, pero los cuentos con narrador siempre tienen un final feliz.

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