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Pisos okupados y empalmes ilegales en Palma: el gran negocio de la marihuana

Mínimo gasto y máximo beneficio. Los narcos de Palma se han volcado en cultivos intensivos de marihuana en el interior de pisos okupados y con enganches ilegales al tendido eléctrico

Un policía examina una gran plantación de marihuana en el interior de un piso. CNP

Mínimos costes, máxima ganancia. Los narcotraficantes han trasladado la receta del éxito empresarial a su negocio y han descubierto que en este aspecto la marihuana no tiene rival. Bastan un montón de semillas que se pueden adquirir por internet o en cualquier tienda grow shop. Añada unos cientos de macetas, tierra y material de jardinería. Luego basta okupar un piso deshabitado, contratar a un «chispas» que te instale una conexión ilegal a la luz, llenarlo de focos y aparatos de ventilación... y a esperar la cosecha. En los últimos años barrios como Son Gotleu o la Soledat se han llenado de plantaciones de interior, lo que ha causado enormes perjuicios a los vecinos, que han visto cómo se ha incrementado la inseguridad, con la proliferación de consumidores y camellos, disputas entre clanes por controlar los pisos vacíos o «vuelcos» (robos de marihuana entre ellos).

Agentes acarrean cajas con marihuana intervenida en Palma.

Agentes acarrean cajas con marihuana intervenida en Palma. BERNARDO ARZAYUS

Las plantaciones de interior en pisos okupados de Palma son uno de los caballos de batalla del Grupo II de Estupefacientes de la Policía Nacional, que tiene integrados a agentes de la Policía Local de Palma. En los últimos meses se han sucedido las operaciones contra los clanes que controlan estos centros de producción de droga. En la última, la operación Vegan, fueron desmanteladas tres grandes centros de producción de droga en pisos de la Soledat, con centenares de plantas.

«Es el escalón más básico en el mundo del narcotráfico», explica un veterano agente de Estupefacientes, «pero ofrece unos beneficios ingentes, y los narcotraficantes se han lanzado en masa a por ello. Todos los clanes de Palma se dedican a la marihuana, y emplean para ello a sus miembros más novatos o más prescindibles».

Decenas de bandas se han sumado a la carrera por okupar pisos y atiborrarlos de macetas. En algunos casos los policías han observado que escalonan las siembras, de manera que pueden tener una cosecha cada tres meses. Siempre listos para abastecer el mercado.

Técnicos revisan un empalme ilegal en una casa donde había un plantación.

Técnicos revisan un empalme ilegal en una casa donde había un plantación. BERNARDO ARZAYUS

En barriadas como Son Gotleu, los tradicionales clanes de españoles se han visto arrinconados por grupos de nigerianos en la venta a los consumidores, así que se han reconvertido en productores, y venden al por mayor a sus antiguos rivales.

El cultivo de la hierba en pisos okupados de Palma tiene más ventajas. Por un lado la cercanía a los puntos de venta de droga, lo que minimiza el riesgo del transporte. Además, son más difíciles de detectar que un cultivo en el exterior.

«Estas plantaciones producen entre cien y trescientas plantas, aunque si el piso es grande pueden albergar hasta quinientas», explica el veterano agente antidroga. Un kilo de marihuana alcanza un precio en el mercado negro de entre 3.000 y 4.000 euros, de manera que una producción masiva les aporta a los clanes ingresos de unos 20.000 euros cada tres meses.

En un piso okupado donde se instala una plantación, todo el espacio disponible se dedica al cultivo, salvo un habitáculo en el que se instala el «cuidador». Esta figura del vigilante es importante, ya que son habituales los robos de plantas, que en el argot de los narcos se conocen como «vuelcos».

Estos «cuidadores» son normalmente drogadictos o personas en exclusión social, y viven muchas veces en condiciones infrahumanas, sin baño ni cocina. Suelen tener armas como bastones o puñales para enfrentarse a los posibles ladrones. En alguna ocasión la Policía les ha llegado a encontrar también armas de fuego.

Los «vuelcos» de droga son otro de los problemas que llevan aparejadas las plantaciones. Al tratarse de robos de sustancias ilegales nunca se denuncian, pero la Policía tiene constancia de que han dado lugar a enfrentamientos violentos entre los clanes implicados.

Los enganches ilegales a la luz son otro de los peligros de estos cultivos. Más allá del delito de defraudación de fluido eléctrico, suponen un elevado riesgo de incendio. Hay auténticos especialistas en estos trabajos, los conocidos como «chispas», que están muy cotizados. Tras las intervenciones la Policía ha encontrado algunos trabajos verdaderamente profesionales, pero también hay casos de chapuzas muy peligrosas. La elevada cantidad de energía que precisan los focos y ventiladores llega a sobrecargar las instalaciones, con frecuentes apagones o incendios.

Los perjuicios a los vecinos de estas fincas no acaban ahí. Cuando la maquinaria de las plantaciones está a tope, las paredes tiemblan y el olor a marihuana se extiende por toda la finca. La afluencia de compradores deteriora todo el entorno y los clanes de narcos llegan a amenazar a los vecinos para evitar que les denuncien a la Policía.

Frente a este fenómeno la Policía trabaja sobre todo en atacar la economía de los narcos. Localizar un centro de producción e intervenir la cosecha les supone un duro varapalo. Sin embargo, no es extraño que vuelvan a instalar otra plantación en un piso apenas pocas semanas después de una intervención policial.

Estas plantaciones de interior se han convertido en uno de los objetivos prioritarios para el Grupo de Estupefacientes de la Policía Nacional. A lo largo de este año se han llevado a cabo una docena de operaciones contra estos centros de producción de droga instalados en pisos de las barriadas de Pere Garau, Foners y Son Gotleu.

La proximidad de los cultivos a los puntos de venta es otra de las ventajas. Los investigadores del Grupo II de Estupefacientes descubrieron que una banda tenía el cultivo en el ático de una finca de Foners, y el punto de venta en el piso de abajo.

Cinco incendios por enganches ilegales este año en Palma

Los apagones no son los únicos problemas que ocasionan los empalmes ilegales a la luz que los narcos utilizan para abastecer de energía las plantaciones indoor. La Policía Nacional tiene constatados cinco graves incendios registrados en Palma a lo largo de este año en estas instalaciones precarias. El año pasado hubo otros dos. En algunos casos, los fuegos han alcanzado grandes proporciones y han dejado las viviendas totalmente destruidas

Los empalmes ilegales permiten a los narcos, además de ahorrarse la factura de la luz, soslayar los posibles controles por un consumo sospechosamente elevado. Los Bombers de Palma se están encontrando cada vez con más frecuencia con fuegos provocados por estos empalmes. La cantidad de energía que precisan estos cultivos es muy elevada, lo que provoca sobrecargas en el cableado que no está adaptado. El plástico que recubre los cables se funde y acaba provocando el incendio.

Dos policías en una vivienda de Palma donde había  cientos de plantas.

Dos policías en una vivienda de Palma donde había cientos de plantas. CNP

Plantas con más índice de THC y mayor toxicidad

La marihuana producida en este tipo de cultivos de interior es muy apreciada entre los consumidores porque suele tener un índice más elevado de THC (tetrahidrocannabinol), el componente psicoactivo de la droga. Si en condiciones normales la marihuana tiene un índice de THC del 15%, los análisis de algunas de las plantas intervenidas en estas plantaciones revelan porcentajes de THC de entre el 30% hasta el 70%. Son bombas de relojería.

Esto implica que se trata de una droga más potente, y al mismo tiempo que tiene una mayor toxicidad. Estas plantaciones se cultivan utilizando una enorme cantidad de fertilizantes químicos, con los que los narcos consiguen acelerar su crecimiento, hasta el extremo de que algunas de los plantas intervenidas por la Policía estaban literalmente quemadas por dentro. 

Este exceso de químicos se traduce en un incremento de los efectos nocivos que tienen sobre el organismo de los consumidores. En contra de la creencia de que se trata de una droga «blanda», esta marihuana es auténtico veneno, que provoca mayor adicción y puede propiciar la aparición de graves trastornos mentales.

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