Se casaba el 15 de agosto de 2019. Estaba ilusionado, feliz. No hubo enlace. Desapareció dos meses antes en Palma. "Habrá cambiado de idea", decían sus conocidos, casi en broma, a quienes preguntaban por él. Said Hourmati, de 33 años y afincado en España desde 2008, había desaparecido el 15 de junio de 2019, al salir de trabajar. La investigación empezó sin mucha determinación, pero giró por completo. Una boda inmediata, la suya, a la que no llegó. Un lío, aventura, con la dueña -casada con otro hombre- de una finca en la que trabajó. Un regalo, un coche, que enfadó al marido, y presuntas amenazas de muerte fueron elementos suficientes para tildar de "inquietante" su desaparición.

Said junto a su familia, meses antes de desaparecer. CASO ABIERTO

"Llevamos tres años sin él". Se llama Bouchra y es su hermana mayor. Afincada en España desde hace 14 años; Said, también marroquí, vivía en Palma de Mallorca junto a ella. Iba y venía, según el trabajo, pero pasaba -desde 2008- largas temporadas aquí. Junto a CASO ABIERTO, portal de sucesos e investigación de Prensa Ibérica, Bouchra retrocede tres años atrás. Se instala en aquel día, 15 de junio de 2019. El día en que se fundió todo en negro. El día en que Said dejaría de estar.

"Era sábado, pero ese día trabajaba", recuerda Bouchra. Said, aunque era cocinero, había trabajado en varios oficios en nuestro país. Durante tres años lo hizo en una finca, alimentando al ganado, recogiendo almendra y cuidando a una señora mayor. Desde mayo de 2019 ejercía de albañil. "Cuando termina, su jefe, como siempre, lo deja más o menos cerca de casa. Said no tiene coche, él lo recoge y lo deja de vuelta. Lo hacían siempre así", reconstruye su hermana. En el reloj marcan las 18:30 horas. "Voy a esperar a mi hermana en el bar, todavía no está en casa. Nos vemos el lunes". La furgoneta de su encargado siguió su marcha. "Said no llega nunca a casa", lamenta Bouchra. "No lo vimos más".

El teléfono se apaga

"Él no tenía llaves y era yo la que le abría", recuerda la mujer. Hablaban a diario y a la misma hora. Ese día no lo hizo. "Me extrañó". Intentó contactar con él, "a las ocho, a las nueve...". Lo intuyó de marcha, aunque con dudas. "Said venía sucio, con las botas de albañil, con el pelo... ¿Cómo iba a salir sin ducharse ni cambiarse? Con una mochila, un táper, su termo de té...". Siguió intentándolo. Su teléfono daba señal, pero su hermano no contestaba. Por la noche el móvil de Said se apagó, no se volvió a encender.

"Habrá cambiado de opinión"

"El domingo fui a denunciar", recuerda su hermana. No lo consiguió. "Me dijeron que tenía que esperar". Bouchra intentó explicar a los agentes que no era habitual. Les habló de su hermano. Les habló de su boda, casi inminente, "se casaba en un mes".

Nada tumbaba la escena de la marcha voluntaria, "¿Boda? ¿y si ha cambiado de opinión?, me decían". El lunes formalizó la denuncia. Pero los agentes no encontraban indicios de que hubiera una acción criminal.

Concentración por Said; foto compartida en los carteles de alerta por su desaparición. CASO ABIERTO

Su pasaporte en el salón

Said no aparecía, no llamaba, no había nada que llevara a él. Su familia seguía intentado localizarlo. Sin éxito. Llegó agosto, un mes crucial. "El día 15 era su boda". Todo estaba preparado en Rabat (Marruecos). Su prometida tampoco tenía noticias. "Hablaban todos los días por Whatsapp, por cámara... y desde ese día no hablaron más". La policía dibujó la posibilidad del novio a la fuga. "Él había enviado 600 euros antes de desaparecer para comprar un dormitorio". No parecía tener intenciones de irse. "Me dijeron que quizá estaba en otro país".

A finales de agosto, mientras Bouchra limpiaba el polvo, encontró el pasaporte de su hermano en una carpeta, en el salón. "Al ver el pasaporte lo tuve claro: no había podido viajar. Estaba segura de que mi hermano ya no estaba. Lo habían hecho desaparecer".

La señora de la casa

Bouchra amplió la denuncia. Contó lo del pasaporte. Aportó más. Durante meses su familia trató de reconstruir sus pasos, su entorno, su vida. Descubrieron amenazas, racismo y una infidelidad. Años atrás, Said, que todavía no estaba con su pareja, habría tenido una relación secreta con la mujer que entonces era su jefa. La dueña de la finca en la que recogía la almendra, cuidaba el ganado e, incluso, a la madre de la mujer. La señora que, con el paso del tiempo, se había ganado un hueco en toda la familia del marroquí. Said ya no trabajaba con ellos, dejó el empleo antes de marcharse a Marruecos por una temporada larga, pero seguían teniendo relación.

"Cuando mi hermano empezó en la finca nos hicimos amigas". Le encantaba Marruecos, "nuestra cultura" y sentía devoción por Said. "Nos contábamos todo". La aventura con su hermano la escondió.

Al descubierto

Los días pasan, Said no está. Bouchra y el resto de familia ponen carteles del hombre en todas las zonas que solía frecuentar. "Necesitábamos que alguien nos llevara a él". Todos en su entorno coinciden: Said y la señora tuvieron algo, la infidelidad fue descubierta. Se enteró el marido, no lo toleró. Un regalo, un Mercedes de gran cilindrada que durante años estuvo a nombre de ella, que la mujer le hizo a Said terminó por dinamitar todo. Discutieron por ello, según recoge la investigación.

"Al parecer lo sabía mucha gente. Yo de todo me entero después". Said dejó la finca y voló a Marruecos en 2018. Lo disfrazó de vuelta a casa, como muchas otras veces, se iba por un tiempo. "Luego he sabido que en realidad tuvo que huir". Cambió de teléfono, de vida. Conoció a una chica marroquí y se prometió. "Volvió en mayo de 2019 para trabajar de albañil, para conseguir dinero, en junio desapareció".

"Moro de mierda, vete de aquí"

"Said vive episodios de amenazas". Son varias las escenas, presuntas, pero una es sonada, aparece reflejada en la investigación. El desaparecido fue a hacer "una chapuza" a la finca, ya que el marido no iba a estar. Pero el hombre finalmente apareció con una escopeta y, siempre según la versión que contó a su entorno el propio desaparecido, juró por sus hijos que tarde o temprano lo mataría. Le insultó, le gritó: "moro de mierda, para mí no vales nada, soy mallorquín y estas son mis tierras. ¡Contaré hasta 5 y si no sales te mato!".

Said Hourmati puso tierra de por medio. Cambió de número de teléfono en dos ocasiones, pero, según el círculo del joven, ella aparecía en las zonas que frecuentaba. "Dicen que lo buscaba, lo seguía...". El Mercedes de gran cilindrada lo tuvo que vender.

Said junto a su sobrina en España, antes de desaparecer. CASO ABIERTO

Se vieron antes de desaparecer

El caso pasó al grupo de Homicidios de la Policía Nacional: hay indicios suficientes para contemplar la posibilidad de "desaparición inquietante", afirmaron los agentes. Se solicitó la geolocalización del móvil del desaparecido y el registro del día en qué desapareció. Se confirmó un intercambio de llamadas entre Said y la dueña de la finca, desde las 20:39 horas hasta las 22:52 horas. Luego varias llamadas perdidas de ella. A Said se le gastó la batería mientras hablaba con la mujer.

Según las pesquisas, Said tuvo un encontronazo con el marido de su amante, que llegó a amenazarle con una escopeta: "¡Contaré hasta 5 y si no sales te mato!"

El matrimonio declaró, nunca como investigado, siempre como testigo, en sede policial. Ella confesó que habían hablado esa noche. Afirmó que Said le dijo que se iba a Felanitx (Mallorca) con unos amigos, que estaba borracho. "No hay trenes y Said no tiene coche, alguien le tendría que llevar, ¿no?", lamenta Bouchra.

La mujer, ante los agentes, confirmó que durante años había mantenido con Said una relación sexual, nada serio. Y dio un detalle más, desde su llegada a España en mayo, se habían visto una vez. Fue en la residencia donde estaba su madre, que durante años cuidó Said. Se hicieron una foto, la enseñó.

Su marido negó las amenazas, omitió escenas racistas -varios trabajadores afirman que se refiere a los empleados como "moros de mierda"- y negó conocer la aventura de su mujer. Contradicciones y silencios que aportaron poco. El caso fue archivado. "Nos dijeron que no había por donde tirar".

Recibieron un mensaje bizarro de la familia de los dueños de la finca: un espíritu les contó cómo y cuándo murió Said

Manta con sangre

El cerrojazo judicial no frenó a la familia. Batieron, buscaron y pegaron carteles. Recibieron un mensaje, algo bizarro, de la familia de los dueños de la finca. Un espíritu, en sueños, le había contado cómo y cuándo mataron a Said. Le dijeron dónde: Cala Pi. "Sabía que era una historia, pero durante 15 días con nuestras manos batimos la zona. Desenterramos huesos de perro y encontramos una manta con algo que parecía sangre". No estaba Said.

Said, en diferentes fotos que forman parte de su álbum familiar. CASO ABIERTO

Fin de la investigación

"Si aparece algo nuevo buscamos, me dicen los agentes. No se puede hacer más". Bouchra recurrió a la Asociación 'Metro a Metro'. Iciar Iriondo, letrada y criminóloga, se convirtió en su abogada, ejerció la acusación particular. Solicitó nuevas declaraciones de personas cercanas a Said, cercanas al matrimonio, y la ampliación de la declaración del marido, pues obvió detalles importantes. Fueron desestimadas. "Nos encontramos ante una desaparición involuntaria o con indicios criminales en la que, una vez más, damos con una investigación incompleta así como con un sistema judicial que dificulta su continuidad". Mientras tanto, los días pasan. Trabajador, "algo consentido", buena persona... Said no está.

Si tienen alguna información puede contactar con metroametro@metroametro.org.