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¿Marihuana o cáñamo industrial?

La defensa de dos detenidos por una gran plantación intervenida en Sant Jordi esgrime su bajo principio activo y que habían informado a la Conselleria - La Policía lo considera una argucia legal de las organizaciones de narcos

La Policía, durante el traslado de los cientos de kilos de cogollos intervenidos en Sant Jordi. | GUILLEM BOSCH

Son la misma planta, la cannabis sativa. La diferencia entre el cáñamo y la marihuana viene dada fundamentalmente por el uso que se le da. El primero se destina sobre todo a la producción de fibras textiles a partir de los tallos, los cogollos de la segunda se consumen como estupefaciente. El cáñamo se comercializa a unos veinte céntimos el kilo, el kilo de marihuana alcanza los 3.000 euros en el mercado negro. El cultivo del cáñamo es legal aunque está regulado, mientras que por una plantación de marihuana te pueden caer hasta tres años de cárcel. Unas pequeñas diferencias a las que se aferran los dos ciudadanos búlgaros que fueron detenidos a finales de septiembre por la Policía Nacional, en una operación en la que fue desmantelada una gran plantación en Sant Jordi, y que se saldó con la intervención de cerca de 700 kilos de cogollos. Su defensa mantiene que se trataba de cáñamo y ha aportado un análisis de laboratorio para demostrar que su principio activo, el THC (tetrahidrocannabinol) es inferior al 0,2%. La Policía está convencida de que se trata de una argucia legal y que se trata de una organización internacional de narcotraficantes.

Los agentes del Grupo II de Estupefacientes irrumpieron el pasado 25 de septiembre en la plantación, en una finca rústica de Sant Jordi, donde había plantas de cannabis sativa y un gran invernadero de plástico. Intervinieron 156 kilos de cogollos en bolsas y otros 539 en ramas, así como 75 plantas. Arrestaron a dos búlgaros, presuntos responsables del cultivo.

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En su declaración en el juzgado, los dos mantuvieron que se trataba de una plantación de cáñamo industrial de la que habían informado tanto a la Conselleria de Agricultura como a la Policía. Sin embargo, admitieron que no habían acordado la venta de la producción a ninguna empresa y que no tenían conocimiento de que estos cultivos en España no pueden alcanzar la fase de cogollo. La jueza decretó prisión provisional para los dos.

Los dos están representados por el abogado Bernardo Soriano, de un bufete madrileño especializado en casos relacionados con el cannabis. El letrado presentó un recurso contra la prisión de sus defendidos. Entregó al juzgado el resultado de un análisis de laboratorio de una planta recogida en la finca de Sant Jordi en presencia de un notario, que indica que la presencia de THC era muy inferior al 0,2%, el límite que la normativa europea marca para considerarlo sustancia estupefaciente, así como declaraciones remitidas a la Conselleria de Agricultura y a la misma Policía en 2020 y 2021, anunciando su intención de poner en marcha un cultivo de cáñamo. «No era un cultivo clandestino de marihuana, sino un cultivo de cáñamo industrial certificado», afirma Soriano. «El cáñamo incautado no es psicoactivo y no puede dañar la salud pública».

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La jueza estimó el recurso del letrado y dejó en libertad provisional a los dos ciudadanos búlgaros, aunque deberán presentarse cada quince días en las dependencias judiciales.

Pero la cosa no está tan clara. Fuentes policiales consideran que esta confusión entre marihuana y cáñamo obedece a una estrategia puesta en marcha por organizaciones internacionales de narcotraficantes para burlar la ley. Afirman que la mecánica se repite: informan a la conselleria de que van a cultivar cáñamo, hacen una declaración responsable y cultivan una variedad con bajo porcentaje de THC. «Pero los cogollos de esas plantas mantienen el CBD (cannabidiol), otro de los componentes de la marihuana. Se trata de una variedad más suave, pero muy apreciada en el mercado negro de países como Alemania. También la usan para mezclarla con otras variedades más fuertes. Es una práctica habitual de organizaciones internacionales de narcotraficantes que se aprovechan de los resquicios legales del sistema», apunta un veterano agente antidroga.

El letrado Bernardo Soriano mantiene que el CBD no está fiscalizado y no se le puede considerar una sustancia estupefaciente.

Desde la Conselleria de Agricultura del Govern confirman que cada año reciben tres o cuatro comunicaciones de plantaciones de cáñamo en la isla.

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