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Juicios

Pena mínima para el menor que ayudó a matar a su padrastro discapacitado en Valencia

La Audiencia ratifica los dos años de internamiento por auxilio al suicidio en el crimen de Godelleta, aunque matiza que el joven actuaba bajo "la creencia errónea" de que su madre cumplía la voluntad de su marido

El joven condenado como cómplice de auxilio al suicidio.

Apenas dos años de internamiento —18 meses efectivos y seis de libertad vigilada—, esa es la pena mínima impuesta por un juzgado de menores y ratificada ahora por la Audiencia Provincial de Valencia para el joven que ayudó a su madre a matar a su padrastro, con una enfermedad hereditaria degenerativa, asfixiándolo con los cordones de las zapatillas para posteriormente enterrarlo en una fosa de una finca de Godelleta. Pese a que en los hechos probados se evidencia una "actitud cruel, reiterada y persistente del menor", como se remarca en el recurso interpuesto por la Fiscalía y la acusación particular, se le condena únicamente como cómplice de un delito de auxilio al suicidio.

Aunque la sentencia de la Sección Quinta de la Audiencia de Valencia puntualiza que "no ha quedado acreditado que Isaac Guillén — policía local de Catarroja jubilado y sin movilidad por la ataxia cerebelosa que sufría — manifestara expresamente que quería quitarse la vida", de la prueba practicada se desprende que el menor actuaba en la "creencia errónea" de que su madre estaba cumpliendo la voluntad de su padrastro.

Este aspecto, que ya introducía el fallo del Juzgado de Menores número uno de Valencia pero en el que incide y matiza con la palabra "errónea" ahora la Audiencia, deja abierta la puerta al jurado popular encargado de juzgar a la madre para que se pronuncie en un futuro sobre si se trató de un cruel asesinato por cuestiones económicas o un auxilio al suicido, como sostiene la defensa de la viuda negra de Godelleta.

Asimismo, el ponente recuerda que cada proceso tiene su propia prueba y lo resuelto por la jurisdicción de menores no puede ser vinculante en otro proceso diferente en adultos, aunque se aborden unos mismos hechos. Incluso introduce una cuestión sobre la instrucción paralela de las causas que ya ha sido abordada en varias memorias de la Fiscalía General del Estado. "A nuestro juicio la separación en el enjuiciamiento de mayores y menores de edad involucrados en los mismos hechos provoca graves disfunciones", explica sobre la posibilidad de que unos hechos probados sean opuestos en una y otra jurisdicción.

El crimen se produjo el 1 de diciembre de 2019 cuando Beatriu F. C. y su hijo, que ahora tiene 18 años, llevaron a la pareja de ella, de 45 años y en silla de ruedas por la grave enfermedad degenerativa que padecía, hasta el aparcamiento de un centro comercial de Xirivella. Una vez allí le dieron a la víctima una pastilla para que se durmiera, como así ha quedado probado. El joven condenado avisó a su madre cuando éste se durmió y se marcharon a casa de una amiga y de una prima, a quienes entregaron sus teléfonos móviles y el de Isaac para que la policía no pudiera trazar su recorrido en una posterior investigación.

La Audiencia también rechaza el recurso por el que solicitaba que se considerara al menor como cooperador necesario, y no solo como cómplice, al entender que realizó "simples actos de ayuda sin participación en la decisión ni en el dominio final del hecho". No obstante, recuerda que participó de forma activa colocando la alcachofa a la bombona de butano con la que pretendían asfixiarlo dentro del coche, mientras su madre cerraba las ventanillas del vehículo. Al comprobar que su marido no se moría, ésta le pidió que le entregara los cordones de las zapatillas, como así hizo.

No hay una petición expresa

La mujer, "persona que idea todo el plan, ejecuta el hecho típico antijurídico y tiene el dominio del hecho", según refleja la propia sentencia de menores, situada desde el asiento de detrás "le colocó los cordones alrededor del cuello y apretó hasta que éste falleció por asfixia mecánica". El menor ayudó a tirar el cadáver a la fosa séptica, que previamente había mandado cavar su madre a un tercero que desconocía sus fines.

Como consecuencia de la ataxia cerebelosa que padecía, la víctima sufría fuertes dolores y estaba incapacitado para cualquier tarea básica de la vida diaria. Asimismo, si bien es cierto que numerosos testigos confirmaron que Isaac "se había planteado la muerte como una posibilidad real y seria", llegando incluso a pedir presupuesto a un centro que presta auxilio a la muerte, no consta una "petición seria, expresa e inequívoca de la víctima", como requiere el delito de auxilio al suicidio.

La forma en la que lo mataron y frases del menor condenado extraídas de una libreta hallada en el registro domiciliario, como "mi padrastro es un puto gilipollas de mierda, ..., no sabría hasta donde pueden llegar mis límites", distan mucho de lo que podría ser una muerte por compasión a su sufrimiento.

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