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Cuatro condenados por la estafa piramidal de 11 millones de euros de Prestamitos urdida en Palma

La Audiencia Nacional les impone penas de entre dos y tres años de cárcel

Un local de Prestamitos en la calle Sindicat, en Palma, en una imagen de archivo. | M.F.

Un local de Prestamitos en la calle Sindicat, en Palma, en una imagen de archivo. | M.F.

La Audiencia Nacional ha condenado a cuatro personas a penas de entre dos y tres años de cárcel por una estafa piramidal de casi 11 millones de euros, urdida en Palma y con cientos de afectados en toda España. A través de Prestamitos, con oficinas en varias ciudades, ofrecían a los inversores intereses desorbitados de hasta el 25 por ciento mensual. El sistema acabó colapsando en el año 2009 y dejó a muchos clientes sin poder recuperar el dinero depositado.

Los procesados, entre ellos el creador del entramado empresarial, Gabriel F.T., reconocieron los hechos en una vista celebrada la semana pasada en la Audiencia Nacional tras alcanzar un acuerdo con la fiscalía. Todos se declararon autores de un delito continuado-masa de estafa, con las atenuantes de reconocimiento tardío y dilaciones indebidas. El cabecilla, considerado autor, acató una pena de tres años de prisión y una multa de 2.400 euros como autor, mientras los otros tres implicados aceptaron dos años de prisión y 1.440 euros de multa en calidad de cooperadores necesarios. El acuerdo contó con el beneplácito de los abogados de los perjudicados, entre ellos Francisco Damián Vázquez, que ejercían la acusación particular. Los condenados deberán devolver 10,7 millones de euros a los perjudicados.

La sentencia considera probado que Gabriel F.T., ex empleado de banca, ideó hacia el año 2005 un entramado societario con sede en Palma, el grupo Es Dinero, del que formaban parte Prestamitos y otras marcas. Su principal actividad era la captación de fondos e inversiones por las que ofrecían rentabilidad muy superiores a las de los bancos, en algunos casos de hasta el 25 por ciento mensual. El fallo señala que llevaron a cabo una «puesta en escena para dar una falsa sensación de solvencia y seguridad», con la apertura de numerosos establecimientos abiertos al público en Palma, Madrid, Valencia, Cádiz, Málaga y Alicante, entre otras ciudades, y anuncios en periódicos de tirada nacional. Lograron captar así a miles de inversores, uno de los cuales llegó a depositar 1,6 millones de euros.

El mecanismo del fraude era el típico de las estafas piramidales: con el dinero que aportaban los nuevos inversores iban pagando los intereses prometidos a los antiguos. En 2009, el sistema colapso al menguar el volumen de la captación de clientes. Dejaron de poder pagar los intereses prometidos y, desconfiando de la empresa, gran parte de los inversores solicitaron recuperar su dinero. Pero ya no había liquidez. La Policía arrestó a los acusados en abril de 2010. El cabecilla estuvo algo menos de un año en prisión preventiva.

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