La fiscalía mantiene sus graves acusaciones contra el ex profesor del colegio San Alfonso Maria de Ligorio de Palma, para quien reclama 20 años de cárcel por abusos sexuales a ocho alumnas. El ministerio público ha sostenido, en la última sesión del juicio, que el hombre manoseó a las menores, que tenían entre 12 y 17 años, por dentro de la ropa con clara intención sexual. "Convirtió el colegio, un espacio que debía ser seguro, en un entorno incómodo y de malestar". El abogado defensor, por su parte, consideró que no hay evidencias de que el docente actuara con ánimo libidinoso: "Su comportamiento fue inadecuado, pero no delictivo", ha resumido al pedir su absolución. El acusado, en su turno de la última palabra, ha insistido en que los tocamientos fueron "gestos amistosos y de confianza".

Dos técnicas de la Unidad de Valoración de Abuso Sexual Infantil (UVASI) del Consell de Mallorca, que se entrevistaron con tres de las víctimas, afirmaron que sus relatos eran "creíbles" y que no detectaron "inventos ni exageraciones" en sus declaraciones. Las especialistas explicaron que una de ellas fue derivada a terapia, pero las otras dos no mostraban una afectación especial. Respecto al resto de denunciantes explicaron que no pudieron valorarlas porque no acudieron a las citas alegando diversas cuestiones.

Dos profesoras del colegio incidieron en que en el centro eran habituales las muestras de "cariño" con los alumnos, ya que muchos tenían carencias afectivas porque procedían de familias desestructuradas. Algunos compañeros del acusado recordaron un incidente ocurrido en 2015, en el que una alumna denunció internamente un posible caso de acoso por parte del profesor ahora acusado, pero el asunto no fue a más.

La fiscal retiró su acusación respecto a dos de las menores denunciantes: una no ha sido localizada y la otra dijo en el juicio no haber sufrido tocamientos. Respecto a las otras ocho víctimas, mantiene que sus relatos evidencian que fueron víctimas de abusos sexuales por parte del docente. Señaló que todas coinciden en señalar cómo les metía la mano por dentro de la camiseta y les tocaba el cuello, el hombro y la espalda, o les acariciaba los muslos. La fiscal destacó la declaración de una chica a la que, según su versión, el hombre llevó a la sala de profesores y le dijo que quería tener sexo con ella, y otro día le manoseó los pechos en un supermercado. La acusación sostuvo que han quedado acreditados tanto los tocamientos como su intención sexual. Rechazó la versión del procesado acerca que eran simples gestos de afecto: "Si fuera así, debería haber tocado también a los niños, pero no, solo tocaba a las niñas". En su alegato afirmó que el acusado "abusó de su papel como docente y les hizo creer que esos comportamientos eran normales, muestras de cariño y afecto". "Convirtió el colegio en un entorno incómodo", sentenció. A su juicio, los hechos constituyen ocho delitos de abuso sexual por los que reclama en total una condena de 20 años de cárcel y 600 euros de indemnización para cada víctima.

Sin embargo, presentó una calificación alternativa para el caso de que el tribunal considere que no está probado el ánimo sexual. En este caso, la fiscalía considera que el hombre debe ser condenado a ocho años de cárcel por delitos contra la integridad moral, por someter a las alumnas a una "situación degradante y de intranquilidad".

Las abogadas del Institut Mallorquí d'Afers Socials (IMAS) y de la orden religiosa a la que pertenece el colegio se adhirieron a las conclusiones de la fiscal.

El abogado defensor, Carlos Portalo, mantuvo su petición de que se absuelva al profesor. El letrado expuso que existen muchas dudas sobre la intencionalidad de los tocamientos y señaló que no eran más que "gestos de apoyo, de afecto y cariño". Portalo consideró que el hecho de que las alumnas se mostraran incómodas puede responder a una "interpretación errónea" y que los tocamientos que narran "no eran en zonas erógenas, sino en la espalda, el cuello, las caderas y la cintura". Así, consideró que el comportamiento del profesor pudo ser "inadecuado, pero no delictivo", y puso en duda la credibilidad del relato de una de las víctimas. "No merece una pena de prisión", sentenció.

El acusado, por su parte, volvió a proclamar su inocencia al hacer uso de su derecho a la última palabra: "Sigo ratificando que nunca he tocado por debajo de la ropa. Siempre eran gestos amistosos y de confianza". El caso quedó visto para sentencia.